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9-S: Presentación de la pareja Vargas Llosa-Preysler

Porcelanosa inaugurará en el corazón de Manhattan un edificio rehabilitado por el arquitecto Norman Foster. Entre rascacielos y «celebrities», los novios darán un nuevo paso

Porcelanosa inaugurará en el corazón de Manhattan un edificio rehabilitado por el arquitecto Norman Foster. Entre rascacielos y «celebrities», los novios darán un nuevo paso.

Setecientos invitados, quintaesencia mundial, admirarán y repasarán de arriba abajo a los asistentes VIP de la inauguración del año. La cita será el 9 de septiembre, en la intersección de Broadway y la Quinta Avenida, junto al Madison Square Park y frente al Flatiron. Allí, Manuel Colonques inaugurará el nuevo edificio de Porcelanosa en la Gran Manzana, firmado por el arquitecto Norman Foster. Un día que marcará los calendarios de la «high class» con el aliciente de ser la presentación americana en plan tórrido de Mario Vargas Llosa y nuestra exquisita Isabel Preysler, quienes, si bien harán sus escapadas en agosto, la pista de lanzamiento y proyección de su romance se hará bajo unos rascacielos que embellecen, igual que ella, «nuestro mejores sueños».

En algunos casos, los asistentes al ágape observarán atentos e intentarán verificar si la española Alejandra Silva es tan impactante como para enamorar al dificilísimo y siempre en las nubes «oficial y caballero» Richard Gere, aunque hasta en él se constata que el tiempo es implacable. Pero mantiene apostura y seguramente competirá con Vargas Llosa, el nobel hispano-peruano. Chocó la ausencia de este último en la cena de gala que la Casa Real organizó al presidente peruano, Ollanta Humala Tasso, el 7 de julio. Fue una esquiva maniobra diplomática para no introducir el mediático amorío con la Preysler en el convite oficial. Sarah Jessica Parker, un símbolo más de Nueva York como en otros tiempos lo fue la lírica Beverly Sills y la elegante Diana Vreeland, e Irina Shayk se sumarán al apetitoso paquete de estrellas, que hará las delicias de los neoyorquinos.

Preysler irá un año más «alicatada hasta el techo» para patrocinar la internacional firma castellana, de la que ya es imagen perenne. Parece tan resistente como sus baldosas de Villareal, ciudad que hace un par de años aglutinó personalidades en el casorio de la hija y heredera de Colonques, María. Asistieron al enlace desde Cayetana Alba (una de sus últimas apariciones) a «lo más» de nuestro graderío de «socialitès». No faltará José María Manzanares, que a primeros de septiembre en vísperas de la apertura neoyorquina, formará un insólito cuarteto en «La Rondeña»: lo completará Morante de la Puebla (de enorme tirón; nunca se sabé qué pasará con él, como ya ocurría con el mítico Curro Romero) y los hermanos Rivera Ordóñez, que andan «à la recherche» de la gloria y de un impacto torero perdido, aunque nunca fueron muy allá, más protagonistas por sus historias sentimentales que por los rabos obtenidos. Tarde y mal, eso dicen ante una doble «rentrée», quizá innecesaria pero que aumenta los atractivos que siempre hay en la atestada «Rondeña», creada por su abuelo don Antonio. Él sí fue un purista de la maltratada Fiesta Nacional.

Colonques también tiene algo de purista al elaborar este tipo de reclamos mediáticos, como el de esos cinco pisos del edificio situado en lo mejorcito de Broadway. Foster lo ha modernizado sin quitarle el aire añejo, algo que ya hizo antes Isak Andic cuando hace años se quedó el único edificio con fachada de hierro forjado que existe en el bajo Broadway. Un monumento histórico, edificio más que singular y relevante en los catálogos de la ciudad. También lo será esta fiesta, que pasará a formar parte de los anales de la Prensa rosa, una buena ocasión para comprobar también cuán fuertes son los lazos entre Gere y la medio gallega Alejandra. Han estado alejados durante las últimas semanas por las obligaciones de la estupenda y cálida rubia, que sufre trabas en su multimillonario divorcio con el hotelero italiano Govind Friedland, padre de su niño de tres años, Albertiño. A ella la peina quien intenta conservar mi cabellera, María Angeles Cáceres, jefa de la peluquería que Moncho Moreno tiene en Lagasca. Allí oí hace poco, entre ruidos de secadores y desde algún sillón vecino, algo que me dejó de cartón piedra: «Nieves Álvarez está encantada de quitarse a Mario de encima; parece otra mujer».