Begoña Gómez, la mujer de Pedro Sánchez, vestida para no ganar

La mujer de Pedro Sánchez tiene carácter, segura de sí misma, aparentemente a la sombra de su marido, Pedro Sánchez, pero en realidad, un apoyo fundamental en la trayectoria política del socialista.

Begoña Gómez  a su salida del debate de investidura de Pedro Sánchez
Begoña Gómez a su salida del debate de investidura de Pedro Sánchez

La mujer de Pedro Sánchez tiene carácter, segura de sí misma, aparentemente a la sombra de su marido, Pedro Sánchez, pero en realidad, un apoyo fundamental en la trayectoria política del socialista.

Hay quien la compara con Michelle Obama por su implicación en la vida política de su marido y por su actitud segura de sí misma. Desde su primera aparición pública en el acto de elección de Pedro Sánchez como candidato del PSOE a la Moncloa, éstas son cada vez más esperadas y cotizadas. Sus estilismos, aunque sencillos, suelen ser elegantes. En aquella ocasión deslumbró a todos con su melena rubia suelta y un vestido rojo. Una opción con la que evidenciaba que no quería pasar desapercibida ni estar en un segundo plano. El rojo denota seguridad, autoconfianza y éxito. Y ése era el mensaje que había que transmitir.

Una imagen muy distinta a la que dio el pasado martes, cuando acudió al Congreso de los Diputados para seguir el debate de investidura del dirigente socialista. La «no» aspirante a primera dama no eligió su «outfit» más favorecedor ni tampoco el más atrevido.

¿Qué falló ese día? ¿Buscaba pasar desapercibida ? En general, no acertó. Las prendas elegidas no eran las más adecuadas, no para ese acto, en concreto, sino para ninguno en general. A Begoña Gómez le gustan las cazadoras de cuero –tiene varias, en distintos colores y diferentes patrones–; sin embargo, el modelo elegido esa tarde está completamente demodé. Las «bikers» de piel se llevan y aportan un toque atrevido y rockero a un sencillo vestido como el que ella llevaba, pero la tendencia marca el corte a la cintura, entalladas y con cuello redondo o bien estilo «perfecto», con solapas. Fallaba sobre todo el corte, demasiado amplio, y el cuello, masculino, que le daba un aspecto fuera de temporada.

El color del vestido, verde bosque, tampoco le favorecía: apagaba su tez sin apenas maquillaje, una costumbre en la mujer del líder socialista, que ni siquiera utilizó su clásico lipstick rojo, como hace habitualmente. Un modelo con vuelo en la falda, como el que lucía, favorece más con el corte por debajo de la rodilla. No ocurre lo mismo con un traje recto, que debe llevarse por encima. Un ejemplo a seguir sería la Reina Letizia.

Por otro lado, las medias transparentes negras están completamente descatalogadas este invierno. Unas «cristal» o muy tupidas hubieran sido perfectas. El «shopper bag» no es una mala opción para un look de trabajo, pero la ocasión requería mejor un bolso de mano con cadena, como, por ejemplo, el que lució en la Mercedes-Benz Fashion Week, durante el desfile de Ailanto.

Los zapatos de salón y tacón alto negro acharolados, que ya utilizó en otras ocasiones, restaban elegancia al conjunto. Al llevar dos piezas en cuero negro –bolso y cazadora–, el charol destaca demasiado. Mejor opción: unos en piel mate.

En cuanto al peinado, la mujer de Sánchez no suele arriesgar: siempre la hemos visto con él suelto. En esta ocasión las ondas demasiado marcadas y anchas resultaban exageradas y le restaban naturalidad.

Firme y decidida

Quizá, consciente de que sus probabilidades de ser la nueva inquilina de Moncloa están cada vez más lejos, quería que su estilismo pasara desapercibido en la tribuna de invitados, a la que acudió junto a sus suegros Pedro Sánchez y Magdalena Pérez-Castejón. Desde allí siguió muy atenta la intervención de su marido, con gesto serio y solamente aplaudiendo cuando la bancada socialista lo hacía. A la salida, en cambio, junto a Sánchez, dio muestras una vez más de su carácter extrovertido y de ser firme y decidida. Su presencia ese día en la Carrera de San Jerónimo refuerza la idea de que se trata de un apoyo fundamental para la trayectoria política de su marido y de que su papel va más allá del de «mujer florero». No rehúye las cámaras, al contrario, ni tiene ningún problema en dirigirse a los periodistas –con alguno incluso bromeó abiertamente–, aunque sea reacia a conceder entrevistas personales.