Chenoa: Cómo rozar el rizo de la venganza

La cantante afirma que es amiga de casi todos sus numerosos ex pero cuesta creerla tras esta mirada hacia atrás con tanta ira. Su reciente libro «Defectos perfectos», mejor se debería haber titulado «Ajuste de cuentas»

Hasta diez parejas se le contabilizan a la artista, la mayoría «rotos para descosidos»
Hasta diez parejas se le contabilizan a la artista, la mayoría «rotos para descosidos»

La cantante afirma que es amiga de casi todos sus numerosos ex pero cuesta creerla tras esta mirada hacia atrás con tanta ira. Su reciente libro «Defectos perfectos», mejor se debería haber titulado «Ajuste de cuentas».

Ha sido curioso, chocante, casi lógico, pero traumático, el cambio de gustos de la sociedad española, sus preferencias se han vuelto del revés. Y no defenderé que hayamos ido a mejor. Antes las portadas principales eran para la realeza y adláteres o bien seguían las veleidades, éxitos y caprichos de Massiel o Karina y a mayor nivel los de Sara Montiel, siempre eterna, o el gracejo de Carmen Sevilla, que hoy está bien cuidada pero perdida en su mundo donde apenas recuerda. Es la única superviviente de las del «olé,» formado por Lola Flores y Paca Rico.

Cambio de tercio como en las mejores corridas. Qué pena que se haya ido estos días el Victorino con casta propia extendida a su ganadería tan temida. RIP que igual aplico a aquel repertorio de famosos de portada hoy sustituido por un trío dispar: Paula Echevarría, que no deja de lucir anticuado melenón promocionando champús, Alba Carrillo y Chenoa. Tres estilos salidos de concursitos televisivos, fuente de caras y ambiciones nuevas. Las han aupado hasta la saciedad y día a día las tenemos vendiendo sus trances amorosos pasados, presentes o futuros. Aprovechando haber sido presidenta del jurado de «Tu cara me suena», ahora se descubre una Chenoa vengativa que, sin duda, y es la primera en reconocerlo, hace ajuste de cuentas a los muchos hombres de su vida, algunos tan inolvidables como David Bisbal. Quince años después, y sostenida con el pasatiempo de parejas mas efímeras, le arrea fuerte por su falta de hombría por cómo la puso de patitas en la calle con el resultado impactante de la fotos con el sucio chándal gris y cara despintada en estrategia inspiradora de lástima. No olvidó detalle, quedó «forever» marcada: «Él estaba de gira en Caracas y me envió unas flores como anticipo de su regreso. Volvió y no llamó. Lo hice yo y había cambiado su teléfono. Sorpresa sin desconfianza. Busqué a su hermana pidiéndole explicaciones y me dijo que David no quería saber mas de mí . Me quedé helada». Recalco nuevamente el patetismo de aquellas marcadoras imágenes desahuciada con ropa más gris que su futuro.

Y así sigue y lo cuenta regodeándose como si no hubieran pasado quince años, una herida sin cicatrizar que no curó ninguno de los seis novios disfrutados, o por lo menos paseados, como el atildado Alain Cornejo, hijo del famoso empresario teatral y él mismo promotor de espectáculos. Siempre iba como un padre lo aprendido del atildamiento paterno siempre de corbata rígida, animado con el afrancesamiento un tanto demodé de su madre, la guapa ex vedette Anne Marie Rossier, que bailó los últimos años triunfales de Lina Morgan. Cornejo padre probó luego con María José Cantudo y aún le escuece. Se pone ciego al ilusionarse, algo que no sucede con su «delfín», el novio con quien menos duró la rubita que tanto cambia de pelo. Apenas un año se dejaron ver y nadie valoró ese encandilamiento. Cuesta creer que una mujer de tanto gancho personal y artístico aún lamente lo perdido como refleja en su libro «Defectos perfectos». Equivocó el título porque debería llamarse «Ajuste de cuentas». Es lo que hace, un repaso a una decena de hombres que apenas cambiaron su vida. Volver a cantar momentáneamente hace unos meses con el almeriense reavivó lo que nunca fueron cenizas. Volvió a tener falsas ilusiones cuando en octubre regrabaron. Tuvo «la puerca esperanza» del clásico, donde faltó el apoyo de su sucesora Elena Tablada, que la consoló cuando el rizitos se piró tras tener a Ella, su hija.

Pero no fue el único auxilio y el último octubre volvieron a reunirse. Y pensó «a ver si ahora». Ella irradiaba con esperanzas renacidas: duraron tres minutos, lo que dura el tema «Escondidos», que ingenuamente creyó un salvavidas. Craso error. Como recuerdo dejaron «la cobra».

Habla de un piloto con el que a punto estuvo de casarse y que se entendía con las azafatas dejándolas para el arrastre. Y hasta sin respeto se refiere a otro, fallecido el año pasado. También, cómo no, al actor Álex González, siempre tan aburridamente vestido al modo «ancien», al cantante David de María, al barbudo y modernísimo Curi Gallardo y al bohemio y desenfadado Javier Arpa. Rotos para descosidos con los que ella se mimetizó indumentariamente, adaptándose a nuevos estilos de convivencia. Evitaba destemplanzas. Chenoa opone una docena de romances frente al impacto insuperable de Bisbal o Arpa, hasta ahora el último en gozar de ella. Afirma que es amiga de casi todos sus numerosos ex, pero cuesta creerla tras esta mirada hacia atrás con tanta ira. «Los exhumo porque me da la gana y porque han sido parte de mi vida», argumenta consciente de que David la borró de su vida en la que ha ido incluyendo a Zuleyka Rivera, China Suárez y Rossana Zanetti gracias a sus constantes giras y porque le gusta conquistar. Suma y sigue, hay cuerda para rato.