Lifestyle

De 1.500 selfies al día a ninguno

Kim Kardashian, exhibicionista por excelencia y adicta a las redes sociales, ha pasado de compartir casi cada minuto de su día con sus millones de seguidores al silencio absoluto desde que fue víctima de un robo a mano armada en el apartamento donde se hospedaba en París durante la semana de la moda

De 1.500 selfies al día a ninguno
De 1.500 selfies al día a ningunolarazon

La inteligencia de Kim Kardashian ha sido enormemente subestimada. Al verla –con sus exageradas curvas constantemente desbordándose de atuendos demasiado ajustados– pocos pensarían que es una empresaria habilidosa y astuta. La hoy esposa de Kanye West y madre de dos niños, musa de Olivier Rousteing, creativo de Balmain, y amiga de Karl Lagerfeld, se hizo famosa en 2007 cuando un vídeo suyo de contenido sexual se volvió viral en internet. Estados Unidos suele soslayar a las mujeres marcadas por escándalos eróticos –véase el ejemplo de Monica Lewinsky–, pero Kardashian logró jugar sus cartas de modo que lo que podía haber sido su peor humillación se convirtió en su mejor oportunidad. Ese mismo año, y tras ganar 4,5 millones de euros en la demanda por la publicación del vídeo, la joven creó el «reality» «Las Kardashian», que dispararía su fama a niveles insospechados.

Así, su exitosa carrera comenzó con la sobreexposición de sus momentos más íntimos y, hasta ahora, ha sido eso lo que la ha mantenido en la cúspide. «Las redes sociales funcionan cuando eres abierto y honesto; las personas quieren sentir que están vislumbrando parte de tu vida», dijo recientemente Kardashian, que tiene 84,2 millones de seguidores en Instagram y 48,3 en Twitter. Sin embargo, tras el robo a mano armada del que fue víctima el pasado lunes en París, la exhibicionista por excelencia parece haber entendido que tantos selfies pueden ser una mala idea.

Las últimas imágenes que Kardashian subió a las redes fueron las de su «look» para el desfile de Balenciaga, que se celebró el domingo por la mañana en la capital francesa. Desde entonces, silencio. Para una persona que ha admitido tomarse 1.500 selfies en 24 horas –según sus cálculos, se retrató a sí misma 6.000 veces durante unas vacaciones de cuatro días–, y que publicó un libro exclusivamente de selfies propios, este cese de acción es casi tan escandaloso como algunos de sus reveladores vestidos. Tampoco ha dado declaraciones sobre lo sucedido, más allá de sus conversaciones con la policía francesa, a quien dijo que cinco hombres entraron en su apartamento parisino en la madrugada junto al conserje, los ataron y amordazaron a ambos y los encerraron en un baño, mientras ella pedía a gritos que no la matasen.

Tanto su marido como su familia han imitado el mutismo de Kim en las redes y fuera de ellas. Su padrastro, Caitlyn Jenner, fue el único que decidió utilizar internet para enviarle un mensaje de cariño. «¡Quiero a mi niña! Agradezco que se encuentre bien. Es un recordatorio de que todos debemos ser cuidadosos en este mundo incierto», escribió en Instagram. Desde su llegada a Nueva York el lunes, Kardashian no se había dejado ver, hasta ayer, cuando salió de su apartamento alquilado camino del aeropuerto con su hija en brazos. La normalmente glamurosa «celebrity» optó esta vez por ropa discreta: un jersey blanco con capucha sobre una gorra, zapatillas Vans y vaqueros grises. La acompañaban Kanye, su hijo menor y una legión de guardaespaldas, entre ellos Pascual Duvier, que estaba con ella en París cuando le robaron.

El programa de televisión que relata los aspectos más íntimos de la vida de las jóvenes tampoco tendrá nada que revelar, pues en el momento de los acontecimientos no estaban rodando, según una declaración de «E!», el canal que lo emite. Además, aseguraron que la producción está parada indefinidamente hasta que su estrella se sienta cómoda para enfrentarse a las cámaras: «Toda nuestra atención está puesta en el bienestar de Kim». Según los medios estadounidenses, personas cercanas a Kardashian han asegurado que la experiencia le marcó de tal modo que «las cosas no están ni cerca de volver a la normalidad. Kim no tiene planes de trabajar en un futuro cercano, sólo quiere quedarse en casa con sus hijos. Protegerlos es su mayor preocupación». De hecho, su aparición públicamás próxima, programada para el 14 de octubre en Dubái, ya fue cancelada.

Como si Kim no hubiera captado la seriedad de la situación, hay quien le ha recomendado cortarse un poco. Su ex guardaespaldas, Steve Stanulis, dijo que la experiencia debía servirle de advertencia: «Lo vi venir. Con la manera en que Kim alardea de su dinero y diamantes... tiene millones de seguidores en las redes que saben en todo momento dónde está y a ella se le ocurre mostrarles una carísima piedra. Estaba invitando a los problemas». Stanulis se refiere a una imagen que subió a Instagram horas antes del robo en la que muestra un anillo con un diamante enorme y una tiara bucal incrustada con otros más pequeños.

Karl Lagerfeld también ofreció comentarios severos sobre lo sucedido. «No puedes exhibir tu fortuna y después sorprenderte de que algunas personas la quieran compartir», afirmó al finalizar su desfile de Chanel el martes, que todo el clan se perdió porque volvieron a Nueva York apresuradamente después del robo. «No entiendo por qué estaba en un lugar sin seguridad. Si eres tan famoso y subes tus prendas a las redes, hospédate en hoteles en los que nadie se te pueda acercar», añadió el zar de la moda.

- A todo lujo

En todo caso, no era la primera vez que Kardashian hacía alarde de su lujoso estilo de vida en las redes. Para ella, subir a Instagram fotos de sus joyas, coches y casas es cuestión del día a día. Un ejemplo reciente es el de sus vacaciones en Punta Mita, México, un lugar al que han ido varias veces y en el que la noche cuesta 12.000 euros. Fue allí, justamente, donde se hizo aquellos 6.000 selfies. Su boda con West en Florencia le costó el doble que el robo de esta semana. Entre el vestido de Givenchy de 450.000 euros, el alquiler de jets privados para llevar a los invitados de París, donde celebraron la preboda en el palacio de Versalles, hasta Italia, y lo que habrá cobrado Andrea Bocelli por cantar el «Ave María» mientras Kim caminaba hacia el altar, sumaron un gasto de alrededor de 10 millones de euros. Según «Forbes», tan sólo en 2016 la joven de 35 años ganó un total de 45 millones, una fortuna difícil de disimular cuando vives constantemente bajo la luz de los focos.