Genoveva Casanova solicita la nulidad «de acuerdo a sus creencias»

Confiesa en una entrevista con LA RAZÓN que no quiere ceder parte de su espacio ni se plantea todavía pasar por el altar con José María Michavila.

Confiesa a LA RAZÓN que no quiere ceder parte de su espacio ni se plantea todavía pasar por el altar con José María Michavila.

Dicen que su belleza exterior se corresponde con la interior. Genoveva Casanova vive momentos de felicidad al lado del ex ministro de Justicia José María Michavila, está a punto de finalizar la carrera de Filosofía, se preocupa por la salud de su ex marido Cayetano y añora a quien fuera una de sus mejores amigas, la duquesa de Alba. Volcada en acciones culturales y solidarias, es la embajadora de la división de arte de Ruinart.

–En el terreno sentimental, ¿vive una buena etapa con su pareja?

–Soy feliz en muchos aspectos de mi vida. Me gusta reinventarme y crear cosas nuevas.

–Pero el amor y la estabilidad emocional son esenciales...

–Ya lo sé. La armonía en ese aspecto es consecuencia de cómo te sientes por dentro.

–Intuyo mucha afinidad en su relación.

–Estoy muy contenta, intentando crecer cada día, necesito mi espacio y mi pareja me respeta mucho en ese sentido.

–¿Habrá boda?

–Una boda no entra en mis planes por ahora.

–Tiene muy claro que no vivirán juntos hasta que no se casen...

–En efecto. Sigo viviendo con mis hijos y así continuaré. En estos momentos no creo en ese tipo de convivencia.

–¿Ha pedido la nulidad de su matrimonio con Cayetano?

–Lo valoré, lo puse en manos de mis abogados y el proceso está en curso. Es un trámite que lleva su tiempo... He solicitado la anulación por si algún día quiero casarme de nuevo, por mis creencias.

–¿Sigue ejerciendo su afición por la fotografía solidaria?

–Sí. Pero este año lo tengo un poquito dejado porque estoy estudiando mucho para acabar la carrera. Aun así, he inaugurado exposiciones con mis fotos en Delhi, en México...

–Es una mujer muy solidaria...

–Lo intento. Me siento feliz ayudando a los demás. No se me olvida cuando estuve en Calcuta con las monjas de la madre Teresa, fue una experiencia increíble. Colaborar en acciones humanitarias es una parte esencial del ser humano, te permite tener un tipo de crecimiento espiritual y personal que no encuentras con ninguna otra cosa. Te reconstruyes a ti mismo.

–¿Se refugia mucho en Dios durante los malos momentos de la vida?

–Soy una mujer muy espiritual y muy religiosa, pero no una beata. No estoy cerrada a otras religiones, creo en Cristo, pero también leo mucho sobre el budismo, el judaísmo, el islamismo. Aprendo de todas las religiones.

–¿Qué valores inculca a sus hijos?

–El respeto a los demás, la tolerancia, la educación...

–Su hijo sigue los pasos de Cayetano Martínez de Irujo, su padre, en el mundo de la equitación.

–Le gusta mucho montar a caballo, sí, y su padre, sin duda, es el mejor maestro.

–¿Está preocupada por sus problemas de salud?

–Estuvo bastante grave, pero ya se encuentra bien. Se ha recuperado.

–¿Y cómo viven losniños los achaques de su padre?

–Los mellizos tienen 14 años y se dan cuenta de todo. Han seguido el proceso de la enfermedad de Cayetano con mucha preocupación, muy pendientes y entregados a su padre.

–¿Tiene buena relación con su ex? Lo digo por el enfrentamiento que mantuvieron sobre el asunto de la pensión...

–Nos llevamos lo mejor que se puede por el bien de nuestros hijos.

–Dicen que es muy madraza

–Sí. Estoy encima de los pobrecillos. Puedo ser estricta, pero al final me ablando. Aunque los niños deben saber que hay unos límites.

–¿Le gustaría retomar su labor en la Fundación Casa de Alba?

–Me encantó trabajar en ella. Fue una época maravillosa de mi vida, dos años en los que aprendí muchísimo. Pero las etapas se abren y se cierran, y ya está. Hay que dar paso a cosas nuevas.

–¿Echa de menos a la Duquesa de Alba?

–Muchísimo. Nos queríamos con mucha ternura. Era como otra hija para ella.

–¿Ve a sus hijos?

–A veces. Pero la madre era la que aglutinaba a todos, tenía a la familia más unida, y ahora ya no está.