Julián Muñoz: La amarga cara B de Isabel Pantoja

Mientras la tonadillera es ovacionada en Viña del Mar, el ex alcalde continúa a la espera de una libertad condicional que, según su abogado, está en manos de la Audiencia Nacional

Mientras la tonadillera es ovacionada en Viña del Mar, el ex alcalde continúa a la espera de una libertad condicional que, según su abogado, está en manos de la Audiencia Nacional

Julián Muñoz sigue disfrutando del tercer grado a la espera de que la Audiencia Nacional le conceda la libertad condicional. Hace unos días algunos medios publicaban que la Audiencia de Málaga denegaba esa libertad, pero el abogado del ex alcalde de Marbella, Antonio José García Cabrera, aclara la situación: «Es sorprendente que la Audiencia haya tardado cinco meses en resolver el incidente de nulidad, pero, a efectos prácticos, esta resolución no cambia la situación actual de mi cliente, que ya tiene el dispositivo telemático tras habérsele concedido el tercer grado bajo dicho control, lo que le permite seguir cumpliendo condena en su casa mientras el expediente de libertad condicional sigue su curso en el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional», explica. Y añade que la situación no es la que dice la Prensa: «Es como si hubiera una mala intención o un desconocimiento. Resulta evidente que a Julián todo esto le perjudica porque se cuentan cosas que ya han sido superadas por lo dictaminado por la Audiencia Nacional. En este sentido, la Provincial de Málaga ya no tiene competencias en el caso. La única realidad es que estamos esperando que la Nacional dicte el auto de libertad condicional, que, como se ha concedido hace poco el régimen de tercer grado con pulsera telemática, tardará unos meses. Mi cliente ya vive un grado de semi libertad, sólo tiene la obligación de dormir en su domicilio de lunes a jueves y el fin de semana puede pernoctar donde quiera. Eso sí, debe acudir a firmar cuando le corresponde».

Pero Muñoz no encuentra consuelo. Dicen que tiene una «amiga especial» con la que disfrutó en una playa marbellí, aunque el recuerdo de su última novia, Karina, con la que rompió el año pasado, aún le remueve el corazón. Es una empresaria guapa y bien colocada, que estuvo a su lado en todo el proceso carcelario y que le abrió las puertas de su finca cuando más apoyo moral y económico necesitaba. Mientras tanto, Pantoja sigue apoteósica tras su plena libertad y así era ovacionada esta semana en el festival chileno de Viña del Var, donde estuvo acompañada de su hermano Agustín y de sus dos hijos. Mantiene, pues, el importante apoyo del público y de la familia.

Muñoz también cuenta con la suya, especialmente con su hija Elia, quien nos habla de su padre con cariño, pero con cierta inquietud: «Estamos muy preocupados, aunque confiamos en su abogado y seguiremos solicitando la libertad condicional. Esperamos que en pocos meses sea un hecho». Hablamos del estado de salud de Julián: «Tiene sus achaques y las malas noticias le afectan, aunque se cuida todo lo que puede. Lleva a rajatabla las consultas, su medicación y la alimentación. Su enfermedad no tiene cura, pero el tratamiento le funciona mejor que antes».

–¿Qué enfermedad tiene?

–Una cardiopatía y un problema venoso.

–¿Dónde vive?

–En casa de mi hermana Eloísa. Va al Centro de Inserción Social siempre que lo requieren. El resto del tiempo está en casa, controlado por la pulsera.

–¿Estar con la familia le anima?

–Está muy tocado, tiene una depresión muy grande, pero le ayuda a sentirse mejor.

TRANQUILIDAD

José Luis, uno de sus vecinos, dice que «no se le ve mucho, pero a veces pasea con sus hijas y nietos. Una vez iba con una señora de mediana edad que le agarraba del brazo. Lo que está claro es que su prepotencia parece haber pasado a mejor vida». Su ex mujer, Mayte Zaldívar, no entra en asuntos judiciales: «Para mí lo importante es que el padre de mis hijas se recupere de sus dolencias, lo demás ya vendrá. Le deseo lo mejor, pero no hay contacto, ni siquiera tengo su teléfono», responde.

Por otra parte, fuentes judiciales no oficiales piensan que «las imágenes del señor Muñoz paseando por la playa sin muletas y con un aspecto mucho menos demacrado que antaño habrían podido retrasar la concesión de la condicional porque se supone que sus dolencias no son tan extremas como hace meses». Y es que, como nos revelan desde su entorno, «su estado de salud empieza a mejorar». Es cierto que en las imágenes playeras del pasado año se le sigue contemplando mal, aunque durante su paseo por la orilla sin muletas reflejaba una expresión de tranquilidad, pese a llevar a cuestas las consecuencias de haber sufrido un ictus cerebral y varios infartos lacunares, según matizó en su día Eloísa. Recordemos que un magistrado de la Audiencia Nacional le concedió el año pasado el tercer grado «acorde con el estado de salud y la situación personal del interno», considerando los informes médicos que señalaban su «pluripatología crónica de carácter cardiovascular metabólico y respiratorio de no previsible mejoría, con pronóstico vital desfavorable a medio plazo».

Ahora su existencia es muy sencilla, disfruta de la familia y se reúne con algunos amigos, que, según él dice, «no me han fallado nunca». Poco más. La vida le ha cambiado totalmente y lo que antes era una vorágine de actos sociales y protocolarios hoy se ha convertido en una tranquila rutina.

«Ese hombre me arruinó la vida»

Isabel Pantoja, con la que compartió amor y un impertinente «dientes, dientes, que les jode» contra los periodistas, es la otra cara de la moneda. Vive su libertad con la felicidad de volver a saborear el éxito en los escenarios, mientras que Julián parece la carátula de un disco de desamor de la tonadillera, la parte más amarga de una historia que mezcló la romería de El Rocío con la corrupción. Dicen que del amor al odio hay un sólo un paso y que Muñoz y Pantoja se aborrecen. Si pudieran, borrarían de sus vidas sus años de convivencia. Lo que antes eran caricias y lisonjas se ha tornado en velados ataques entre ambas partes. Isabel dice a su gente que «ese hombre me arruinó la vida», mientras que Julián también reniega de su pasado en común.