La princesa Ayako ya es solo la señora de Moriya

Tras su boda ayer con un plebeyo, y por la rígida ley sálica que rige en Japón, renuncia a sus derechos dinásticos.

  • Ayako y Kei Moriya llegan al santuario Meiji, lugar de la ceremonia
    Ayako y Kei Moriya llegan al santuario Meiji, lugar de la ceremonia

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30 de octubre de 2018. 08:34h

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Andrea Marco.  30/10/2018

«Me llena de alegría casarme y que tantas personas nos visiten en el santuario Meiji y nos feliciten». Con estas palabras la hasta entonces princesa Ayako, ya convertida en Ayako Moriya tras celebrarse la boda en la mañana de ayer, se reafirmaba «llena de felicidad» al conceder matrimonio con un plebeyo, el financiero Kei Moriya, por el que pierde todos los derechos dinásticos como es la práctica de las mujeres bajo la rígida ley de sucesión de Japón. Ella eligió casarse por amor, igual que en 2014 lo hizo su hermana mayor, Noriko, que entonces también pasó a ser plebeya.

La casa imperial japonesa está regida por una dura ley sálica que impide a las mujeres acceder al trono, las despoja de sus derechos al casarse con un plebeyo e impide que sus hijos e hijas formen parte de la línea sucesoria. Sin embargo, a los miembros varones de la realeza se les ha permitido hacerlo con quien elijan durante al menos tres generaciones. El actual emperador Akihito fue el primer príncipe heredero en casarse con una plebeya, que se convirtió en la emperatriz Michiko. Ambos se conocieron jugando al tenis.

Por ellas, la reducción de la familia real ha generado inquietudes y ya muchos piden cambios en la Ley de Sucesión Imperial, pero los conservadores son muy resistentes a permitir que las mujeres hereden el Trono del Crisantemo. Y todo pese a que la familia real de Japón tiene escasez de hombres. El príncipe heredero Naruhito, quien tomará el poder después de que Akihito abdique el año que viene, su hermano Fumihito, su sobrino Hisahito y el hermano octogenario del amperador actual, Masahito, son los únicos cuatro herederos varones al trono.

Kimono y esmoquin

La princesa Ayako llevaba un kimono de múltiples capas y un peinado típico de la aristocracia imperial, que se envuelve en una coleta, mientras que el novio elijió un esmoquin negro con pantalones grises, que complementó con guantes y chistera, para la ceremonia en el santuario dedicado al espíritu de su bisabuelo, el emperador Meiji, un edificio tipo pagoda en el que los novios intercambiaron anillos y compartieron una taza de sake, fiel a las costumbres.

El banquete, sin embargo, se reserva para el día siguiente. Así, hoy ofrecerán una recepción en el New Otani Hotel de Tokio en el que se espera a los príncipes herederos. Ayako, de 27 años, trabaja como investigadora en la Universidad Internacional de Josai, mientras Moriya, de 32, es ejecutivo de la compañía de transporte japonesa NYK Line, que forma parte de Mitsubishi. En contraprestación a tener que abandonar su estatus imperial, Ayako percibirá del Gobierno japonés la suma de 107 millones de yenes, unos 900.000 euros, para que pueda seguir llevando el mismo tren de vida, como también recibió su hermana.

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