Nobleza no obliga: Don Felipe no ha concedido ningún título nobiliario desde su proclamación

Tras casi tres años en el trono los únicos gestos de Don Felipe han sido revocar el ducado de Palma y conceder el Toisón de Oro a Leonor.

Don Felipe y Doña Letizia recibieron a la Diputación de la Grandeza en el Palacio de El Pardo en junio de 2015. El Rey les recordó las «responsabilidades» y «obligaciones» que conlleva ostentar un título nobiliario
Don Felipe y Doña Letizia recibieron a la Diputación de la Grandeza en el Palacio de El Pardo en junio de 2015. El Rey les recordó las «responsabilidades» y «obligaciones» que conlleva ostentar un título nobiliario

Tras casi tres años en el trono los únicos gestos de Don Felipe han sido revocar el ducado de Palma y conceder el Toisón de Oro a Leonor.

Una de las prerrogativas legales de las que dispone el Rey es conceder títulos nobiliarios. Durante sus 38 años de reinado, Don Juan Carlos hizo uso de dicha «gracia» en 50 ocasiones y ascendió de grado a Grande de España a seis aristócratas, según datos de la Casa Real. Sin embargo, desde su proclamación el 19 de junio de 2014, Don Felipe no ha hecho uso de la potestad que recoge el artículo 62 de la Constitución en el apartado F de «conceder honores y distinciones de acuerdo a las leyes». Fuentes cercanas al Jefe del Estado aseguran que adoptará la exención de la Carta Magna cuando lo considere conveniente. Por el contrario, Don Juan Carlos sí «premió» a sus elegidos en los primeros años de su reinado: la primera en recibir la distinción fue la viuda de Franco, Carmen Polo, que obtuvo el Señorío de Meirás con Grandeza de España. El mismo año su hija, Carmen Franco Polo, obtuvo el ducado de Franco con Grandeza de España también y un año después le reservó a Juan Contreras y López de Ayala la Grandeza de España para unirla al título de Marqués de Lozoya, y al ex presidente del Gobierno Carlos Arias Navarro le hizo marqués de Arias Navarro. Según el listado de honorificados, el padre de Felipe VI se centró principalmente en figuras de la ciencia, el deporte, la literatura o la música. Entre ellos figuran el pintor Salvador Dalí, la mecenas Paloma O’Shea, la bioquímica Margarita Salas o el entrenador de la selección española de fútbol Vicente del Bosque. También reservó un lugar para los políticos, como el ex presidente del Gobierno Adolfo Suárez y para el empresario Juan Miguel Villar Mir.

Durante los últimos años de su reinado el Rey Emérito adoptó la costumbre de dar los títulos nobiliarios en bloque, como en su último año representando la Jefatura del Estado, en que hizo marqueses al empresario David Álvarez Díez, al médico Valentín Fuster, al investigador Santiago Grisolía y a la historiadora Carmen Iglesias. Una práctica que, de momento, no ha entrado dentro de las prioridades del Jefe del Estado. Tras casi un año en el que España ha estado sin Gobierno, con la agenda exterior bloqueada por la inestabilidad política, conceder estas distinciones no ha estado en el primer plano de las preocupaciones de Felipe VI. La última reunión que mantuvo con la Diputación de la Grandeza fue en junio de 2015 con motivo de su bicentenario, acto que presidió junto a la Reina y en el que manifestó su «alegría» por «poder celebrar la historia» que les une. Esta audiencia tuvo una importancia añadida, ya que si un gesto ha tenido Don Felipe respecto a los títulos ha sido precisamente el de revocar uno: el de su hermana Doña Cristina. Esa decisión se escenificó cinco días antes de la reunión con la Diputación y no en vano les recordó que sus nombres «comportan un honor que implica responsabilidad y conlleva unas obligaciones». Fuentes de la Diputación aseguran que el Rey tiene costumbre de despachar de vez en cuando con el decano, pero que si se ha tratado este tema nunca trasciende públicamente porque las conversaciones con el Monarca son estrictamente privadas. «Felipe VI parece tener un criterio diferente al de su padre a la hora de otorgar los títulos nobiliarios», aseguran.

«Poseerlo es un motivo de orgullo y satisfacción», explican. «Es una recompensa de carácter honorífico que la máxima institución del Estado reserva a alguien que haya sobresalido por sus servicios al país o que haya destacado en la vida pública social, cultural, política y militar». En la actualidad hay 2.839 títulos en vigor, ostentados por 2.215 nobles, ya que se puede dar la situación de que una misma persona tenga varios en su haber. No en vano, la Duquesa de Alba figuró en el Libro Guiness de los récords por ser cinco veces duquesa, dieciocho marquesa, veinte condesa, vizcondesa, condesa-duquesa y condestablesa, y catorce veces Grande de España.

79 cartas de sucesión

Nadie de toda la aristocracia del mundo le hacía sombra. Las diez grandes casas ducales del país, que son Medinaceli, Alba, Osuna, Villahermosa, Alburquerque, Infantado, Borbón, Medina Sidonia, Fernán Núñez y Peñaranda, reúnen 200 títulos nobiliarios. Durante el año pasado se expidieron 79 cartas de sucesión, que seguirán el siguiente procedimiento: el interesado debe pagar una cuantía económica –alrededor de 700 euros sin grandeza y unos 2.500 con ella, si se hereda de padres a hijos o entre hermanos, ya que si es entre parientes lejanos la tasa es superior– y, posteriormente, redactar una carta que firmará el Rey con el refrendo del ministro de Justicia. Don Felipe, al igual que su padre y el Conde de Barcelona, sí ha concedido una de las condecoraciones más importantes del mundo: el Toisón de Oro. La receptora fue su primogénita, la Princesa de Asturias, en su décimo cumpleaños, por el que se creó el Guión y Estandarte de Leonor. Su abuelo, Don Juan, dio seis, entre cuyos destinatarios estaba el Rey Pablo I de Grecia, padre de Doña Sofía. Por su parte, el Rey Don Juan Carlos concedió 24, los dos últimos al ex presidente de Francia Nicolas Sarkozy (2011) y al ex secretario general iberoamericano Enrique Iglesias (2014).

«En los últimos tiempos, los títulos no tienen el mismo reconocimiento que en épocas anteriores, cuando iban ligados a una serie de privilegios», explican desde la Diputación. Y añaden: «Los títulos han tenido una gran importancia en todas las monarquías de los siglos pasados en el occidente europeo».