«Royal fans»: Acampados en «la esquina de la locura»

Windsor está acostumbrado a la pompa de los enlaces reales, pero el de Meghan y Harry ha superado todas las expectativas y los comerciantes locales se están haciendo de oro gracias a los seguidores de la monarquía

Los príncipes Harry y William saludaban ayer a las personas reunidas en Windsor para ser testigos del enlace / Reuters
Los príncipes Harry y William saludaban ayer a las personas reunidas en Windsor para ser testigos del enlace / Reuters

Windsor está acostumbrado a la pompa de los enlaces reales, pero el de Meghan y Harry ha superado todas las expectativas y los comerciantes locales se están haciendo de oro gracias a los seguidores de la monarquía.

Michelle Poggi será una de las primeras mortales en ver al príncipe Harry y a Meghan como marido y mujer. Tiene un puesto privilegiado en las vallas situadas a la salida del castillo de Windsor. Claro que asegurarse el puesto no ha sido fácil: lleva durmiendo en un saco desde el miércoles. Y tampoco barato: solo el billete de avión desde Australia le ha costado 800 euros. «Vengo desde la otra parte del mundo y sé que solo les veré unos segundos, pero merece la pena, ¡claro que merece la pena! Tenía 10 años cuando se casó Diana y me enamoré de la familia real. A Harry le sigo desde que nació. Es como si le conociera. No podía perderme su boda», matiza.

Los «royal fans» son conscientes de que puede llegar a ser complicado entenderles. Ellos mismos han bautizado el sitio donde están acampados como «la esquina de la locura». Pero no son los únicos, porque la «HarryMeghanmanía» se ha apoderado completamente de Windsor. Se espera que más de 100.000 personas lleguen hoy hasta esta pequeña ciudad inglesa para ser testigos de la boda del año. Las compañías ferroviarias han aconsejado salir desde Londres a las cuatro de la mañana para asegurarse plaza en los trenes.

Windsor está acostumbrado a la pompa. Lleva siglos celebrando bodas reales. Por cierto, que el último Enrique que protagonizó el sí quiero fue Enrique I, en 1121. Los vecinos son testigos durante todo el año del devenir de turistas que se acercan a visitar el castillo donde la monarca pasa gran parte de su tiempo, incluso más que en Buckigham Palace. Pero en esta ocasión se han superado todas las expectativas. Las tiendas de souvenirs no dan a basto. Julious tiene un establecimiento nada más salir de la estación. «Conseguimos la licencia para abrir hace dos semanas y el negocio no puede ir mejor», asegura. Se puede encontrar hasta el artículo más remoto con la imagen de los novios: desde las clásicas tazas, hasta llaveros, cucharas e incluso dedales. Derek, sin embargo, es uno de los veteranos. A sus 74 años lleva trabajando desde 1981 en la tienda de regalos Kings and Queens. En la última semana ha vendido más de 400 tazas por 15 euros cada una. «La mismísima reina vino durante la celebración del Jubileo de Diamante, en 2016. Me dijo: “Veo que me tienes en la ventana”. Siempre tenemos su imagen, pero estos días hemos puesto a los novios. Espero que lo entienda», matiza.

«Happy Ever After»

El poster a tamaño real de la pareja inunda cada rincón. Hasta el punto de que uno se llega a sentir observado por ellos. Están en cada ventana, cada puerta y, por supuesto, cada pub, que esta noche tienen permiso legal para cerrar más tarde. El Duque de Cambridge ha llegado a crear incluso una cerveza llamada «happy ever after», lo que traducido al español sería «y fueron felices y comieron perdices». «Hemos mezclado el mejor sabor de la cerveza británica con el de la americana. Está siendo un auténtico éxito», asegura Ola, la camarera. Por su parte, el pub The Three Tuns ha cambiado de nombre hace dos semanas para llamarse Prince Harry. La decisión se tomó hace meses, pero el momento de recibir la nueva licencia no ha podido ser más oportuno.

La comidilla entre los vecinos es el negocio que han hecho algunos alquilando sus casas. «¡Yo he escuchado que uno la ha alquilado desde el jueves por 40.000!», dice un parroquiano. «Yo, por 100.000», responde otro. Los hoteles se quedaron hace tiempo sin habitaciones. Y los fans más acomodados están dispuestos a pagar el precio que sea para conseguir buenas vistas del paseo en carroza que protagonizará la pareja tras el enlace. En el Macdonald Windsor Hotel, por la suite con balcón a la calle principal se piden 12.000 euros. En circunstancias normales la habitación más barata cuesta 190. Pero para este sábado, el precio de la habitación, sin vistas, es de 600.