Sara Verdasco: «Ana Boyer es genial, estamos felices con la boda»

La hermana mayor del tenista Fernando Verdasco se recupera del grave accidente que sufrió el pasado enero en Miami y por el que se llegó a temer por su vida; tras la noticia de que pronto habrá matrimonio en la familia, afirma que su cuñada es «como una hermana».

La hermana mayor del tenista Fernando Verdasco se recupera del grave accidente que sufrió el pasado enero en Miami y por el que se llegó a temer por su vida; tras la noticia de que pronto habrá matrimonio en la familia, afirma que su cuñada es «como una hermana».

e los tres hermanos Verdasco la única que ha heredado la pasión por los negocios es Sara. La pequeña, Ana, estudia diseño y Fernando es una figura del tenis mundial que acaba de anunciar su boda con Ana Boyer, la hija pequeña de Isabel Preysler. Viven juntos desde hace años y aunque siempre tuvieron planes de boda, ha sido esta semana cuando lo han hecho público. La primogénita del clan, Sara Verdasco, asegura en esta entrevista que toda la familia ya considera a Ana Boyer parte de la familia. Sara comenzó a trabajar a los 17 años ayudando en los restaurantes madrileños de la familia Rayúa y Café Chinitas mientras estudiaba Marketing, Publicidad y Relaciones Públicas en la Universidad. «La hostelería es sacrificada, pero muy bonita», confiesa. El año pasado, al finalizar su luna de miel, se instaló con su marido, Juan, del linaje flamenco de los Carmona, en Miami. No había pasado un mes cuando un conductor la atropelló cuando ella circulaba por el carril de bicicletas. El pasado 10 de enero Sara, que ingresó en el hospital en estado crítico, volvió a nacer. Después de haber pasado meses en silla de ruedas y de que fuese alimentada por una sonda, su fuerza de voluntad, su fe y su familia la han vuelto a poner sobre sus dos piernas y a comer cocido. Ver la muerte de primera mano le ha cambiado la vida: «Desde mi accidente ya no hago planes».

–Tras un año tan duro llega la noticia de la boda de su hermano con Ana Boyer, ¿es la mejor medicina?

–Estamos muy felices por la noticia, adoro a mi hermano y lo único que me importa es su felicidad y más si es al lado de una persona a la que queremos mucho, ella es genial. Me llevo muy bien con Ana, es una más en nuestra familia, como una hermana. Después de haber pasado un año duro es lo que más ilusión me hace.

–¿Boyer se ha integrado bien en el clan Verdasco?

–Sí, genial. Nos llevamos súper bien con ella y lo pasamos fenomenal todos juntos, igual que con mi marido. Cada vez que tenemos la oportunidad nos reunimos todos juntos.

–¿Cómo va su recuperación?

–Más lenta de lo previsto, ya que después del accidente y del fuerte traumatismo en la cabeza me salieron unos hematomas frontales que paralizaron mi rehabilitación, pero en las últimas pruebas ya se me habían reabsorbido. Así que ya he vuelto otra vez a mi rehabilitación, cuidándome mucho y haciéndome mis revisiones muy a menudo ya que tuve órganos importantes afectados y todavía no los tengo recuperados del todo. Tardaré un año o poco más en estar más o menos recuperada.

–¿La bicicleta le salvó la vida?

–Posiblemente. Si todo el impacto del coche, que se subió a la acera para atropellarme por el carril de las bicicletas, me lo hubiese llevado entero sobre el cuerpo, y acto seguido hubiera pasado por encima de mí, hoy seguramente no estaría contándolo.

–¿El conductor se dio a la fuga?

–No. Se quedó esperando a que llegase la policía. Es haitiano y se encuentra a la espera de la «green card», no tenía seguro y le habían retirado el carné de conducir, así que mi seguro privado y mi familia se tuvieron que hacer cargo de los gastos. Estamos pendientes de que salga el juicio.

–Ir al supermercado y despertar en una UCI, ¿cómo se procesa?

–Es difícil. De repente te despiertas y te ves en una silla de ruedas con dolores por todos lados, muy grave y sin acordarme de nada. Al principio fue duro verme, aunque no era consciente de la gravedad de mis lesiones. Con el tiempo fui viendo mis limitaciones y fue cuando psicológicamente empezó a afectarme.

–¿El accidente la ha cambiado?

–Ahora veo la vida de diferente manera. Doy gracias a Dios dos mil veces al día porque es un milagro que haya salido, según me dijeron los médicos americanos y los españoles. Mi vida ha cambiado, ahora es más relajada y valoro mucho más las cosas, a mi familia y a mis amigos.

–¿Qué deja en segundo plano?

–Preocupaciones que puedes tener en un momento dado, pero que ahora les quitas importancia. Ya no le doy vueltas a la cabeza, la vida para mí ahora es un segundo y tengo que aprovecharlo, ¿para qué me voy a complicar con preocupaciones que no me llevan a ningún lado?

–¿Y qué es lo que más le ayuda?

–La fe. Soy muy cristiana y es lo que me ha ayudado y me sigue ayudando. Me refugié en mis creencias. Tenía que pasar y me ha pasado a mí, y así me lo tomo. Me ha salvado la vida y mi fe me ayuda todos los días a superar mis miedos, mis traumas, mis lesiones. Gracias a Dios no tengo ninguna secuela. Más que reproches, estoy agradecida. Hay veces que las cosas están para uno y el accidente era para mí. También he recibido el apoyo de mi marido y de mi familia.

–Entró en el hospital en estado crítico. ¿Vio esa luz en el túnel que algunos dicen?

–Yo no vi nada. Ni fui ni regresé. En Miami salí de mi apartamento para ir al supermercado y me desperté en una UCI llena de cables y allí no había ningún túnel.

–¿Su accidente la pilló en la luna de miel?

–Pues sí, porque mi marido y yo llevábamos un mes viviendo en Miami con intención de asentarnos allí y es cuando tuve el terrible accidente. Así que ya he probado lo que prometimos en el altar cuando nos casamos: para lo bueno y para lo malo, y lo ha superado. Es una experiencia que me ha hecho crecer como persona muchísimo.

–¿La ciudad se convierte en una prisión para las personas con movilidad reducida?

–Después del accidente viví tres meses en silla de ruedas en Estados Unidos y no he tenido ningún problema. Todo estaba habilitado y en el mismo hospital me enseñaron a ser independiente. Por ejemplo, yo sola me podía cambiar de cama, duchar o pasar de la silla de ruedas al coche. En España no podía salir a la calle porque los baños de los restaurantes están en los bajos sin ascensor, voy al médico y tiene escalones... Es increíble que no pensemos en los discapacitados, porque también la ciudad es de ellos.

–Los Verdasco se han criado entre fogones, ¿el cocido es el que les da la fuerza?

–Pues sí, porque vivíamos en el restaurante La Cañada, en Boadilla del Monte, donde siempre nos hemos especializado en el cocido. Es una finca que posee varias casas y también el restaurante de mi familia. En una vivíamos nosotros y en otra, mis primos, así que sí, los Verdasco nos hemos criado todos juntos alrededor del restaurante. Yo ahora sigo vinculada porque superviso la comunicación y la gestión de La Bola, La Rayúa, La Cañada y del Café de Chinitas.

–¿Cuál es el truco del cocido madrileño?

–Guisarlo lentamente en puchero de barro y al calor del carbón. Lo ponemos a las 10 de la mañana y está cocinándose unas cinco horas. Eso lo hace más concentrado y sabroso. Lo servimos en dos vuelcos. Primero ponemos la sopa con los fideos y, luego, el resto del cocido.

–Al Rey Emérito le gusta «mojado», ¿cómo es eso?

–Cuando se pone todo junto: garbanzos, sopa y condimentos. A mí también me gusta así, como a él.

–¿Don Juan Carlos ha disfrutado del cocido de la Rayúa?

–Sí, pero en la Rayúa de La Cañada, en Boadilla. Allí estuvo con Doña Sofía y también con las infantas Elena y Cristina, y Doña Pilar, que viene mucho. Asimismo, recuerdo que cuando era muy pequeña he visto muchísimas veces a la Condesa de Barcelona.

–¿De una familia hostelera cómo sale un número uno del tenis?

–Por mi abuelo, que le encantaba. En La Cañada, tenemos tres pistas rápidas y una de tierra batida. Los amigos de mi abuelo iban a jugar allí y ya se llevaban a mi hermano con ellos. A raíz de ahí a Fernando le dio por todo lo que era redondo y por el tenis. Tenemos vídeos de él aún con pañales jugando. Le decía a mi abuelo que quería jugar y mi hermano devolvía las bolas con una raqueta que era más grande que él y de madera.

–¿Nació con el gen del tenis?

–Sí, él nació con ese don. A mi padre lo tenía loco con el tenis y a mí también porque dormíamos juntos y no podía conciliar el sueño sin ver un partido. Fernando se dormía viendo uno. Mis padres siempre lo dicen, que a los hijos de sus amigos les ponían los payasos de la tele y a mi hermano un partido de tenis para que se callase. Así pasaba horas.

–¿Y todo por los garbanzos, por criarse comiendo cocido?

–(Risas) Claro, mi abuelo lo tenía muy bien alimentado. Para Popeye eran las espinacas y para mi hermano, los garbanzos.

–¿El primer sueldo de los Verdasco lo ganaba en el restaurante?

–Mi hermano no porque desde pequeño estuvo muy enfocado en el tenis y con 13 años se fue al CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Barcelona. Pero en mi caso sí, porque siempre han sido muy exigentes conmigo. He trabajado en mis horas libres de estudio, ayudando en el negocio. La hostelería es muy esclava porque no hay fiestas, ni horarios, ni casi vida, pero me encanta.

–¿A usted en casa le dijeron eso de estudias o trabajas?

–De momento, soy la única de los tres hermanos que trabaja en el negocio familiar y lo hago desde los 17 años, cuando decidí compaginarlo con los estudios. Siempre me ha gustado muchísimo el mundo de la hostelería.