Springsteen, Donald Trump, Harry Potter y el cine

Embarcado en la gira promocional de sus memorias, «Born to Run», escritas entre gira y gira, el cantante confiesa que ha necesitado ayuda terapéutica para hacer frente a sus depresiones y que escribió una canción para Harry Potter que nunca se editó

Embarcado en la gira promocional de sus memorias, «Born to Run», escritas entre gira y gira, el cantante confiesa que ha necesitado ayuda terapéutica para hacer frente a sus depresiones y que escribió una canción para Harry Potter que nunca se editó

Ahora que los letristas del rock han ascendido al palacio de la cultura, Nobel a Bob Dylan mediante, parece un momento óptimo para hablar de Bruce Springsteen, embarcado en la gira promocional de su libro de memorias, «Born to run». Sería triste que Bruce, que ha escrito textos de una concisión y una belleza atronadoras, uno de los grandes contadores de historias de los últimos cuarenta años, a la altura de un Raymond Carver y Richard Ford, recibiera los galones literarios por su volumen autobiográfico: magnífico, especialmente en sus dos primeras partes, antes de que abunden los detalles de su vida como estrella multimillonaria, pero en cualquier caso, lejos de la temperatura lírica, la pasión, la fuerza de sus mejores letras.

Para hurgar en su memoria hizo las cosas a su modo. Por algo es «El Jefe». Siete años de trabajo, robando tiempo entre las giras y la grabación de los discos. Sin un precontrato y sin un escritor profesional en labores de negro. Dicen que ha cobrado 9 millones de dólares de anticipo, mientras «Born to run» se confirma como uno de los bestsellers del año. Locuaz y encantador, también hermético, confirmamos que el peso de su padre, aquejado de depresiones severas, incapaz de demostrarle amor, fue, mucho más que Elvis Presley, los Rolling Stones o los Beatles, el motor de su arte y, ay, la dinamo que agita sus propios fantasmas, tantos y tan abundantes que él mismo ha sufrido a lo largo del tiempo varias depresiones y requerido de ayuda terapéutica.

De entrevista en entrevista, Springsteen calla poco y, cuando lo considera imperativo, no deja títere con cabeza. Su muñeco de pim pam pum favorito no es otro que Trump. Los periodistas preguntan y él, qué remedio, dispara: «Siente que va a perder», ha comentado al canal de noticias del Channel 4, en Inglaterra, «lo sabe, y es un narcisista tan tóxico y flagrante que quiere hundir con él el sistema democrático (...) Si se detuviera a pensarlo... pero es el tipo de persona que no reflexiona. Y carece de cualquier sentido de la decencia o la responsabilidad. Dudo que se limite a desaparecer en la noche de forma discreta si Clinton gana. Se irá provocando el mayor lío del que sea capaz. No sé cómo será, pero lo vamos a descubrir pronto». Palabras duras, gruesas, munición fuerte, en la boca de alguien que tardó muchos años en atreverse a saltar a la arena política. Todavía a mediados de los ochenta, cuando Ronald Reagan trató de convertir «Born in the USA» en un himno patriótico, ignorando que la canción denunciaba la situación de los ex combatientes en Vietnam, eligió refugiarse en la elocuencia de sus discos, en el mensaje sombrío y agridulce que transmitían. No fue hasta las elecciones de 2000, en que hizo campaña por Al Gore, cuando Springsteen sumó su voz al debate público.

También ha comentado en el programa de BBC 2, «Drivetime show», que presenta el reputado periodista Simon Mayo, que escribió una canción para Harry Potter, «pero decidieron no usarla. Habría que preguntarles por qué». La canción, en efecto, se titula «I’ll stand by you always», y fue escrita a finales de los noventa. Según la web BruceBase, imprescindible para seguir el rastro de tantas gemas perdidas en su discográfica, Bruce se «inspiró después de leerle los libros de Harry Potter a su hijo más joven, Sam. No es, sin embargo, una canción infantil. En algún momento de 2001 Bruce le ofreció la canción al director Chris Columbus, que estaba dirigiendo la primera de las películas de Potter». La canción fue cedida a Marc Anthony, que grabó una versión, pero tampoco apareció en el siguiente disco del puertorriqueño. «Pensé que encajaría en las películas (de Harry Potter)», ha añadido Springsteen en su conversación con Mayo, «y en algún momento que saliera en una película infantil, porque era una canción bastante bonita».

Hablando de cine, entrevistado por «Rolling Stone», Springsteen comenta que «necesitarías sentir algo de forma muy intensa para justificar que hagas algo distinto, y además quizá careces de ese talento en particular. Si me sintiera urgido lo aprovecharía para el cine, lo intentaría, pero nunca experimenté esa necesidad. Si escuchas ‘‘The Ghost of Tom Joad y Devils and dust’’ comprobarás que esos (discos) son mis pequeñas películas. Encontré que los medios en los que trabajo me han permitido expresar lo que quería decir». Y añade que «cuando era muy joven me ofrecieron varios papeles, me preocupaba diluir mi trabajo como músico y la identidad que me estaba forjando, y me dije a mí mismo:“Voy a volcar todo lo que tengo en lo que hago”». O sea, que nada de seguir los pasos de Elvis o Kris Kristofferson.