Vargas Llosa-Preysler (año III): no más fotos, gracias

Cuando se cumplen tres años de su relación, que ha acaparado cientos de portadas del corazón desde que aparecieran juntos por primera vez en Nueva York, la mediática pareja lleva varias semanas recluida.

Cuando se cumplen tres años de su relación, que ha acaparado cientos de portadas del corazón desde que aparecieran juntos por primera vez en Nueva York, la mediática pareja lleva varias semanas recluida.

Semanas después de que media humanidad celebrase el día de San Valentín de 2015, la otra media supo que nuestra celebridad nacional, Isabel Preysler, y el premio Nobel Mario Vargas Llosa podían haber sucumbido a Cupido. Sin embargo, hubo que esperar a que el boletín oficial de la familia Preysler, la revista «¡Hola!», que según Tamara Falcó «es el álbum familiar», lo hiciera oficial el 24 de junio de ese año. Excepto por unos meses de transición, en los que Vargas Llosa vivió en el hotel Eurobuilding, pasó poco tiempo entre su abrupta salida del piso que compartía con su mujer en el centro de Madrid hasta la instalación definitiva del Nobel en la casa de Preysler. Desde entonces, se han convertido en una pareja inseparable.

Si embargo, ahora llevan alrededor de un mes sin aparecer juntos en público, quizá porque el escritor presenta dentro de unos días un nuevo libro. O, también, puede deberse a que Isabel domina perfectamente el arte de la dosificación mediática. En junio del año pasado saltaron las alarmas cuando un buen tiempo sin figurar en las revistas, pero ya se sabe que si hay boda será íntima, como la propia Isabel nos ha comentado en más de una ocasión: «Nosotros nos sentimos igual que si estuviéramos casados. Yo no tengo ninguna necesidad de pasar por el altar, me siento casada con Mario. Quizá es más un deseo de él por su educación y forma de pensar». Y es que, al parecer, han sido siempre los hombres los que la han pedido en matrimonio, «aunque yo también puedo pedírselo a él, por supuesto que puedo hacerlo», comentaba recientemente.

Un amor de largo recorrido

A estas alturas no tienen tiempo para contemplaciones. Juntos son felices y aunque el escritor aún no la ha convertido en heroína de un libro, seguro que se puede leer entre las líneas de su nueva obra parte de una historia de amor que tiene más recorrido que los tres años que llevan juntos. Isabel acababa de quedarse viuda de Miguel Boyer y Mario, de celebrar medio siglo de casado con su prima, Patricia Llosa. Aunque se conocían desde hacía muchos años, fue la muerte del ex ministro socialista la que desencadenó la ciclogénesis explosiva literaria y rosa. Al principio, por parte de la aún esposa y del hijo mayor de ambos, Gonzalo, se desmintió la relación. Ese contraataque que sonaba a despecho llevaba incluido un par de comunicados incendiarios que fueron pacientemente aguantados por Preysler y pronto sofocados por el escritor enamorado.

De esto ya han pasado tres años, pero han sido más de mil doscientos días de una relación muy intensa en la que han vivido juntos el conflicto familiar que supuso el divorcio de los Vargas Llosa o los problemas con el reparto de la herencia de Boyer. Conflicto del que Preysler no evade la respuesta: «Ni yo ni Ana tenemos ningún problema con la herencia, nosotras hemos hecho todo lo que el albacea y los abogados nos han dicho. Si aún no se ha resuelto es por la otra parte, porque nosotras no hemos puesto ningún impedimento».

Y como en los matrimonios, están juntos en la adversidad y en la riqueza, y con la misma intensidad que han vivido lo malo también han disfrutado juntos de lo bueno, como la boda de Ana Boyer con Fernando Verdasco, los nacimientos de los gemelos de Enrique Iglesias y Ana Kournikova, y onomásticas redondas, como los 80 años del Nobel. Lo celebraron en el hotel Villamagna y fue una inmersión total para Preysler en el mundo social y familiar de Vargas Llosa. Esa noche, el homenajeado me desvelaba que el de su pareja «es el regalo más deseado y que nunca había podido tener, un perro gran danés, al que he llamado, Celine». Luego llegarían las primeras navidades en Miami o las más recientes, en Madrid. El periplo de viajes por medio mundo, incluidos los promocionales con Porcelanosa o los más entrañables, como el que hicieron a Perú, los mantienen ocupados. Como dice la propia Isabel: «La que está agotada soy yo porque Mario tiene una agenda apretadísima y no para, me cuesta seguir su ritmo». Serán sólo tres años los que llevan juntos, pero muy bien aprovechados.