...y todo Hollywood sabía lo que pasaba

Abogados, políticos, compañeros de la industria e incluso los medios de comunicación parecían estar al tanto de lo que era un secreto a voces que ha acabado saliendo a la luz. Es la punta del iceberg.

Ben Affleck junto al productor, al que nunca denunció a pesar de supuestamente conocer sus delitos
Ben Affleck junto al productor, al que nunca denunció a pesar de supuestamente conocer sus delitos

Abogados, políticos, compañeros de la industria e incluso los medios de comunicación parecían estar al tanto de lo que era un secreto a voces que ha acabado saliendo a la luz. Es la punta del iceberg.

Siguiendo el guión de los escándalos en Estados Unidos, Hollywood ha decidido dar la espalda al productor de Miramax inmediatamente después de que quedase claro que no había posible salvación para Harvey Weinstein, el «rey Midas» de la industria. La meca del cine ha pfreferido desviar durante años la mirada para no ver lo que se estaba cociendo en las cloacas de este edificio inmenso que es el cine. Colaboradores directos, secretarias y ayudantes (quienes, al parecer, y según las informaciones recogidas por medios estadounidenses) amañaban sus citas clandestinas, su fiel hermano, escudero inquebrantable, trataron de protegerle como habían hecho siempre. Sin embargo, parece que olvidaron que su silencio en estos casos tan terribles les convierte en colaboradores necesarios de los caprichos sexuales de Weisntein. Las sospechas empezaron cuando una veintena de actores de Hollywood que habían trabajado con el productor se negaron a contestar a las preguntas del periódico «The Guardian» sobre las acusaciones de abuso sexual contra él. Después vendrían los comunicados confusos en los que las «celebrities» estaban más interesadas en dejar claro que no sabían nada que en condenar al depredador de Miramax.

Y los arrepentimientos, entre los que destacan las palabras de Jane Fonda en una entrevista a CNN: «Estoy avergonzada de no haber hablado en su momento», indicó la estrella en alusión a la confidencia que le hizo Rosanna Arquette del acoso sufrido, relatado en los artículos de «The New York Times» y «New Yorker». En cambio, el cineasta Oliver Stone se ha negado a pronunciarse hasta que no haya una sentencia de un juez. Mientras, Quentin Tarantino, «hermano» de Weisntein, como él mismo s ecalificaba ayer, ha pedido un par de días para «digerir» lo ocurrido. «¿Desconocía que prácticamente todas sus actrices habían sufrido acosodel hombre que distribuía sus películas?». La pregunta que circulaba ayer por Los Ángeles.

De este modo, la controversia ha puesto de manifiesto que la meca del cine se divide en realidad entre las víctimas de Weinstein, los que callaban porque les hacía ganar premios y dinero, y los que intentaban sobrevivir lo más alejados posible del depredador. Entre estas últimas destaca la que parecía hasta ahora todopoderosa Angelina Jolie, que en un escueto correo a «The New York Times», reconoció que también sufrió el acoso de Weinstein cuando era joven. Como consecuencia, no volvió a hacer películas con él y advirtió al resto de actrices.

Mientras, la actriz Rose McGowan se ha convertido en la cabeza visible del grupo de más de 30 mujeres que han hablado de los acosos de Weinstein, la cual no ha dudado en señalar a través de Twitter a Ben Affleck y a su amigo Matt Damon, cuyas carreras fueron impulsadas por el productor. «Lo sabían», asegura. Sobre todo Affleck, al que ella se lo dijo personalmente. La controversia por esta «omertá» inclusó salpicó a Twitter, que le suspendió el miércoles la cuenta a McGowan durante 12 horas por supuesto uso de lenguaje inapropiado después de sus acusaciones a los actores. Entre los que han callado las listas ruedan sisn descanso con los nombres de Colin Firth, Bradley Cooper, Daniel Day-Lewis, Brad Pitt, que se enfrentó a Weinstein hace 20 años cuando intentó acosar a su entonces novia, Gwyneth Paltrow; DiCaprio, George Clooney y Ewan McGregor.

Hasta hace pocos días, los productores de Miramax habían afirmado vehementemente que no sabían nada del reprochable asunto. En cambio, a finales de esta semana reconocieron que en 2015 tuvieron conocimiento de ocho acuerdos que alcanzaron sus abogados para evitar llegar a los tribunales con demandas civiles de acoso sexual. Sin embargo, sus excusas no encajan con una extraña cláusula en el contrato de Weinstein, que le protegía de ser despedido en caso de que violase el código de conducta de la compañía. Lo único que tenía que hacer era correr con parte de los pagos de las indemnizaciones para callar a las demandantes. El manto de silencio, de nuevo.

Nueva york no se salva

Hasta esta semana la controversia se había mantenido en Hollywood. Pero hace dos días la Policía de Nueva York emitió un comunicado en el que notificó que va a empezar a investigar un caso de posible abuso sexual, ocurrido en 2004. De presentarse cargos y ser hallado culpable, Weinstein se enfrentaría a una larga condena en prisión. Al mismo tiempo, se confirma que los tentáculos del productor también llegaron a la Gran Manzana, donde nació. El propio «The New York Times» seguía la historia desde 2004, pero no se atrevió a publicarla hasta hace unos días. Mientras, el hijo de Mia Farrow, Ronan Farrrow, denunció que le vetaron un reportaje sobre tres casos de supuesta violación con sexo oral y vaginal en la cadena liberal NBC. Por eso, lo publicó en «New Yorker», revista que decidió sacar su artículos solo después de que el «Times» se atreviese con su primer reportaje.

Por otra parte, estos días los políticos neoyorquinos devuelven las suculentas contribuciones que Weisntein hizo a sus campañas. Entre ellos destacan el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, y el senador demócrata Chuck Schumer. Mientras, el fiscal de Manhattan, Cyrus Vance Jr., al que los abogados que llevaban los casos de Weinstein hicieron numerosas donaciones, tendrá que explicar por qué decidió no abrir una causa contra el productor después de que la Policía de Nueva York le hiciese llegar una cinta de hace dos años donde se le podía escuchar mientras acosaba a una actriz.