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Kate Middleton y el arte de comunicar con la moda

Matricula de honor. Esa sería la nota de Kate Middleton si tuviésemos que puntuar su estilismo en el último viaje de los duques de Cambridge a Pakistán. Kate es una de las princesas europeas más influyentes a la hora de vestir y cada una de sus apariciones se analizan con lupa, desde la ropa al maquillaje.

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La duquesa ya ha demostrado en varias ocasiones ser conocedora del poder de la etiqueta como herramienta de comunicación. Es por ello que casi todos sus estilismos de esta gira se han centrado en la paleta de los verdes, un color perfecto pues rinde homenaje a la bandera del país asiático. En los cinco días que duró la gira real, Kate vistió prendas de diseñadores ingleses y locales y lució accesorios de marcas joyas pakistaníes como Zeen y Satrangi.

Kate es experta en el arte de la vestimenta diplomática y no ha parado de usar su ropa para enviar mensajes al pueblo pakistaní. Con su imagen, Katherine ha reforzado la marca Gran Bretaña y todavía ha ido un paso más allá con sus continuos guiños a la princesa Diana. Y no ha hecho falta que pronuncie ni una palabra.

Con el problema del Brexit en plena ebullición, el matrimonio real ha conseguido en estos cinco días fortalecer los lazos entre Reino Unido y Pakistán y demostrar a la gente local que Gran Bretaña sigue interesada por su pueblo. No hay que olvidar que un millón y medio de ciudadanos británicos tienen ascendencia pakistaní. Además han situado a este país asiático en el mapa internacional, han concienciado a la gente del problema del cambio climático, la educación primaria y la seria intención de cooperación entre ambos países.

Parece difícil que un vestido pueda influir a la hora de conseguir estos objetivos, pero así ha sido. Todo el mundo sabe que vestirse bien es situarse en el mejor punto de partida para alcanzar un objetivo profesional. El matrimonio ha tenido claro que su imagen representa a la monarquía británica y han sabido generar una imagen positiva para comunicar mejor los intereses de su país.

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Las intenciones de Kate quedaron claras nada más aterrizar su avión en Rawalpindi, cuando descendió del avión perfectamente vestida con un anarkali, un conjunto local compuesto por un vestido y unos pantalones entallados. Fue una manera impecable de decir a su país anfitrión “gracias por acogernos en vuestra casa, estoy encantada”. El mensaje fue evidente y ella ni siquiera había salido del aeropuerto.

Los duques tuvieron ocasión de demostrar su respeto por la religión del pueblo durante la visita a la mezquita de Badshahi, donde pudimos ver a William y Kate paseando descalzos. La duquesa se cubrió además la cabeza con un velo tal y como manda la tradición islámica como deferencia a los pakistaníes. Pero el golpe de efecto de la visita se mostró en la recepción que el Alto Comisionado británico en Pakistán ofreció en honor al matrimonio. Los duques descendieron de un colorido rickshaw totalmente conjuntados en tonos verdes;

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Kate lucía un glamuroso vestido de lentejuelas y el príncipe William un sherwani (una chaqueta hasta la rodilla con pantalones a juego típico del subcontinente indio) con la misma prestancia que si lo vistiera todos los días en su casa. El duque de Cambridge supo prescindir de sus clásicos trajes de corte brit para honrar a sus anfitriones apostando por un estilismo acorde a los modos y usos del país.

La duquesa de Cambridge ha puesto realmente el sello de distinción en esta gira y ha conseguido transmitir una imagen muy positiva a nivel internacional. Su vestuario es fruto de un exhaustivo trabajo de meses donde se han potenciado sus cualidades físicas y se ha reforzado su imagen de practicidad en el vestir y el rechazo a los lujos excesivos. Kate ha demostrado la capacidad expresiva que tiene la moda vistiendo ropajes depurados y sin grandes elementos decorativos.

Uno de los principales pilares de la comunicación no verbal es la imagen que proyectamos y la duquesa de Cambridge ha transmitido una imagen de igualdad y cercanía con el pueblo pakistaní. Se la ha visto igual de cómoda jugando al criket o poniéndose una corona de plástico para jugar con una niña enferma de cáncer.

Kate Middleton ha demostrado una vez más que es la mejor tarjeta de presentación para la familia Real británica, una monarquía con unos códigos estéticos muy severos. Un ejemplo de ello es la prohibición de usar pintauñas oscuros en eventos oficiales.

Las mujeres de la familia Real solo tienen permitido hacerse la manicura en tonos naturales o con un barniz transparente. El protocolo real en realidad no dice nada sobre el color de las uñas, simplemente la familia real británica considera que las uñas postizas o pintadas con colores llamativos hacen vulgar a la mujer.

La principal precursora de esta medida es la reina Isabel II, quien lleva desde 1989 luciendo el mismo tono rosado, una laca llamada Ballet Slippers de la marca Essie y que cuesta alrededor de nueve euros. Al parecer la monarca considera que ese tono tan natural combina con cualquiera de sus estilismos.

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El uso del color se extiende a los labios, así que tanto Kate como su cuñada Megan Markle se ven obligadas a llevar pintalabios en tonos pálidos o naturales. Tampoco pueden hacer cambios drásticos en el color de su pelo o colocarse extensiones. De lucir piernas o escotes vertiginosos, mejor no hablemos. Nadie dijo que hacer “marca real” fuera fácil.