Cataluña

Acampadas con glamour

El fenómeno del glampling entierra la aventura de clavar una tienda en el campo. Observar estrellas desde burbujas o pernoctar en cabañas instaladas en la copa de los árboles es la nueva tendencia, eso sí, previo pago de 300 euros por noche.

Acampadas con glamour
Acampadas con glamourlarazon

El fenómeno del glampling entierra la aventura de clavar una tienda en el campo. Observar estrellas desde burbujas o pernoctar en cabañas instaladas en la copa de los árboles es la nueva tendencia, eso sí, previo pago de 300 euros por noche.

¿Le apetecería dormir bajo un manto de estrellas pero sin las incomodidades que conlleva hacerlo en el campo? ¿Quiere sorprender a su pareja pasando una noche en una cabaña fabricada en lo alto de un árbol? A lo mejor le llama más la atención la experiencia de dormir en un iglú sin pasar (demasiado) frío o en una tienda de campaña «tipi» o safari con todos los lujos de un hotel cinco estrellas. Disfrutar de estos contrastes son la última tendencia en escapadas de fin de semana –la exclusividad se paga– y, quien lo ha probado, lo recomienda. Se trata del Glamping, un nuevo concepto que no es otra cosa que «glamour» y «camping»; es decir, lujo en lugares agrestres, extraños o exóticos. Y, además, con una filosofía respetuosa con el medio ambiente y materiales naturales, algo que cada vez se demanda más. Aunque el término que agrupaba este tipo de lugares se creó hace más de una década, en España está entrando con fuerza en los últimos dos años. Las búsquedas de Google del término dan buena cuenta de ello aunque también, con la moda de acuñar cualquier término en inglés, ahora también se le llama «luxury camping» o «posh camping» (camping pijo) pero sobre todo, la proliferación de este tipo de lugares por la geografía española, que da mucho juego para ello. Desde Glamping Hub, una web que ofrece más de 35.000 experiencias por todo el mundo, aseguran que «en España aún no hemos dado el salto definitivo». Y es que el 75 por ciento de los usuarios son estadounidenses. La web, tipo Air B B, la creo David Trolla en 2012 que, mientras hacía un máster en California, se dio cuenta de que las posibilidades que ofrecía en concepto glamping y todo lo que engloba. Porque ellos no ofrecen cualquier lugar idílico sino que tienen que cumplir el requisito imprenscindible de contacto con la naturaleza.

Aunque Reino Unido y EE UU (concretamente la Costa Oeste) son dos de los destinos que más experiencias de este tipo aglutina, España no se está quedando atrás. La variopinta geografía (bosques, playas, zonas desérticas o nieve) hace de nuestro país un lugar ideal para condensar alojamientos en entornos idílicos. Uno de los sitios más exclusivos es el Vivood Landscape en Benimantell, Alicante. Daniel Mayo es el arquitecto, fundador y director general y, después de más de un año dedicándose a la construcción de casas de madera automontables, decidió cambiar el modelo de negocio y diseñar en 2015 el primer «hotel paisaje de España», un tipología aún no desarrollada y basada en el «lujo perceptivo». «La idea era ofrecer una experiencia basada en emociones», explican desde Vivood. Y es que, como la alta cocina, no solo miran por la comida, sino por la experiencia de venir en todo su conjunto. La internacionalidad prima en su clientela: británicos, alemanes y franceses de mediana edad con poder adquisitivo elevado porque los precios van desde los 185 a 350 euros la noche.

Una de las mayores dificultades de estos sitios (y que justifican sus elevados precios) es hacer llegar la electricidad o agua a lugares remotos. En Vivood las suites son independientes y se elevan del terreno tres metros gracias a un sistema de pilotes. Mucho más elevado del suelo lo tuvieron para hacer las cabañas en lo árboles de Zeanuri (Bizkaia). El primer proyecto nació en Cataluña pero luego, según explican sus responsables, «los proyectos y los planes cambian; las personas también pero la filosofía siempre ha sido la misma: una experiencia única en comunión con la naturaleza, lejos del ruido y la contaminación».

Además de las cabañas en el País Vasco, llamadas Zuhaitz Etxeak, crearon los «Carros cíngaros», unos vagones de tren que parecen salidos de un cuento. Mientras las cabañas están pensadas para un plan más romántico, los carros tienen un concepto familiar. «Aunque últimamente, como muchas familias querían venir con los niños a las cabañas, hemos ampliado el número de alojamientos», reconoce. En la cabaña Hontza, por ejemplo, pueden pasar la noche cinco personas. Lo mejor del lugar es, sin duda, dormir en una casita colgada a varios metros de altura en medio de un frondoso bosque de abetos douglas. Por eso toda la construcción supuso un reto para el equipo. «La construcción en altura, la decoración al detalle de cada habitación y hacer llegar agua y electricidad... ha sido todo un desafío, como poner una cama en una habitación a 17 metros de altura». Disponen de ocho cabañas y cuatro carros cíngaros con precios que van desde los 79 a los 290 euros aunque pueden incluirse extras desde 16 euros como una botella de cava o una sesión de spa al aire libre.

De los más espectaculares es el Hotel Aire de Bardenas Reales, en Navarra. Son una especie de burbujas ideales para los amantes de la astronomía o para cualquiera que quiera pasar una noche de lo más especial. La base lunar de bardenas surgió por la relación entre el paisaje desértico y esa sensación de parecer que estás en la luna. También nació en 2015 y la expectación desde entonces ha sido máxima. «Da igual ser mayor, joven, nacional o internacional», explican sus creadores. Dormir bajo las estrellas, a campo abierto, con un horizonte lejano y paisaje insólito es una realidad. «Todos buscan la foto saltando en la cama a modo levitación y nos han llegado a preguntar si hay gravedad dentro de la burbuja. Es como viajar a la luna». Para entrar hay un túnel de despresurización con dos puertas y una de ellas ha de estar siempre cerrada para evitar que la burbuja se desinfle. Una de las dificultades de mantenerlas es que se trata de un material muy sensible y los cambios meteorológicos se viven muy intensamente. Ese «handicap» para los responsables es también un plus para el cliente porque aseguran que el sonido de la lluvia y escuchar mecer el viento es algo único allí dentro. ¿El precio? 285 euros más 10% de IVA. Y, para el invierno puede dejar la experiencia de dormir en un iglú. Está en Andorra y se llama Hotel Iglú Grandvalira. Está a 2.350 metros de altura y está construido 100% con nieve. Cada iglú tiene 20 metros cuadrados. Te dan un saco de dormir y una sábana de algodón especial. Eso sí, te recomiendan que lleves ropa térmica porque la calefacción no puede instalarse si no quiere que se derritan las paredes.

Si puede permitirse cualquier escapada de estas, mentalícese de disfrutarlo, olvidarse del móvil y (re) conectar con uno mismo.