¿Cómo ha de ser la vida extraterrestre para considerarse vida?

Un planeta digno de albergarla es aquel capaz de generar suficiente energía para alimentarla

Un planeta digno de albergarla es aquel capaz de generar suficiente energía para alimentarla

Por desgracia, el único modelo de vida que conocemos es el nuestro, el prodigio de biodiversidad que puebla nuestro planeta. Esta considerable limitación nos obliga a realizar cualquier extrapolación sobre la vida extraterrestre a partir de lo que sabemos sobre la terrestre. La aparente distancia formal entre la lechuga y el mosquito, entre el ser humano y la ameba, entre la medusa y el rinoceronte han de convertirse, por arte de la especulación científica, en modelo

único de estudio.

Los científicos han indagado mucho sobre la habitabilidad de la Tierra: ¿qué es lo que ha hecho de este planeta (apenas un pequeño punto azul pálido, como lo definiera Carl Sagan) merecedor del privilegio de albergar la única vida en millones de kilómetros a la redonda? El empeño estandarizador de la biología nos ha permitido establecer algunas leyes mínimas de habitabilidad que podríamos aplicar a cualquier otro tipo de diversidad biológica que se nos antojara (siempre dentro de los límites que impone nuestro parco conocimiento sobre otras modalidades de vida que ni siquiera podríamos llegar a imaginar y que, no por ello, son menos probables).

Sobre estos fundamentos, ocurre que la única condición imprescindible para que se produzca algún tipo de vida es que exista una fuente de energía. Podemos imaginar seres extraterrestres alimentados por cualquier tipo de sustancia, que utilicen la luz de una estrella para realizar funciones fotosintéticas, que metabolicen gases ácidos de la atmósfera de su planeta, que vivan en las profundidades de la roca soportando presiones imposibles, que respiren oxígeno o que no realicen ningún tipo de respiración. Podemos pensar que esos bichos sean gigantescos animales aferrados al suelo del que extraen minerales y nutrientes o pequeños y veloces organismos que fagocitan los productos químicos del aire. Podemos darles una reproducción sexual o creer que se reproducen por autoclonación en virtud de las condiciones de estrés del ambiente. Prácticamente todas esas posibilidades tienen su par en algún tipo de vida de

nuestro planeta.

Lo que se antoja absolutamente imposible es generar un modelo de vida carente de una fuente de energía que lo alimente. Sea ésta cual fuere (calor, luz, movimiento, reacción química, electricidad, reacción atómica...)

Por eso, un planeta digno de albergar vida debe ser aquel que sea capaz de generar suficiente energía para alimentarla. De momento, la mejor fuente de energía conocida, la más potente, espontánea e inagotable es la luz y el calor de una estrella.
En nuestro caso, el Sol.

¿Hay avalanchas debajo del mar?

Sí. Son muy potentes y están muy bien documentadas. Del mismo modo que se producen corrimientos violentos de grandes masas de tierras y rocas en la superficie, las estructuras rocosas del lecho marino pueden sufrir fenómenos similares. Una de las más famosas en la historia geológica del planeta es la avalancha de Storegga en las costas de Noruega hace 8.000 años. Aquel movimiento desplazó bajo el mar una masa de tierra del tamaño de Escocia. Algunos de estos corrimientos de tierra tienen que ver con movimientos de grandes burbujas de gas en el subsuelo.

La cifra

15 % de los adultos se desmaya cuando dona sangre o se hace un análisis, la mayoría de estos padecen hemofobia, miedo a la sangre.

¿Por qué el café deja tan mal aliento?

Esta infusión que, fuera de la boca, suele tener un aroma agradable para muchos, es responsable de una serie de modificaciones químicas en las mucosas bucales cuando se ingiere. Generalmente tiene cualidades astringentes, por lo que reseca la boca. La falta de saliva favorece la proliferación de bacterias que emiten ácido sulfhídrico y son responsables del mal aliento.