¿Existe la maldición de Simón Bolívar?

Como si del misterio de Tutankamón se tratase, la exhumación del cadáver de la leyenda suramericana se llevó consigo casi tantos hombres como los que osaron «molestarle»

Cuadro de Antonio Herrera Toro que recrea la muerte de Bolívar
Cuadro de Antonio Herrera Toro que recrea la muerte de Bolívar

Como si del misterio de Tutankamón se tratase, la exhumación del cadáver de la leyenda suramericana se llevó consigo casi tantos hombres como los que osaron «molestarle»

No es un caso de historia-ficción, aunque pueda parecerlo a simple vista. La conocida ya como «maldición de Simón Bolívar» es casi un calco de la «maldición de Tutankamón», que ya desentrañamos en un anterior enigma. Sólo que, en lugar de faraónica, a la bolivariana.

Todo empezó la madrugada del viernes 16 de julio de 2010 en Caracas, con nocturnidad y alevosía. El presidente venezolano Hugo Chávez había dispuesto la exhumación de los restos mortales de Simón Bolívar, casi 200 años después de su fallecimiento, con un claro objetivo sobre el que ya pasamos de puntillas al tratar de la psicosis del veneno: acusar a la oligarquía colombiana y venezolana de la muerte del libertador de Venezuela, Panamá, Ecuador, Colombia y Bolivia. Según Chávez, su idolatrado Bolívar no falleció de tuberculosis en diciembre de 1830, de acuerdo con la versión oficial, sino envenenado con arsénico o anhídrido arsenioso, como quiera llamársele: un polvo cristalino de color blanco, con un sabor ligeramente ácido y poco soluble en agua, utilizado ya en la antigua Grecia por Hipócrates de Cos con fines medicinales.

- «Sacrílega profanación»

Chávez no había cesado de proclamar, con su énfasis habitual: «A Bolívar lo asesinaron, lo querían muerto... Yo no me convencí de que Bolívar murió de tuberculosis». Y sólo fue capaz de aportar este perentorio argumento: «Tres meses antes de morir, Bolívar recorrió no sé cuántos kilómetros hasta Bogotá». Una cohorte de cincuenta científicos se congregó en el Panteón de los Héroes venezolanos, donde permanecía sepultado Bolívar desde octubre de 1876. Durante 19 maratonianas horas de trabajo, a las órdenes del médico forense español José Antonio Lorente Acosta, director del Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada, procedieron a la exhumación de los restos, o a lo que algunos calificaron más bien de «sacrílega profanación» para distraer la atención sobre la grave crisis política y económica de Venezuela.

Sea como fuere, lo cierto es que la llamada «maldición de Simón Bolívar» pareció salir del interior de la tumba del libertador, como si fuera el mismísimo sarcófago de Tutankamón. Tan sólo un mes después de que exhumasen su esqueleto, la supuesta maldición se cobró ya la primera víctima: el diputado de la Asamblea Nacional Luis Tascón, carcomido por un cáncer de colon.

Días después falleció también el general retirado Alberto Müller Rojas, uno de los líderes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En septiembre del mismo año, perdió la vida en un accidente de circulación William Lara, ex gobernador del Estado de Guárico.

- ¿Muerte inducida?

Al año siguiente, prosiguieron las muertes inopinadas, empezando por la de Lina Ron, una de las principales activistas del chavismo. La infortunada murió a causa de una insuficiencia coronaria que le provocó un infarto al corazón. Era la cuarta víctima de la pretendida maldición.

La quinta fue Clodosbaldo Russian, presente también en el Panteón de los Héroes venezolanos. Russian expiró en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital de La Habana tras dos meses de tratamiento por un infarto cerebral.

Para colmo de males, el principal impulsor de la exhumación de los restos de Bolívar, el propio Hugo Chávez, tampoco se libró de morir con 58 años, el 5 de marzo de 2013. Dos días después, en un comunicado de prensa oficial del jefe de la guardia presidencial, el general José Ornella, se afirmó que la muerte de Chávez fue consecuencia de un «infarto fulminante» tras una ardua batalla de casi dos años contra el cáncer.

¿Muerte inducida? El nuevo presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, afirmó a la agencia Efe que el Gobierno tenía pruebas de que el cáncer detectado a Chávez en junio de 2011, un año después de la exhumación de los restos de Bolívar, no había sido natural, sino inoculado por los «enemigos históricos» de la víctima.

Por si fuera poco, el 17 de julio de 2015 el historiador Jorge Mier Hoffman, responsable de que el Estado venezolano iniciase la investigación sobre la muerte de Bolívar y defensor entusiasta de la tesis del envenenamiento, fue asesinado en Margarita, en el estado de Nueva Esparta. Unos atracadores le dispararon a las 15:30 horas cuando salía del centro comercial Costa Azul a bordo de su automóvil en compañía de su esposa y de su nieta. Trasladado con urgencia a la Clínica La Fe, falleció poco después a raíz de los impactos de bala. Hoffman era el creador de la primera imagen holográfica de Simón Bolívar, que tanto hizo llorar de emoción a Hugo Chávez. ¿Casualidad o causalidad? Eso ya corresponde juzgarlo al lector.

El proceso de exhumación de los restos de Simón Bolívar se llevó a cabo en presencia del ministro de Interior y Justicia venezolano, Tarek El Aissami, y de la fiscal general, Luisa Ortega Díaz, presentes junto a los expertos en el Panteón de Héroes. Hugo Chávez se mostró eufórico a través de su cuenta de Twitter: «Hola mis amigos. Qué momentos tan impresionantes hemos vivido esta noche. Hemos visto los restos del Gran Bolívar. Tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada». Cuando escribió eso, Chávez no podía sospechar ni tan siquiera que justo un año después iba a ser diagnosticado de cáncer, ni mucho menos que la exhumación de los restos mortales del libertador pudiese costarle la vida. Chávez no creía en las maldiciones sino en la maldad de sus enemigos políticos, alrededor de los cuales tejió siempre una teoría conspiratoria, como su sucesor, Maduro.

@JMZavalaOficial