Por grupo sanguíneo: Más fruta y menos carne

Esta dieta nace en 1950 de la mano de James D’adamo, un naturópata que creyó establecer una relación entre los alimentos y la sangre.

Esta dieta nace en 1950 de la mano de James D’adamo, un naturópata que creyó establecer una relación entre los alimentos y la sangre. Fue su hijo Peter quien concluyó que los grupos sanguíneos tenían mucho que decir en la alimentación, ya que eran fruto de la evolución y surgieron como respuesta al entorno alimentario en el que vivieron nuestros antepasados. Así, cada persona debía optar por unos alimentos y rechazar otros diferenciando entre cazadores (grupo 0), agricultores (grupo A) y pastores (grupo B), una mezcla de los anteriores (grupo AB).

Lo bueno

- Un estudio de 2014, publicado por la facultad de medicina de Toronto, afirma que «seguir determinadas propuestas dietéticas, según el patrón planteado por la dieta del grupo sanguíneo, está asociado con algunos beneficios sobre los factores de riesgo cardiometabólico. No obstante, esta asociación es independiente de los genotipos A, B, AB o 0 de los inviduos». O lo que es lo mismo, el patrón correspondiente al grupo sanguíneo A, que se basa en potenciar el consumo de frutas y hortalizas y una baja ingesta de productos cárnicos, sí muestra beneficios en la salud. Estas recomendaciones son las mismas generalizadas por organizaciones como la Organización Mundial de la Salud y otras instituciones sanitarias con el mismo fin.

Lo malo

- Hasta la fecha, distintas organizaciones, colegios, asociaciones y federaciones españolas especializadas en nutrición afirman que no existe una relación científica comprobada entre el tipo de sangre y la utilización de tejido graso. Además, la prohibición de alimentos hace que la dieta esté asociada con sensaciones de hambre y sufrimiento e induce a la pérdida de masa libre de grasa, en vez de masa grasa.

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