Historia

Ramón Franco, ¿accidente o asesinato?

Enigmas de la Historia

Su muerte en una misión en la madrugada del 28 de octubre de 1938 a bordo de un trimotor con la estructura de madera siempre ha dado pie a muchos interrogantes y ha adornado la leyenda de su fallecimiento.

El hidroavión Cant 506 como el que pilotó por última vez Ramón Franco, el hermano masón y republicano del Caudillo, la madrugada del 28 de octubre de 1938, era un trimotor de fabricación italiana con una increíble particularidad: su estructura era toda de madera, lo cual da idea al lector de lo vulnerable que resultaba el avión ante el menor impacto.

La carlinga era estrecha y tenía dos alturas: una más elevada, donde iban los puestos de mando del primer y segundo piloto, con ventanillas laterales por las que veían y podían ser vistos desde el exterior; y otra inferior, donde viajaban el observador y el mecánico, seguidos un poco más atrás por el radiotelegrafista. El pasillo era tan angosto, que resultaba casi imposible que dos personas pudieran cruzarse al mismo tiempo por él.

Al filo de las seis de la mañana, los Cant 506 de Ramón Franco y Rodolfo Bay despegaron de la base de Pollensa (Palma de Mallorca) con un tiempo de perros, volando juntos a la vista el uno del otro. Poco a poco, remontaron la nubosidad y ganaron altura.

Ramón, igual que su segundo piloto, Joaquín Domínguez, se había puesto los guantes y el sobrecuello de piel antes de despegar. Como el ataque al puerto de Valencia, en plena Guerra Civil, iba a efectuarse a 4.000 metros de altura, era fácil predecir el intenso frío a bordo del avión.

Todo parecía así controlado. Pero, al aproximarse a un cumulonimbo, tanto Ramón como Bay, que le seguía a escasa distancia, sintieron de repente que sus aviones empezaban a perder potencia y velocidad.

Bay pulsó enseguida el mando de los flaps (dispositivos de hipersustentación) para evitar perder el control de la nave. Entonces, observó cómo el avión de Ramón realizaba un brusco picado para meterse de lleno en la nube. Fue la última vez que lo vio. Bay sorteó el cumulonimbo y siguió volando unos minutos a la espera de que el aparato de su jefe saliese de la nube. Intentó contactar por radio con éste, pero fue imposible. Poco después, sobrevoló el mar sin hallar el menor rastro del avión desa-parecido. Abrumado, decidió regresar a la base para informar cuanto antes de todo lo que había sucedido.

ALARMA REAL

Una vez allí, Bay relató que cuando ambos aviones se acercaron al cumulonimbo, le pareció observar una inusitada agitación en la cabina de Ramón; distinguió un continuo ir y venir de las cabezas del observador, el mecánico y el radiotelegrafista, cuyo puesto estaba en el pasillo inferior de la cabina, lo cual evidenciaba que se habían puesto en pie.

Los tres parecían comentar alguna incidencia importante con Ramón y el teniente Sangro. Bay no fue capaz ya de precisar si aquella supuesta alteración se debía a un estado de alarma real o si, por el contrario, obedecía al normal intercambio de rápidas comunicaciones sobre la disminución de velocidad o el empleo de los flaps.

El cuerpo de Ramón Franco, hallado finalmente en el Mediterráneo, presentaba una herida en la sien izquierda en forma de circunferencia de un centímetro de diámetro. El agujero era limpio, con los bordes algo negruzcos y sin restos de sangre, debido al lavado del agua de mar.

A simple vista, al cuerpo del héroe del Plus Ultra, el mismo que había atravesado el Atlántico Sur en 1926 a bordo de una cafetera volante, le faltaba parte de una pierna, desde más abajo de la rodilla. Pero el oficial reparó luego en que en realidad estaba fracturada; era la misma pierna que Ramón se había roto al derrumbarse el estrado mientras arengaba a la multitud en un mitin republicano.

Respecto a la herida en la frente, el teniente Fernández barajó al principio que pudiera tratarse de un impacto de bala a causa de un suicidio o de un asesinato.

Pero, tras reflexionar luego, se convenció de que ambas hipótesis carecían de sentido, tratándose de un avión que se precipitaba al vacío desde una altura de 3.000 metros, zarandeado dentro de un cumulonimbo, mientras los pilotos pugnaban desesperados por hacerlo volar para que los sacara de la maldita nube. Más inaudito le parecía que el presunto suicidio o asesinato se hubiese producido en el agua, pues nadie hubiera sobrevivido a un impacto tan brutal.

Al final, llegó a la conclusión de que la incisión era consecuencia del choque de Ramón contra alguna superficie saliente de la cabina.

¿Realidad o fantasía? ¿Accidente o asesinato?

A falta de una investigación oficial, en la tarjeta personal de Ramón Franco se hizo constar simplemente: «Fallecido en accidente de aviación a causa del mal tiempo».