Doña Letizia, la gran ausente en el cumpleaños de Doña Pilar

Don Juan Carlos, Doña Sofía, el Rey Felipe y la Infanta Elena no faltaron a la comida de cumpleaños en la residencia de verano de la Infanta Pilar, a la que también asistieron sus amigos más íntimos de Palma de Mallorca

Don Juan Carlos, Doña Sofía, el Rey Felipe y la Infanta Elena no faltaron a la comida de cumpleaños en la residencia de verano de la Infanta Pilar, a la que también asistieron sus amigos más íntimos de Palma de Mallorca

Oficialmente nadie dijo que la Reina Letizia tuviese intención de acompañar a su familia política a celebrar el cumpleaños de la hermana mayor de su suegro, el rey Don Juan Carlos. Era más la lógica de que pudiera hacerlo que la decisión final que ha tomado de no acudir al almuerzo-celebración del 80 aniversario de la infanta Pilar en su residencia veraniega en la urbanización Sol de Mallorca. Ha decidido quedarse en Madrid, al cuidado de sus hijas, Leonor y Sofía.

Ayer sábado amanecía la bahía de Palma completamente despejada de nubes. El rey Felipe aprovechó para salir pronto del palacio de Marivent, vestido con ropa informal y por la puerta lateral de servicio, la que da a los contenedores de la empresa CLH (Carburos Líquidos Hidrocarburos). Regresó con el tiempo justo para cambiarse de ropa y recoger a sus padres y hermana, la Infanta Elena, y poner rumbo en dos coches oscuros hacia la urbanización en la que vive la homenajeada en la localidad de Calvià.

Mientras Doña Sofía lleva ya unos días disfrutando de sus vacaciones en Mallorca, el Rey emérito llegó ayer mismo procedente de Perú, donde acudió como representante de España a la toma de posesión de Pedro Kuczynsk, como presidente del país. Don Juan Carlos no mostraba signos de «jet-lag», pero no se sabe si tras el cumpleaños decidió quedarse a descansar en Marivent, o si por el contrario, optó por regresar a Madrid.

En la estrecha calle de Joan Miró, una vía de dos direcciones, apenas había signos que pudieran hacer sospechar que en una de las viviendas compartirían techo tres reyes y dos infantas. Tan sólo los ocho coches aparcados en la puerta anunciaban que en el interior iba a tener lugar algún tipo de celebración. Sin embargo, la Casa Real ya tenía desplegado el operativo de seguridad e intendencia, medio centenar de efectivos y el perro «Berni», un pastor belga Groenlandia mezclado con pastor alemán de ocho años olisqueaba los bajos y maleteros de los vehículos.

Sobre las dos de la tarde, se abría el portón del garaje de la casa, que fue propiedad del ganadero Samuel Flores. Una chalet de estilo moderno, un rectángulo de dos alturas blanco, que permitía la entrada directa a la casa del coche que conducía el rey Felipe y que llevaba de copiloto a su hermana, la infanta Elena. Les seguía un segundo coche, a muy corta distancia, conducido por un chófer que trasladaba a los reyes eméritos, don Juan Carlos con chalejo azul sobre camisa del mismo color, y Doña Sofía con un amplio blusón azulón, hasta la residencia de Doña Pilar. Ninguno de los cuatro miembros de la familia real posó para los tres fotógrafos que esperaban pacientemente, bajo una solanera de justicia, a 32 grados a la sombra de las adelfas. Tan solo la infanta Elena, con la simpatía que le caracteriza, levantó la mano y sonrió, a modo de saludo. Llevaba el pelo largo, suelto y muy rizado, y se protegía con su ya clásico sombrero de paja y gafas tipo aviador de espejo. Vestía un amplio pantalón blanco con estampado en tonos naranjas y camiseta y chaqueta blancas que adornaba con un collar de cuentas naranjas terminado en borlón del mismo tono. También acudió sin la compañía de sus hijos. Tampoco salió a saludar la cumpleañera, aunque sí lo ha hecho en otras ocasiones.

A las tres menos cuarto, entre la algarabía de los niños, los nietos de la duquesa de Badajoz, se escuchó decir a la infanta: «Venga, todos a sentarse» y a continuación las quejas infantiles que no querían terminar su tiempo de ocio en la piscina.

La comida no se encargó a ningún catering sino que se preparó en la propia casa. De hecho, Doña Pilar acudió unos días antes, junto a su hijo Fernando, al mercat de Santa Catalina, en Palma, donde suele comprar cuando se instala en su residencia de verano, normalmente de junio a octubre. Reservaron carne y pescado. Finalmente, el menú consistió en una caldereta de cigalas que se sirvió en el exterior de la vivienda, bajo un porche ajardinado y sombreado por dos pinos y una palmera.

Doña Pilar conseguía reunir alrededor de su mesa a su hermano pequeño y a su cuñada, «Sofi», como ella cariñosamente le llama. Además, sus sobrinos, Felipe y Elena, y sus cinco hijos con sus respectivas parejas, excepto la de Beltrán Gómez-Acebo. Andrea Pascual ha preferido quedarse en Madrid con su hijo que al nacer prematuro permanece ingresado en la incubadora. El pequeño Juan, que así se llama en homenaje a su bisabuelo, el Conde de Barcelona, evoluciona favorablemente y es posible que sea dado de alta la próxima semana.

No acudió a Calvià ningún representante de la familia Urdangarín-Borbón, ni tampoco de los Zurita-Borbón, ya que doña Margarita se encuentra en su casa de Madrid recuperándose de su operación de cadera y rodeada de sus hijos y su marido, que no se apartan de ella.

La velada familiar fue muy relajada y distendida, tanto que sobre las cuatro menos cuarto se escuchó cantar el cumpleaños feliz, en español y la hermana del Rey Juan Carlos, apagó sus 80 velas. Tomaron tarta mallorquina, suflé, cafés, infusiones y, a continuación, se organizó una distendida sobremesa que comenzó al tiempo que empezaba a escucharse de nuevo el griterío de los nietos en el jardín. Los primeros en abandonar el cumpleaños fueron Don Felipe y Doña Sofía que lo hacían pasadas las cinco y media. El Rey conducía, la Reina Emérita se situaba en el asiento del copiloto rumbo a Marivent. Doña Sofía ha sido la primera en llegar este año a la isla, a principios del mes de julio. No se sabe aún si Doña Sofía acompañará a sus nietos a inscribirse en el curso de vela que normalmente realizan en el mes de agosto en Calanova.

Por su parte, mañana Don Felipe, está previsto que inaugure su agenda de actividades institucionales en la isla, en el Palacio de la Almudaina. Don Felipe realizará también tareas de despacho tanto en Marivent, como también desde el Palacio de la Zarzuela, hasta donde se desplazará desde Palma a lo largo de la semana. Todo depende de cómo se desarrolle la actividad política.

- Adiós desde el pórtico

Don Juan Carlos y la Infanta Elena abandonaron la celebración dos horas más tarde, junto a otros amigos íntimos que muy amables indicaron, a su salida a pie, que lo habían pasado muy bien y que la homenajeada estaba feliz y muy guapa vestida con un blusón azul claro. Don Juan Carlos y su hija también saludaron a su salida, agradecidos, por la tediosa espera de los reporteros en el exterior de la casa. En anteriores cumpleaños, Doña Pilar había salido a la terraza a despedir a sus invitados, pero en esta ocasión prefirió hacerlo desde el pórtico de la puerta a resguardo de objetivos y eso que un periodista mallorquín, Julián, le había llevado dos días antes una tarta de cumpleaños.

La agenda «no oficial» del Rey

El cumpleaños de la Infanta Pilar ha sido sin ella pretenderlo, el inicio de la agenda «no oficial» de las vacaciones regias en Palma de Mallorca. Que a tenor de la ausencia de la reina Letizia, la no presencia de ningún miembro Urdangarin-Borbón y el frío comportamiento de toda la familia con la prensa será una estancia de perfil bajo o «en funciones» como el Gobierno. En esta «agenda» se apunta a que mañana la reina Sofía podría insciribir a Felipe Froilan y Victoria Federica al curso de vela en Calanova y que el miércoles podrían llegar a la isla, los nietos Urdangarín-Borbón.

Felipe Juan, de vacaciones en Santander

Uno de los ausentes en la celebración del 80 cumpleaños de Doña Pilar fue Felipe Juan. Y es que mientras su madre viajaba hasta Mallorca con sus padres y hermano para acudir al aniversario de su tía, «Pipe» de Marichalar, como así lo conocen sus amigos, se encontraba en Santander, ciudad en la pasa sus vacaciones y donde por cierto acudió antes de ayer a una corrida de Gonzalo Caballero, su amigo torero, de 25 años. El sobrino mayor del Rey se dejó ver en el tendido 1 de la plaza de toros con parte de su pandilla, en la que figura el propio hermano del diestro, Ricki Caballero, y «Joako» Monroy (a su derecha en la imagen), que compagina su profesión de lotero con el de relaciones públicas del madrileño Teatro Barceló, donde el pasado 17 de julio el primógenito celebró su mayoría de edad. Completan la pandilla vip Marcos Alonso, futbolista de la Fiorentina italiana, y los primos de éste, Miki y Javier Díaz Alonso. En la tarde taurina Froilán tuvo que pasar el mal trago de ver cómo el toro que le había brindado su amigo le cogía hasta en tres ocasiones, aunque finalmente ninguna revistió gravedad. El hijo de Doña Elena, que este año ha sacado unas notas excelentes, disfruta de sus vacaciones en Santander y se prevé que también pase unos días en Marbella.