Rappel: «Hace veinte años me secuestraron hora y media»

Aunque media España le ha consultado su futuro, nunca se ha echado las cartas a sí mismo: «No es cuestión de miedo, sino de imparcialidad», afirma. A los 72 años ha debutado como actor en el Teatro Rialto

Aunque media España le ha consultado su futuro, nunca se ha echado las cartas a sí mismo: «No es cuestión de miedo, sino de imparcialidad», afirma. A los 72 años ha debutado como actor en el Teatro Rialto.

Rappel no necesita ninguna carta de presentación, aunque se trate de un hombre pegado a una baraja. Tiene una casa que parece un plató de televisión, una terraza de 1.500 metros y dos pequeños perros por los que muestra devoción. Rappel tiene tanto nom-
bre como historia, contesta con simpatía y vive con alegría. Aunque tiene nombre de deporte de montaña, prefiere pasar los veranos frente al mar: «Me encanta contemplarlo, oír las olas, su olor, pasear de noche por la orilla. Sentarme frente a él me carga las pilas». Asimismo, confiesa que la montaña le da nostalgia y que los deportes no le gustan. «Soy muy vago y perezoso. En un gimnasio no me van a encontrar». A punto de cumplir 72 años, ha debutado como actor teatral en «El secuestro del adivino», una divertida comedia que estará en el Teatro Rialto, de momento, durante este mes de julio. ¿Y después? Adivinen, adivinanza...

–¿Alguna vez le han secuestrado?

–Hace unos 20 años cinco personas entraron en mi casa, encapuchados y armados, me amordazaron y me esposaron. Estuve secuestrado durante hora y media.

–¿Cómo consiguió escapar?

–Siempre pensé que fue un chivatazo de alguien del servicio, porque coincidieron muchas cosas. Vivía con mi madre y con mi hermana, pero justo ese día estaba solo en casa. Vino mi secretario a buscarme.

–¿Cuánto pediría por su rescate?

–No hay dinero para pagar la vida de una persona. Fue la situación más trágica que he vivido, aunque la llevé con mucha serenidad y tranquilidad.

–¿Puede la realidad superar a la ficción?

–Lo único que les pedí fue que no me mataran. Les veía locos. Pasaron el control que había en la entrada con una furgoneta y dijeron que venían a arreglar la caldera. Parecían obreros. Yo tenía en ese momento en el chalet cinco perros hogareños, que jugaban con todo el mundo. Saltaron la valla. Vivía en una casa sin rejas, confiado y tranquilo, en una urbanización donde nunca habían atracado. Vinieron a robar joyas y dinero.

–¿Se ve como actor?

–Me encuentro con muy buen propósito, pero con un poco de inseguridad y miedo al público. Se trata de mi inicio en la profesión y debutar a los 72 años que voy a cumplir es un poco...

–Nunca es tarde...

–Soy una persona que siempre tiene ilusión, motivación, ganas de hacer cosas, de renovar, de vivir situaciones nuevas... No me corta el hecho de tener más edad. Cuando me lo propusieron pensaba que era una broma de cámara oculta.

–¿Su futuro pasa por los escenarios?

–¿Por qué no?

–Quizá sea cuestión de echarse las cartas a sí mismo.

–Nunca me las he echado, ni me he leído la mano. Para mí no puedo ser imparcial, ya que quiero todo lo bueno. No es cuestión de miedo, sino de imparcialidad. En cualquier caso, lo intentaré hacer bien, porque a lo largo de mi vida he tenido unas facetas muy diversas. Y no es por falsa modestia ni orgullo, pero en todas he salido con éxito. Triunfé como modisto, llegando a vestir a las grandes señoras de este país; llevé la sala de fiesta Florida Park durante sus años grandiosos; y fui el creador de la idea de llevar una prenda roja en las noches de fin de año, cuando no existía la ropa interior roja. He creado muchas tradiciones. Ahora todos los periódicos y revistas tienen horóscopo, pero cuando yo empecé no lo tenían.

–Vamos, que se considera un triunfador.

–Sí. Soy responsable y trabajador. Y muy perfeccionista.

–¿Hasta cuándo estará sobre las tablas?

–He firmado para todo este mes de julio, pero están hablando de ampliar un tiempo más. Yo estoy dispuesto a coger la maleta e irme por ahí a recorrer las provincias.

–¿Y después?

–Si tengo un paréntesis de descanso, me bajaré a Marbella, donde llevo 50 años veraneando. Pero si no puedo por temas de trabajo, también estaré feliz.

–¿Marbella?

–Siempre he sido del Mediterráneo. Pasé mi infancia y mi juventud en la Costa Brava, donde veraneé hasta los 16 años. Luego tuve una casa en Benidorm y después me compré mi primera casa en Marbella, hace ahora 40 años.

–Deben de gustarle mucho las discotecas...

–Ahora voy menos, pero me gusta mucho el mundo de la noche. Nunca veo la hora de acostarme. Durante los 10 años que estuve al frente del Florida Park dormía tres horas al día.

–Usted llegó a echar las cartas a Franco. ¿Qué le dijeron?

–También se las eché a la Pasionaria. Nunca he militado en ningún partido, pero que el Jefe del Estado me llamara para echarle las cartas fue una gran satisfacción. Franco me dijo que si le podía preguntar a las cartas, porque su vida se la sabía –fue cuatro años antes de morirse–, por sus nietos. Esto no lo saben ni ellos ni su hija. No te voy a contar lo que vi, pero se emocionó y me confesó que le había hecho muy feliz.

–¿A quién le gustaría echárselas hoy en día?

–A Felipe VI y a Doña Letizia.

–¿Cuál es el lenguaje de las cartas?

–Es simbolismo. En la baraja española los oros representan dinero; las espadas, problemas; los bastos, trabajo y estudio; y las copas, invitaciones, juergas, fiestas, amoríos... Aunque a mí me encanta el tarot egipcio.

–¿Tiene toda la información al alcance de una mano?

–No. Sería una prepotencia por mi parte. Analizando la firma de una persona, su caligrafía, se puede saber mucho. Pero todos, los leo o los piscis, no somos una calcomanía. Los humanos no somos como moldes, aunque tenemos características muy similares.

–¿Sabría decirme en lo que estoy pensando ahora mismo?

–No, pero sé cosas de ti. Yo puedo estar cenando en un restaurante, mirar a un comensal de otra mesa y que me venga algo. Puedo ver a una persona reír y saber que en casa tiene a un familiar cercano enfermo.

–Dígame lo más curioso que ha adivinado.

–A una señora muy conocida en este país, madre de tres hijos, le adiviné que su marido no es el padre de ninguno.

–¿No me desvela el nombre?

–Eso irá a la tumba conmigo.

–¿Y qué le gustaría adivinar?

–La fecha del descubrimiento de la cura del cáncer. O la fórmula para erradicar el hambre en el mundo.

–¿Es usted un adivino?

–No. Me siento una persona con una sensibilidad especial, más aguda de lo normal, que llevo desarrollando desde pequeño. Me vienen imágenes, pero no adivino todo. Tengo mis errores. Aunque percibo cosas.

–Adivine, adivinanza... ¿quién será el próximo presidente del Gobierno?

–(Risas) Hablar de política y de fútbol crea enemigos. Parecería que estoy en contra de quien no vea como favorito. Me gustaría ver a un político con la suficiente credibilidad, honradez y seguridad como para formar un equipo realmente con ganas de levantar este país.

–¿Le asusta el futuro?

–(Piensa) Me asusta porque se van cambiando muchas cosas y muchas de las que se modifican no me gustan.

–¿Y cuando ve algo malo?

–Nunca le he dicho a nadie que se moriría pronto, aunque lo haya podido ver.

–¿El destino existe?

–Sí, pero somos dueños de él.

–¿Dónde ha hecho la predicción más extraña?

–(Risas) Hay 3.000 maneras diferentes. La más curiosa es por el aura de los pezones, donde se ven cosas de la actividad sexual.

–Dicen que hay quien le propuso leer el futuro a través de su pene...

–Sí (risas). Un señor muy famoso, un cantante de éxito internacional. Los hombres que tienen un lunar en el pene y las mujeres que lo tengan en la rabadilla son infieles por naturaleza. Además, las mujeres con lunares en el centro de los dos pechos tendrán pretendientes toda su vida, aunque hayan cumplido 100 años.

–¿Cuánto se cree a sí mismo?

–Todo lo que digo me lo creo. Tengo confianza, mucho tesón y fuerza de voluntad. Cuando echo las cartas intento ser responsable y tener el equilibrio y la tranquilidad para que lo que le esté diciendo a quien tenga enfrente sea verdad.

–¿Y qué les diría a quienes no creen en la videncia?

–Me parece fenomenal. Lo respeto. No intento convertir a nadie, pero le diría que se someta a que un profesional le eche las cartas. Y a ver si le adivinan...

–¿Nadie le ha tachado de loco?

–No. Nadie que haya venido a mi consulta puede decir que no le haya acertado algo. Para mí es un reto adivinar cosas de la vida de quienes vienen a verme.

–¿Y si usted vislumbrara el fin del mundo?

–El mundo no se acabará.

–Antes de futurólogo fue modisto. Sin embargo, siempre viste con túnicas...

–Cuando empecé a irrumpir en el mundo de la moda, con 18 años, me quería crear una imagen. Las camisas de cuello vuelto y los blusones me ayudaron para pasar de ser Rafael Payá a Rappel.