¿Puede un hijo parecerse más a otro hombre que a su padre?

Uno de los fenómenos más intrigantes de la herencia genética en la telegonía que consiste en la transmisión de caracteres físicos en descendencias posteriores a las del primer padre. Desde tiempos de Aristóteles circula la idea de que un niño puede parecerse menos a su padre que a una anterior pareja de la madre. El escenario no deja de ser perturbador para cualquier progenitor de buena fe: contemplar que el retoño nacido de las entrañas de tu pareja se parece a un antiguo novio de ella. El asunto fue estudiado por filósofos y científicos de todos los siglos y temido por los genealogistas de las casas reales de todo el mundo. Que un heredero se parezca más a un antiguo marido de la reina puede ser causa de graves crisis de Estado. En 1820 el conde de Morton, noble inglés dedicado a la cría de animales exóticos, quiso domesticar una especie de cebra conocida como cauga y hoy extinguida. En varias ocasiones cruzó a este animal con una yegua para obtener híbridos con cierto parecido a la cebra. Pero cuando cruzó a la yegua con un semental de pura raza árabe, sorprendentemente las crías también conservaron rasgos del color y el pelaje del cauga. «El cauga, sin duda, ha afectado al carácter de la descendencia que posteriormente ha engendrado el caballo árabe», apostillaba nada menos que Charles Darwin en un debate sobre el tema en Royal Society de Londres

Pero el asunto de la telegonía (esa impregnación de caracteres físicos en descendencias posteriores de la mujer) no había sido tomado muy en serio por la ciencia. Hasta que en 2014 una investigadora australiana, Angela Crean, dio con la prueba más inesperada. Se dedicó a cruzar machos de mosca de diferentes tamaños con hembras inmaduras y no fértiles. Evidentemente, de esos cruces no surgió descendencia alguna. Más tarde, con las hembras ya desarrolladas, Angela volvió a propiciar cruces pero con machos diferentes. Aunque parezca mentira, las crías se parecían a los primeros machos más que a los segundos. De ellos habían adquirido rasgos como el tamaño. Los expertos creen que el esperma del primer macho fue absorbido por el organismo femenino produciendo algún tipo de modificación molecular que afecta a la prole posterior.

De manera que podría ser que un hijo se pareciera más al vecino que a la madre si la madre y el vecino mantuvieron en el pasado relaciones sexuales (aunque el niño ni fuera fruto de esa relación). La telegonía entre humanos, sin embargo, no está documentada. Para producirse la en la especie humana los espermatozoides tendrían que impregnar con alguna sustancia masculina a los óvulos de la mujer que esperan el turno de la ovulación. Sería en esa «espera» cuando el espermatozoide debería traspasar la membrana transparente protectora y depositar su material genético pero no fecundador y dotar de ciertos rasgos a un óvulo que luego sería fecundado por el padre real de la criatura.

Curiosidad

Distintos experimentos con animales demuestran que las crías conservan rasgos de las anteriores parejas de la madre

¿Estar enamorado es bueno para la salud?

Sí. En ello coinciden de forma unánime los especialistas: las relaciones de pareja cariñosas y una frecuente actividad sexual favorecen la salud.Ocurre por varias cuestiones. La primera, nuestras hormonas, ya que en la fase de excitación aumenta la secreción de oxcitocina. El efecto causado, en este caso, de forma inconsciente nos sitúa en el modo de atender las necesidades del otro, además de intervenir en la formación de los sentimientos. Además, en la unión de los miembros de la pareja se elimina estrés y nos invade una buena sensación de plenitud y goce. Esto se debe a las endorfinas, también conocidas como las «hormonas de la felicidad», aunque no son hormonas, sino opioides de secreción interna que suscitan en el cerebro sensaciones tales como éxtasis, anestesia y bienestar. Un estudio a largo plazo con 90.000 norteamericanos ha corroborado recientemente que las endorfinas y las oxitocinas refuerzan nuestras defensas corporales.

La cifra

5 gramos es el máximo recomendable de sal al día según la Organización Mundial de la Salud.

¿A qué altura vuelan los aviones anti-incendio?

Nunca deberían lanzar la carga de agua por debajo de unos 15 metros (50 pies). No es bueno que el piloto suelte el agua muy cerca del terreno porque de esa manera no se moja toda la superficie, con lo que se generan pequeños focos secundarios. Otro aspecto en el que influye la altura desde la que se ataca el incendio es la velocidad horizontal del líquido.
Es importante que la carga tenga tiempo de frenar en el aire y que caiga sin el impulso que hereda de la avioneta. Si no, moja el material ardiente solo por una cara, algo insuficiente.