El decreto para llevar un frac

El presidente ha dado un nuevo traspiés estilístico en la cena ofrecida por los reyes al presidente de Perú. El largo del chaleco y los pantalones pitillo no fueron según los expertos la mejor elección

Pedro Sánchez, en el besamanos ofrecido por los Reyes al presidente de Perú, Matín Vizcarra
Pedro Sánchez, en el besamanos ofrecido por los Reyes al presidente de Perú, Matín Vizcarra

Parece que Pedro Sánchez ha decido acercarse a la etiqueta masculina de la misma manera en la que está gobernando: por decreto. Pero esto es complicado cuando hablamos de moda.

Parece que Pedro Sánchez ha decido acercarse a la etiqueta masculina de la misma manera en la que está gobernando: por decreto. Pero esto es complicado cuando hablamos de moda. No es tan sencillo llegar al estilo, o sino que se lo pregunten a Leo Messi, cuando hace unos años solía acudir a recoger su Balón de Oro vestido con los llamativos esmóquines de Dolce & Gabbana. Pero sí que es cierto que cumplir una serie de normas que marca el protocolo ayudan mucho a saber dar en el clavo. Y es que si para algo está el protocolo (por mucho que algunos se atrevan a criticarlo) es para saber cómo acertar, cómo no pasarse de las líneas rojas del buen gusto. Una vez uno controle ese territorio, es factible saltárselo, pero mientras tanto lo mejor es intentar seguir la pauta. Y más en el caso de Pedro Sánchez: es el presidente del Gobierno y acude como invitado al Palacio Real, es decir, ni siquiera es el anfitrión. Y peor aún, allí tiene que verse las caras con Felipe VI, uno de los hombres que mejor saben llevar un traje de etiqueta.

Vamos a empezar por el principio. Y el principio fue el frac. Se trata de un traje que se hizo popular durante el siglo XIX, sobre todo a mediados de aquella época. El hombre, tras la Revolución Francesa y el cambio de régimen decidió olvidarse de las coloristas modas galas y la rígida etiqueta de la corte de París, y giró la vista al Reino Unido. Allí encontró un estilo más relajado y vinculado con los negocios que respondía muy bien al hombre nuevo que se estaba forjando, lejos de la nobleza y más cercano a la burguesía. Rechazó los tonos vivos y prefirió el negro, con algún detalle si acaso más llamativo que reservaba para piezas como el chaleco. De esta forma se distanciaba de la mujer, a la que se metió en las bellas ‘jaulas’ que resultaban ser aquellos vestidos llenos de tela y todo tipo de diseños de textiles. Ellas eran la representación de la riqueza familiar; mientras que el hombre, con la sobriedad del negro, se dejaba ver como un serio caballero de negocios.

De la herencia de la indumentaria inglesa es de la que surge el frac, que, de hecho, recibe el nombre de una chaqueta con colas que se llamaba así. Poco a poco se fue configurando como la máxima etiqueta masculina, similar al traje de corte de la nobleza, y así es como se ha quedado configurando por ahora. Durante la mañana usaremos su versión diurna: el chaqué.

Hay gente que a veces confunde el frac con el esmoquin, un conjunto que es resultado de un capricho del Príncipe de Gales. El futuro Eduardo VII quiso cortar las colas de la chaqueta de frac para hacerla más informal. Y así es como nació el segundo traje más elegante de la moda masculina. Para el libro de anécdotas queda la pajarita: al principio se llevaba blanca o negra indistintamente, pero como el servicio también vestía de frac, era común que un invitado que no conociera al dueño de la casa se acabara presentado al mayordomo. Al final se optó por el negro para el servicio y el blanco para los señores.

Las claves

Pero situémonos en el Palacio Real el pasado 27 de febrero durante la recepción al presidente de Perú, Martín Vizcarra. Hasta allí llegó Pedro Sánchez saltándose a la torera todas las normas que se piden para vestir un esmoquin. Quizás la más llamativa fue la del chaleco. Según podemos leer en cualquier libro de elegancia y de estilo, nunca debe sobresalir debajo de la chaqueta. Incluso algunos afirman que no se deberían ver ni siquiera cuando el hombre baila. Pues bien, el de Sánchez sobresalía un palmo. Primer error. Además, como con el traje, el puño doble de la camisa debería verse debajo de la chaqueta, al menos un centímetro. En el caso del presidente del Gobierno podía haber ido en manga corta, ya que los puños ni se intuían. A esto hay que sumar, y hablamos del tercer error, los picos del cuello, que no se habían planchado correctamente y parecían unas alas de gaviota.

El cuarto error lo cometió con el pantalón. Al político le gusta vestir trajes de corte slim y llevó esa preferencia a la etiqueta de gala. Si bien es cierto que el pantalón actualmente no debería ser muy ancho, en su caso se excedió, resultando una pieza que no terminaba de encajar. Y si con todo esto no era suficiente, el punto final lo pusieron los zapatos: la etiqueta nocturna, es decir, tanto el esmoquin como el frac, se viste con zapato de charol, cosa que Sánchez no hizo. El resultado por tanto poco acertado. Y lo peor es que al tener que compartir espacio con Felipe VI, que es la elegancia personificada y que sabe lleva un frac como pocos hombres en el mundo, los errores todavía se magnificaban más. A priori puede resultar algo sin ningún tipo de importancia frente a lo que estaba ocurriendo en el Palacio Real (la recepción al presidente de Perú), pero lo cierto es que lo que se comentó en las redes sociales fue la apariencia del presidente. Todo lo demás, quedó para el olvido.