El «más es más» de Custo

El diseñador presentó ayer en Nueva York su colección primavera-verano 2017, una apuesta lejos del minimal, llena de brillo y color

Momento del pase de la nueva colección de Custo, ayer en Nueva York

El diseñador presentó ayer en Nueva York su colección primavera-verano 2017, una apuesta lejos del minimal, llena de brillo y color

«Este es nuestro desfile número 41 en la Fashion Week de Nueva York; por eso no se nos ve nerviosos», decía Custo Dalmau en el «backstage» de Studio59, en los muelles de Chelsea, donde presentó ayer su colección primavera-verano 2017. La propuesta de la marca catalana, que lleva más de veinte años desfilando en la gran manzana, apuesta por el «más es más»: más detalles bordados a mano, más brillo y color en tejidos livianos y elegantes y más presencia de lentejuelas y «patchwork». «Nunca hemos sido minimalistas y con esta colección hemos querido acentuarlo nuevamente. Es un trabajo de gran riqueza y detalle, aunque con mucho refinamiento, equilibrio y armonía. Lo esencial es saber dosificar y mezclar los ingredientes adecuados para conseguir el gusto de la fusión», explicaba Dalmau durante las últimas pruebas antes del comienzo de la pasarela, sobre la que desfiló su propia hija, Montana.

El diseñador –que nunca estudió nada relacionado con moda– asegura que Nueva York es para su marca un banco de pruebas donde presentan sus propuestas más arriesgadas y experimentales. Se refiere al uso de técnicas innovadoras y de materiales poco comunes. «Tratamos de crear algo muy contemporáneo. Lo más importante para nosotros son la creatividad y la innovación», decía ayer y lo ejemplificaba con una chaqueta «bomber» hecha de distintos materiales, entre ellos, papel aluminio cubierto con una blonda de hilos dorados de seda.

Las «bomber», por cierto, son unas de las piezas fuertes de la colección. Hay quien decía que estaban de salida, pero en Custo las han sabido reinventar: ya no se trata de la clásica cazadora verde militar con cremalleras, sino que la han convertido en una prenda muy femenina, en colores desde el «nude» hasta el rosa realzados por bordados y «patchwork» hechos a mano en su taller de Barcelona. «No muere nada mientras seas capaz de renovarlo», aseguraba Dalmau. Compara su proceso creativo con «un trabajo de coctelería», en el que se deben saber mezclar los ingredientes de manera divertida y sofisticada. Es un proceso en el que lo acompaña el resto de su equipo creativo, cuatro personas en total. «Somos muy pequeños en esta enorme industria. Unos románticos. Pero para nosotros lo importante es la coherencia de las ideas, no la cantidad», explicaba.

Aunque hubo más «looks» de mujer que de hombre, en la pasarela no faltó la propuesta masculina, con la que, de hecho, comenzó la marca en los ochenta. Desfilaron prendas muy desenfadadas, aunque con un toque arriesgado: brillos, bordados y texturas poco comunes en la ropa masculina. ¿Se van a vender? Dalmau cree que sí: «El mundo está evolucionando a tal velocidad que lo que cuesta es mantener lo convencional. Además, mientras la mujer se está masculinizando, el hombre se está feminizando –que no es lo mismo que afeminando– y busca un lenguaje más rico».

La validez de las semanas de la moda se ha puesto en duda en el último año porque son escaparates donde se presentan colecciones que sólo estarán disponibles seis meses después. Dalmau asegura que son «un concepto anacrónico, trasnochado. Creo que somos el único sector que presenta un producto hoy como lo hacía cincuenta años atrás. Pero siguen funcionado porque, de momento, no se ha inventado nada que las supla. Aparte, son una buena herramienta de comunicación social». En cuanto a presentar la ropa con medio año de adelanto, asegura que desde hace mucho su empresa ha cuestionado esa manera de operar, pero cree que tiene que ser un cambio que se haga a nivel general: «Tendría que ponerse de acuerdo todo el mundo. Aunque pienso que los que están presentando hoy otoño-invierno están haciendo lo correcto».