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Pasarela política: Juan Marín

Un ciudadano con un armario vetusto

Ana Locking

Es una suerte vivir los 50 de ahora y ser conscientes de que ya hace mucho que dejaron de ser los 50 «de antes». Me refiero a que un caballero de su edad no tiene por qué vestir como lo hacían sus homólogos hace ya décadas: hoy puede ser mucho más dinámico, no sólo en la selección de su trajes, como prenda principal de su «outfit», sino lo más importante, en sus accesorios, que, aunque sabido es que el hombre goza de poca variedad de ellos en su armario, al menos estos cobran una importancia primordial para marcar su estilo y personalidad.

Juan Marín no presta la debida atención a su imagen pública, sus imprescindibles son demasiado limitados, no puede cubrir todas las expectativas que su actual situación política le demanda enfundado en una camisa blanca, un básico traje azul y, como única variación, el vaquero en combinación con la misma chaqueta sastre de su único traje. Por un lado, esa mezcla le favorece, pero debería vestirlo con chaqueta «sport», no con la habitual. Reforzaría también una mayor variedad en cuanto a camisas, que, aunque correctas, son escasas y sobre todo, reemplazaría absolutamente todas sus corbatas y le animaría a cambiar sus gafas por un par de ellas más actuales. Éstas le aportarían más carácter y su rostro lo agradecería. Capítulo aparte es su pelo.

Racional y defensivo con el interlocutor,

por Valvanuz Sánchez de Amoraga

Su tono de voz tranquilo y pausado al hablar, resta fuerza a su mensaje. En ocasiones intenta acelerarlo pero tiende a trabarse en las palabras. Sus movimientos son igualmente sosegados en el aplauso y el paso al andar, lo que nos habla de reactividad, no de pro-actividad, así vemos que Marín no es un hombre particularmente impulsivo o de decisiones rápidas.

Es un hombre racional, sus movimientos se rigen por el lado derecho del cuerpo. Gesticula muy poco con el brazo izquierdo, sólo en ocasiones en paralelo con el derecho, lo que nos denota un control de las emociones.

Tiende a posar las manos en el atril, a colocar los papeles buscando seguridad. El hecho de mirar los apuntes en sus intervenciones hace que pierda el control visual y como resultado la relación con el auditorio. Algo no recomendable en el ámbito de la política cuando se quiere transmitir seguridad.

Intenta mostrarse cercano mediante la sonrisa, el contacto con el interlocutor, con movimientos de escucha activa, con la ausencia recurrente de la corbata y con la inclinación de todo su cuerpo hacia el interlocutor. Un gesto muy repetido en Juan Marín, y que le resta esa cercanía, es la posición de las manos entrelazadas y posadas en la mesa. Éste es considerado como un gesto defensivo y que crea una pequeña barrera con el interlocutor.

Sin tiempo para ejercicio y con la piel

descuidada, por Marta Boira

Juan Marín no es el rey del atractivo y además se saca muy poco partido. En primer lugar, no se puede llevar ese pelo negro azabache. Entiendo que quiera transmitir juventud y se cubra canas pero debería ser de una manera más natural. En segundo lugar tiene que cambiarse las gafas con urgencia. En Alohe Ópticas tienen gran variedad de modelos y asesores que le ayudarán a elegir las adecuadas a su tipo de cara, para disimular esa nariz prominente que los surcos nasogenianos aún potencian más. Tiene la piel muy gruesa y con el poro muy abierto. Debería hacerse un peeling químico. La aplicación de sustancias queratinolíticas producen un pelado de la capa córnea de la piel y al eliminar estas capas, las células sanas salen a la luz, obteniendo un aspecto más luminoso y uniforme de la piel. Antes el señor Marín jugaba de manera profesional al voleibol, pero ahora no tiene tiempo de nada y aunque se mantiene delgado le falta recuperar tono muscular. Ni horas en el gimnasio, ni pereza que exista. Ya es posible cuidarse de una manera más rápida y que engancha gracias a una técnica de deporte con estimulación, electrofitness, que consiste en la generación de estimulaciones musculares involuntarias mediante la aplicación de pequeñas corrientes eléctricas en el músculo.En BodyOn cuidan al máximo de cada cliente. www.bodyon.es

Claves

El PEINADO

Cuando la idea es suavizar los rasgos faciales, los flequillos estructurados que tapan la frente son la opción más desaconsejada. Lo primero que tendría que hacer sería restar volumen tanto en el flequillo como en los laterales y después darle un tono más claro que, combinado con el suyo propio, le aportaría juventud.

LAS GAFAS

Este punto es primordial en su imagen. Juan Marín ha de entender que a un rostro entre cuadrado y triangular no se le puede añadir más geometría con unas gafas tan cuadriculadas como las suyas. Si a esto se le añade un peinado cuadrado y enmarcado como éste, el resultado no es otro que el de endurecer un rostro que pudiera resultar más amable con una gafa de montura más ovalada y de ángulos más redondeados como por ejemplo las tipo «pillow».

LA HECHURA

Insisto en que no se le da la debida importancia a la hechura y tejidos de un traje sastre, parte que supera en importancia al diseño –en el caso de un sastre clásico, el diseño apenas ha avanzado para ciertos sectores como es el de los políticos–. El ancho de hombros, amplitud de chaqueta y pierna, amén del largo del pantalón, son aquellos puntos que perjudican la imagen de Marín. Acortar y estrechar son una de sus exigencias inmediatas.