El artículo de Carmen Lomana: My factory particular

En el homenaje a Diane Vreeland, junto a su nieto Alexander
En el homenaje a Diane Vreeland, junto a su nieto Alexander

Esta semana ha sido múltiple y variada como mi propia vida. Mi casa parece «La Factory» de Warhol por la que pasan personas y personajes de lo más variopintos. Eso es lo que ha hecho siempre mi vida, nada endogámica, curtiéndome de todas las personas interesantes que conozco sin importarme su status político o social. Bueno, pues esto que parece lo más normal, en este país es difícil de gestionar. Todavía recuerdo la que se armó cuando Monedero vino a mi «Roscón» el día de Reyes. Ingenuamente pensé que era un regalo para mis invitados poder charlar con un político que emergía de una formación nueva y que nos había dejado atónitos ante su éxito en las Europeas. Era la ocasión perfecta para resolver mil dudas o para ver cómo se desenvolvía en «Territorio Comanche». Estuvo a la altura y encantador, a pesar de las preguntas, unas muy impertinentes y otras de una simpleza difícil de comprender, que le formularon. Ayer, sin ir más lejos, estuve almorzando con él y nos reíamos de la cantidad de comentarios que tuvimos que aguantar. Pero lo que hubiese dejado de piedra a mucha gente es saber que otro personaje de una de las familias más insignes y tradicionales de nuestra sociedad nos acompañaba.

Todo transcurrió de una forma distendida, de la misma manera que la convocatoria organizada, alrededor de un suculento cocido en «Casa María», por Marile Zahera y con nuestra insigne alcaldesa, Manuela Carmena, a la que acribillamos a preguntas que ella recibió impasible, dándonos la sensación de que en el Ayuntamiento todo va miel sobre hojuelas. Tan bien lo pasan que Manuela prepara los inglesitos y madalenas para los desayunos con la oposición y, así, ahorrar en pastelería. También nos dijo que va a su trabajo en metro y aprovecha ese momento para charlar con los ciudadanos. Pero como en todas las historias bonitas, siempre hay un malo. A mí me dejó más tranquila que Luis Cueto es el que marca tiempos y decisiones. Y digo lo de tranquila porque me pareció un hombre culto que conoce muy bien la Administración.

La revista «Harper’s Bazaar» nos ofreció una magnífica y elegante cena en el Café de Oriente para homenajear a Diana Vreeland, con la presencia de su nieto Alexander Vreeland. El motivo, la presentación de un libro sobre esta gran mujer, editora y columnista de «Harper’s Bazaar» y «Vogue», que introdujo la moda en los museos como un arte más. Era una gran comunicadora que reivindicaba la aceptación de uno mismo sin complejos. Su lema fue «no intentes ser otra persona, simplemente muestra lo mejor de ti».

Tampoco falté al estreno en Madrid de la última película de James Bond, con un despliegue de alfombra roja, en el Teatro Real, digno de Hollywood y donde pude ver a una Monica Bellucci deteriorada y muy monjil vestida, nada que ver con su imagen sexy en la publicidad de Dior o Dolce&Gabbana.

¿A qué no se imaginan cómo terminé mi semana? Merendando en casa con Gemeliers y un grupo de adolescentes y amigos disfrutando de su música. No olviden a estos hermanos sevillanos que están triunfando también en Italia, donde pronto presentarán su CD. Escuchándolos en este bonito idioma parece que hubiesen nacido en plena Toscana...