Málaga

Ángel Garó: «No me parezco en nada a mis personajes»

Vuelve uno de los iconos de la televisión de los 90

Ángel Garó
Ángel Garólarazon

Cuando aún toda la familia se sentaba delante del televisor la noche de los viernes, Ángel Garó salía vestido de negro en aquel «Un, dos, tres» y les hacía reír con Juan de la Cosa, Pepe Itarburi, Maruja Jarrón o Chikito Nakatone.

Cuando aún en España toda la familia se sentaba delante del televisor para pasar un buen rato la noche de los viernes, Ángel Garó (La Línea de la Concepción, 1965) salía vestido de negro en aquel «Un, dos, tres» de Chicho Ibáñez Serrador y les hacía reír con aquellos Juan de la Cosa, Pepe Itarburi, Maruja Jarrón o Chikito Nakatone. Todos vuelven con el espectáculo «Uh», que muestra su versatilidad en el escenario.

–¿Por qué reaparece toda esta «familia»?

–Bueno, en realidad se trata de un asunto de amistad con Salva Reina, que es quien lleva la sala «La Cochera Cabaret», y hablamos en Semana Santa de la posibilidad de hacer este espectáculo, que ha estado en los mejores teatros de España pero que ahora llega a un sitio alternativo, que es algo que me encanta. Fue una apuesta y es el inicio de mi entrada en Málaga, porque nunca había actuado hasta ahora, ya que en su momento no hubo un acuerdo con el Teatro Cervantes. Yo, que vivo enfrente, siempre pienso que vivo ante el teatro en el que nunca actué, pero en diciembre estaré en el Teatro Alameda con «Intimísimo Garó», que es una apuesta muy particular ,relacionada con el mundo de la moda y de la imagen.

–Pese a no haber actuado en Málaga sí es cierto que tiene una relación muy íntima con la ciudad.

–Es cierto, pero fue Málaga la que me acogió con mucho cariño por una vertiente mía desconocida para el gran público que es la recitación a viva voz a las cofradías malagueñas, lo que produjo un ímpetu cariñoso hacia mí que se tradujo en varios reconocimientos pero no por mi faceta de actor, curiosamente, si no por emocionar a los que siguen a los titulares de las hermandades. Todos esos honores se vincularon a mi vida y mi relación con ella es algo relacionado con lo cofrade.

–¿Cómo están Juan de la Cosa y Pepe Itarburi?

–Bueno ellos son unos clásicos, puesto que forman parte de una obra que se llama «Personas humanas» que es de donde salieron los personajes con los que me hice popular en televisión. Son personajes literarios que han salido de mi puño y letra, por eso Chicho Ibáñez Serrador, al que siempre le estaré agradecido, nunca me marcó nada de mi trabajo. Sólo me dijo que tenía que hacer lo que me vio hacer en el teatro y aquello fue un éxito. Lo que más me agrada es que se metió en el corazón de millones de personas, fíjate lo que dicen ahora las cadenas de televisión con las audiencias récord que tienen de 6 ó 9 millones de personas, cuando a mí me veían 17. Con todas las cadenas, que la gente me confunde con Joselito como si estuviera con Mayra Gómez Kemp, pero yo empecé a finales de 1991.

–¿Le fue fácil asumir ese reto cada semana tan joven?

–Bueno, yo tenía 27 años, no era tan joven, y había sido cabeza de cartel en la Gran Vía, yo era un profesional un carrera detrás, no como los que sacan ahora en televisión. No me asusté porque era un profesional, pero sí me apabulló el no poder andar por las calles pero lo llevé como pude porque cuando un artista recibe un agrado por la calle éste responde igual. Cuando se le dice una grosería, pues responde groseramente porque somos humanos.

–¿Ha cambiado mucho la tele desde entonces?

–(Risas) ¿Cómo ha cambiado?, con la risa te lo digo todo. Mucho, han roto el mercado, los cachés que yo cobraba ya no se los pagan a nadie, hacen concursos para que la gente se haga famosa en dos días. Pues nada, las productoras son las únicas que ganan.

–En su humor también había un mensaje muy potente de fondo...

–Sobre todo en el teatro, que es mi medio. Hay mucha enjundia pero siempre con ternura, sin caer en la vulgaridad ni la grosería. Mi estilo es el mío, gustaré más o menos y siempre he intentado que nadie se sienta directamente ofendido, pero bien es verdad que se han hecho cosas... El mismo «uh» de Juan de la Cosa era, si yo te lo contara, mejor no te lo cuento.

–El periodismo está para sacar a la luz lo que no se quiere contar. Cuente.

–(Risas) Pues si ve usted a un chico vestido de Jean Paul Gaultier o Versace, que hace moda en París con Jacqueline de la Vega e Inés Sastre, que es top-model en «Vogue», «Elle», «Cosmopolitan» y ése chico se acerca lentamente a un micrófono mientras abre la boca para decir «uh». Blanco y en botella.

–Jordi Estadella le pregunta a Maruja Jarrón si conoce a los alemanes y ella le responde que sí, que son unas personas que dicen todo el tiempo «¡hit!» y que gastan mucho en gas...

–Sí, porque Maruja Jarrón es malísima. (Pone voz de Maruja Jarrón) «Estos son los alemanes, que gastan mucho en gas...», claro que sí.

–Hoy la gente no se atreve a decir cosas así, todo es muy pacato...

–No voy a juzgar lo que hay hoy, porque hay programas donde se ríen de ellos mismos, el humor es más falaz y yo no me puedo poner a decir que soy el primero que hizo humor con enjundia. El primero que lo hizo fue Chaplin con «El gran dictador» y yo a su lado me considero una verdadera mierda, con perdón. El humor tiene que tener sentido y reivindicación, lo cual es propio de los grandes pero hoy parece que no se prodiga. La gente hace lo que puede y yo hice lo que pude.

–¿De donde salían estos personajes?

–De la observación y se hicieron muy populares porque estaba extrapolados de «Personas humanas», que es una obra de gran derecho, que fue escrita desde mi experiencia con los demás. Yo he conocido a muchos Pepe Itarburi, Juan de la Cosa, a Maruja Jarrón y te adelanto la pregunta. ¿Qué tengo yo de ellos? Absolutamente nada, porque son arquetipos, no me parezco en nada a mis personajes.

–Quizás de la infancia, que es de donde sale todo.

–No lo había pensado, pero seguramente yo me haya cruzado con muchos de mis personajes a lo largo de mi vida, pero esos primeros años son muy importantes. Cuando somos jóvenes no recordamos la niñez, pero cuando nos vamos haciendo mayores la vamos recordando cada vez más. Puede que sea el arranque para muchos.