Devastados

No hace mucho se presentó el último libro de Fernando Savater, «La peor parte», escrito en sentido y hermoso homenaje a su mujer, Sara Torres, compañera de vida, cómplice en la denuncia de nacionalismos supremacistas y el terrorismo, así como partenaire de inmejorables aficiones comunes: cine, literatura y viajes. Sorprende el libro por el desnudo emocional al que se somete Savater que no omite directas referencias a los mejores momentos vividos por ambos, el sexo, y, en su parte final, el dolor por la enfermedad y la muerte.

Aunque en «Florescencia», de la joven escritora sudafricana Kopano Matlwa, hay materia prima de notable calidad (la denuncia del racismo hacia los inmigrantes de Zimbabue y los terribles efectos de la violación múltiple sufrida por la protagonista), tal vez sus mejores páginas son aquellas destinadas a evocar el intenso dolor que sufre por la pérdida de su hermano. «Mi vida en rojo Kubrick» comienza siendo un apasionante ensayo sobre «El resplandor» pero poco a poco la madre de Simon Roy, el autor de este magnífico libro, va acaparando protagonismo hasta conseguir que incluso el más ávido seguidor de Kubrick prefiera saber qué pasa con esta mujer que se debate entre la vida y la muerte tras un intento de suicidio antes que proseguir con el personal análisis de la película. Es aquí cuando el lector, conmovido, encuentra fragmentos de puro oro. En «La hija», de Anna Giurickovic, también afloran los sentimientos por un ser perdido cuando menos se espera dado que la trama principal de esta recomendable novela es el retrato de abusos sexuales a una menor, el estupor por el descubrimiento y las consecuencias. Al igual que en ésta, en «El amigo» hay que vencer las páginas iniciales para encontrar una historia que atrapa por su sencillez y por el cariño que desprende al hablar del vínculo entre personas y animales, representados en la figura de un gran danés de más de 80 kilos que, al igual que otros cóngeneres, sufre por la muerte de su mejor amigo con la particularidad de que a un perro no se le puede explicar su significado. Tampoco alcanza a conocer las dimensiones de la pérdida de su familia en un incendio la niña protagonista de «Las flores perdidas de Alice Hart», que se refugia en el cariño de su abuela, volcada en sacar adelante a mujeres maltratadas. En este sucinto repaso por obras que muestran con sensibilidad el dolor por la pérdida de un ser querido, cuando apenas faltan tres semanas para el día dedicado a recordar a quienes ya no están con nosotros, no podían faltar lógicamente algunas centradas en la mayor de las pérdidas, la de un hijo. No hace mucho se pudo ver en el sevillano Teatro Lope de Vega «La Golondrina», en la que Carmen Maura encarna a la madre de un joven asesinado en un atentado terrorista. Al igual que en el libro de Savater, el dolor por la pérdida de un ser querido gravita durante toda la obra, no solo por este personaje sino también por un joven que se presenta en su casa para recibir clases de canto. No en un atentado sino golpeado por un tren fue como murió Alberto Fresneda, conocido como Alby, mientras realizaba unos grafiti junto a dos amigos, también fallecidos, en el metro de Londres. El padre de este joven es el periodista Carlos Fresneda, que ha escrito «Querido hijo», una carta de amor incondicional a su hijo escrita a corazón abierto y convertida en un cariñoso homenaje póstumo.

Finalmente, esta tarde a las 18:30 se presenta en la Fundación Unicaja, en Sevilla, el libro «Señales de vida» en el que Aurelio López Reina, con la ayuda de la periodista María José Sanz Moreno, narra su particular calvario, prolongado a lo largo de más de diez años, en su intento de sanar a su hijo José Carlos, enfermo de trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Como López Reina tenía negocios inmobiliarios y de joyería pudo viajar hasta donde fuera en busca de los mejores médicos para hacer todo cuanto hiciera falta por su hijo. Por desgracia, éste acabó suicidándose, pero tras la devastación inicial, decidió salir adelante y volcar la experiencia adquirida esos años para compartirla en forma de asociación. Así surgió Toc Toc Granada, un centro de referencia a nivel nacional gracias a los profesionales que ha conseguido reunir en estos años. Quien ha dado forma a esta historia en el libro, María José Sanz, se haya en un proceso similar: la superación del dolor gracias a la generosa entrega a los demás y la difusión de esta poco conocida enfermedad. Su hermano Fernando la sufrió y precisamente por este motivo decidió ser médico, algo que consiguió con no poco esfuerzo. Por desgracia, este joven al que todos definen como bondadoso, falleció en un desgraciado accidente cuando este libro estaba ultimándose. A la memoria de ambos, José Carlos y Fernando, va dedicado este libro tan necesario.

La vida es bella: El odio destructor

Hasta este domingo se podrá ver en el Teatro Lope de Vega la versión que el prestigioso director teatral Alfonso Zurro ha realizado del drama de Shakespeare «Romeo y Julieta» con la Compañía Teatro Clásico de Sevilla. Ambientada prácticamente en la misma época que Alejandro Amenábar sitúa la excelente «Mientras dure la guerra», Zurro ha sustituido inteligentemente los Montescos y Capuletos por los dos bandos enfrentados poniendo un especial énfasis en el odio. Para ello ha recurrido a un reparto en el que sobresale el buen hacer de los jóvenes Ángel Palacios y Lara Grados en los papeles protagonistas, el dominio de los veteranos Manuel Monteagudo, a quien aún se le recuerda por su divertido monólogo «Taí Viginia», y Antonio Campos, así como la solidez dramática de Amparo Marín. Asimismo destaca la sobria escenografía, un muro divisor, que se presta a múltiples usos y al que Zurro saca un extraordinario partido.