En interés general...de dos

En Bormujos, el bloque de la derecha no se puso de acuerdo en el reparto de... responsabilidades, digamos, y quedó investido el socialista Francisco Molina, alcalde desde 2015 al que menos de una semana después, plantean desalojarlo mediante una moción de censura

El socialista Francisco Molina, alcalde de Bormujos /Foto: La Razón
El socialista Francisco Molina, alcalde de Bormujos /Foto: La Razón

En Bormujos, el bloque de la derecha no se puso de acuerdo en el reparto de... responsabilidades, digamos, y quedó investido el socialista Francisco Molina, alcalde desde 2015 al que menos de una semana después, plantean desalojarlo mediante una moción de censura

Gobernar Bormujos, uno de esos pueblos del Aljarafe sevillano con las arcas rebosantes gracias a las contribuciones y la expedición de licencias de obras, es una bicoca para cualquier partido. No es poca cosa administrar un ayuntamiento, a tiro de piedra de la capital, con cerca de 20.000 habitantes y otras tantas grúas. El hospital y la universidad privados que alberga en su término constituyen otro formidable foco de riqueza: no sólo imantan un buen puñado de empresas y comercios auxiliares, sino que obligan a convertir la localidad en una de las mejor comunicadas de la provincia. PP y Cs sumaron el 26 de mayo cinco concejales cada uno y los dos de Vox daban la mayoría absoluta al bloque de la derecha, que no se puso de acuerdo en el reparto de... responsabilidades, digamos, y quedó investido el socialista Francisco Molina, alcalde desde 2015 al que menos de una semana después, plantean desalojarlo mediante una moción de censura. Populares y centristas, encaramados durante los días previos a la constitución de la corporación a la ambición intransigente del «aut Caesar aut nihil» no han tardado en percatarse del frío que se pasa en la intemperie de la oposición y, ahora sí, se muestran dispuestos a aparcar sus diferencias con tal de alimentarse con un mordisquito del presupuesto municipal. Pelillos a la mar, o sea, y qué problema hay si nos repartimos la Alcaldía dos años cada uno, con el correspondiente sitio para esa formación que aporta dos votos decisivos, despectivamente motejada de ultraderecha durante la campaña y que ha alcanzado una súbita respetabilidad al calor de la aritmética. Pero no se trata de una rebatiña de sillones, claro que no, es que prima el interés general y así lo dicta la voluntad del votante. Las legislaturas pasan pero los vicios permanecen.