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«Escribir una novela es un psicoanálisis fantástico»

El periodista de Onda Cero acaba de publicar «La maldición de la casa grande», un western literario ambientado en una mina de Murcia

Juan Ramón Lucas. Foto: Manuel Olmedo
Juan Ramón Lucas. Foto: Manuel Olmedolarazon

-¿Quién era Miguel Zapata?

–Para mí era un desconocido hasta que en una cena en la que estaba María Dueñas, el entonces alcalde de La Unión, Paco Bernabé, nos contó la historia de este hombre partiendo de la anécdota que le acababa de contar la viuda de un niño que lo había conocido a comienzos del siglo pasado. Me pareció maravilloso, un tipo tan rico que modificó todo el proceso de extracción del mineral, tan influyente, pero sobre el que no hay muchas referencias en la actualidad.

–Pero en la zona aún se le recuerda.

–Sobre todo por anécdotas negativas, que tenía muchas, porque era un tipo fiero y cruel. Además, tenía una enfermedad que le afectaba a la piel, muy dolorosa, y que le amargó la vida hasta el final de sus años. Tuvo la desgracia de que sus hijos se le fueron muriendo todos.

–Es un personaje de novela de García Márquez.

–Además de La Unión, Cartagena, con una vida realmente fascinante. Desde el principio vi que aquello era un personaje de novela y se lo dije a María Dueñas, que me dijo que no le escribiría un libro porque estaba ya con «La templanza», pero me animó a que lo hiciera yo. A la mañana siguiente, María me regaló el primer libro en el que había una referencia suya y ya fue todo tirar del hilo poco a poco.

–Siempre me alucina que un periodista pueda escribir una novela y superar aquello de la concisión, la cohesión y la exactitud.

–Me ha costado cuatro años escribirla, porque eso que dices me obsesionaba al principio. Quería ser riguroso, ser exacto, contarlo todo, pero contaba con montañas de información no tanto de este hombre o de su familia, como de la atmósfera que lo rodeaba, pero no sabía por dónde tirar. Pero hasta que no decidí dejar fuera al periodista y quedarme en el narrador no pude hacer mucho. A lo mejor para eso me sirvió la catarsis de meterme en la piel de una mujer. A lo mejor me resultó más fácil por eso, porque yo no soy mujer, pero así me olvidé del periodista. Fue muy difícil porque había que desechar cosas y en mi ADN está el afán por ser riguroso, porque en la novela no siempre debía serlo. La novela habla de la condición humana, de las emociones, y a veces es más importante para narrar los hechos.

–¿Considera que la literatura cuenta mejor las cosas que la historia?

–Lo he dicho en alguna ocasión, porque habla mejor de la condición humana. No digo que la cuente mejor, pero cuando el escritor, y por eso los clásicos son clásicos, consigue conectar con lo que somos esencialmente por mucho que cambien las civilizaciones, es cuando se convierte en un clásico porque conecta con nosotros mismos.

–¿Le costó trabajo meterse en la piel de una mujer?

–Menos de lo que creía, peor fue un trabajo de disciplina seguramente parecido al que pueda hacer un actor para meterse en el papel de algo o alguien que no es él. Lo que pasa es que fue muy interesante, pero como fue muy prolongado en el tiempo ahora que he soltado la novela y me he liberado de María Adra me he dado cuenta de que he aprendido mucho.

–Una vez publicada, ¿cambia la percepción que tenía de ella cuando la acabó?

–Pues sí, me parece peor. Cuando la abro, recuerdo el momento en el que está escrito ese párrafo, recuerdo el hilo de la historia, pero seguro que hay frases que encuentro que son incorrectas o están mal puntuadas...

–Pero eso sucede porque usted es periodista.

–¡A lo mejor es eso!

–Valle-Inclán decía que la literatura no es más que corregir.

–Pues desde mi modesto punto de vista, he aprendido que es verdad que hay que corregir. Para escribir tienes que ser humilde contigo mismo para exigirte más de lo que en principio crees que puedes dar, pero luego escribir una novela es un trabajo de introspección acojonante. Todo está en ti, los personajes, la trama, todo tiene tu mirada. Escribir una novela es un psicoanálisis fantástico.

–¿Tiene la sensación de que ha escrito un western?

–Al principio no tenía esa sensación, pero un día, Arturo Pérez Reverte, con quien hablé al principio y al que le pregunté si tenía pensaoa hacer una novela sobre Tío Lobo, me dijo que si él lo hiciera sería un western. Luego cuando lo vas escribiendo, ves la atmósfera, te das cuenta de que todo encaja. Mira, esto no lo he contado, pero había tíos que entraban en los bares con sus caballos, iban armados, el juego era ilegal...

–La mina es muy literaria.

–Muy dura pero muy literaria. Hace poco en una entrevista me comentaron una cita de Philip Roth: «Escribir es bajar a la mina». Y es verdad, porque se trata de un trabajo de gran intensidad en el que tienes una roca que no sabes muy bien qué hacer con ella.