Andalucía

Españoles que restan

Convocadas las elecciones generales, España vuelve a moverse conforme, no ya a las leyes físicas de Newton, sino en gravitación alrededor de la Ley d’Hont que rige su sistema electoral. Volveremos a escuchar mucho sobre números en su vertiente menos elocuente, la futura, porque la estadística rara vez sirve para realizar predicciones pero es la herramienta más útil para analizar el pasado: el qué y el por qué. No se prevén cambios sustanciales en los sufragios allegados por los dos grandes bloques, el zurdo y el diestro, aunque ello no obsta para que pequeñas variantes puedan propiciar una modificación decisiva del Parlamento. Como en las vísperas abrileñas, tocará hablar de Vox. De las diez circunscripciones sobre las que esta edición tiene jurisdicción, incluidas las dos plazas norteafricanas, en tres de ellas (Huelva, Jaén y Ceuta) habrían sumado escaño los conservadores, siempre en detrimento de los progresistas, de no haberse presentado la formación de Santiago Abascal. Si cierta derecha no quiere adherirse a ese movimiento de España Suma brotado del cerebro más luminoso que carbura en sus filas, el de Cayetana Álvarez de Toledo, debería al menos plantearse no restar en provincias pequeñas en las que apenas tiene probabilidades de obtener representación y en las que un puñado de papeletas pueden cambiar la identidad de un diputado. Y esto no se afirma con la apoyatura evanescente de las encuestas, que por cierto anuncian una radicalización del concepto de «voto útil», sino con la prueba irrefutable del hecho consumado. Es duro afirmarlo, sí, pero debe quedar claro: todos los derechistas de buena voluntad que el 28-A votaron a Vox en Huelva, Jaén y Ceuta contribuyeron de forma contante (quizá, sólo quizá, involuntariamente) a la victoria del PSOE. Tanto como dicen amar a la patria.

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