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Granada y Córdoba: en el precipicio de la contaminación atmosférica

La región, que suma cada semana 2.800 horas solares, agudiza la creación de ozono e incrementa los índices de mortalidad. Los granadinos suman hasta cuatro meses menos de esperanza de vida

La región, que suma cada semana 2.800 horas solares, agudiza la creación de ozono e incrementa los índices de mortalidad. Los granadinos suman hasta cuatro meses menos de esperanza de vida

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El pasado mayo de 2018 la Comisión Europea se ahorró llevar a España ante el Tribunal de Justicia de la UE por incumplir los límites en la normativa sobre calidad del aire. A ojos del Ejecutivo comunitario, el país posee medidas «previstas [...] que parecen ser las adecuadas para hacer frente a las carencias detectadas siempre y cuando se ejecuten correctamente». Sin embargo, y a pesar de lo recogido en las normativas medioambientales establecidas, un estudio sobre calidad del aire en 2017 presentado por Ecologistas en Acción en junio de 2018 ratifica el incremento de las concentraciones de partículas en suspensión (PM10 y PM12), dióxido de nitrógeno (NO2), dióxido de azufre (SO2) y ozono troposférico (02) en comparación a años anteriores. Según el estudio, uno de cada tres españoles habría respirado un aire que incumplía la legislación. Si se gira la cabeza hacia la comunidad andaluza, ésta se mantiene en esta misma línea. Andalucía, que suma cada semana 2.800 horas solares, agudiza cada año su creación de ozono desembocando en el incremento de los índices de mortalidad.

Según un informe de Ecologistas en el que se analiza la contaminación por zonas alrededor del Estado español durante 2019, la comunidad resulta gravemente perjudicada siendo 823.000 personas (el 10% de la población) las que viven en zonas donde la calidad del aire «supera el objetivo legal», asevera la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el estudio. A medida que la concentración de partículas contaminantes se va agravando, los casos por enfermedades se elevan manteniendo una relación correlativa. La OMS asoció 101 enfermedades a los efectos derivados de la contaminación atmosférica destacando así los trastornos respiratorios, las patologías cardiovasculares y neurológicas. Para el director del Observatorio de Salud y Medio Ambiente de Andalucía y profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, Antonio Daponte, la sociedad paga con su salud el problema de la contaminación atmosférica. La salud de los más pequeños también sufre estos riesgos presentándose vulnerable a padecer asma, bronquitis o incluso deficiencia en el desarrollo cognitivo en relación a la pérdida de niveles de atención.

Huelva y Cádiz siempre han aparecido como las zonas dentro del territorio andaluz con mayor índice de contaminación, asegura Federico Velázquez, presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental, pero cuando se trata de contaminación atmosférica la cosa cambia. Generalmente, la mala calidad del aire «reduce la esperanza de vida de los que vivimos en ciudades», asegura Velázquez aunque, si en algo coinciden el último estudio de Ecologistas y el informe del Observatorio de Salud y Medio Ambiente por el Instituto de la Vida Saludable de DKV, es en que los puntos de mayor riesgo de padecer enfermedades son Córdoba y Granada. Afirmación que sorprende debido a que no se trata de las ciudades más dimensionadas.

En el caso de Granada, Velázquez subraya los «tres o cuatro meses menos de esperanza de vida» con los que cuentan los granadinos en comparación con el resto de Andalucía, resultado de dos índices a tener en cuenta: la emisión y la localización. Así como en zonas de costa como Málaga, la humedad ayuda a «dispersar» la contaminación, Granada se sitúa entre las seis zonas con más concentración de contaminación en el «ranking» nacional junto a Madrid y Barcelona.

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A la cabeza de los índices de muertes naturales atribuibles a contaminantes como el dióxido de nitrógeno, según la Escuela Nacional de Sanidad del Instituto de Salud Carlos III, durante los años 2000-2009, se posiciona Sevilla, con 4.809, seguida de Córdoba con 4.442 y Granada con 3.955. Esto se podría explicar reduciendo la causa al nivel de contaminación de cada ciudad aunque, sobre esta cuestión, los expertos, tras analizar la situación de la capital granadina y sus condiciones atmosféricas, han llegado a una serie de conclusiones que determinan sus características. Daponte lo achaca al deficiente sistema de movilidad con el que cuenta y al clima, «si este es seco, como ocurre en ciudades de interior como Córdoba, al situarse en la depresión Bética la atmósfera no se limpia» provocando así que la contaminación perdure en el tiempo –característica que también padece Sevilla–. Sus temperaturas altas «aceleran» las reacciones químicas, lo que influye en la creación de ozono. No obstante, aunque Sevilla y Córdoba son ciudades llanas de interior, la localización de Granada al situarse en un terreno montañoso provoca el «efecto pared», más perjudicial que los demás. La acumulación de partículas contaminantes «cerca de la superficie», propicia que el área metropolitana de Granada sea uno de los nodos contaminantes más importantes de la península, explica Velázquez.

El transporte privado sigue siendo una de las causas precursoras del «problema más importante de salud pública que hay en las ciudades», condena Daponte. Este pronostica que es una lacra que «va a tardar en reducirse» porque exige «inversiones, cambios sociales» y responsabilidad por parte de la sociedad.

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Entre las medidas en las que coinciden los expertos para reducir las concentraciones de dióxido de nitrógeno y de partículas en el aire el fomento del transporte público y no motorizado se lleva la palma. Daponte y Velázquez subrayan la creación de cinturones y espacios «verdes» dentro de las ciudades, la revisión de los camiones y vehículos que generan grandes contaminantes, aumentar el baldeo de calles y la transformación de los combustibles de los vehículos mediante gas e hibridación. El segundo señala también a la fiscalidad como medida de reducción de gases contaminantes, afirmando que las alternativas apuntan a adjudicar tasas más caras a aquellos vehículos más contaminantes beneficiando a los híbridos.

«Estamos jugando con un eje fundamental que es la salud», asegura Velázquez y por esta razón, es importante integrar la conciencia «verde» tanto en instituciones como en centros educativos. Todo ello para que los hábitos comprometidos con el medio ambiente aspiren a ser una realidad en vez de un contratiempo.