José Tomás y Miura

José Tomás volvió a consagrarse en Granada /Foto: Efe

Cuando aún resuenan los ecos de la apoteosis tomasista en Granada, en Utrera hay un compás por soleá por el indulto a un toro de Miura. José Tomás es un torero de un carisma extraordinario. Un diestro con poder de sugestión, capaz de hiptonizar a los públicos con su toreo. Como lo hacían Belmonte o Manolete, provocando un desbordado entusiasmo entre la legión de partidarios y seguidores. Claro que para eso, hay que ser capaz de hacer el toreo. Esto es: parar, templar, mandar y ligar los pases en un palmo de terreno. Y el torero de Galapagar, no sólo soñó el arte de birlibirloque, sino que eternizó y detuvo los relojes de La Alhambra, como lo hiciera el gran Curro Romero allá por el año 73. La venida a Granada de José Tomás fue algo así como un Corpus místico de tauromaquia, con un recital de toreo sublime e indescriptible. Mientras tanto, en Utrera (Sevilla), cuna del toro bravo, se producía un hecho taurino sin precedentes. Se le perdonaba la vida a «Tahonero», toro número 42 y de 570 kilos, lidiado de quinto lugar. Manuel Escribano supo entenderlo y cuajarlo en una faena que ya es parte del patrimonio taurino de todos. Si bien se cree que en 1903 se produjo un suceso similar con un toro de la divisa de Zahariche (en Acho, Plaza de toros de Lima, Perú), ésta es la primera vez que se tiene constancia oficial de un indulto de la ganadería de Miura en sus 177 años de historia. Hoy, pretendía rematar mi serie de artículos «Sobre el rejoneo». Pero estos dos acontecimientos bien merecen unas líneas, y así resaltar el dulce momento de éxito artístico que vive la tauromaquia, con grandes toreros, toros y faenas para el recuerdo.