Juan José Millás: «La excentricidad a la vida familiar le da mucha alegría»

El escritor publica “La vida a ratos” y afirma que perdió “el pudor para escribir hace tiempo porque es un lastre”

El escritor publica “La vida a ratos” y afirma que perdió “el pudor para escribir hace tiempo porque es un lastre”

Empieza «La vida a ratos» preguntándose: «¿Soy un viejo?» Y se responde: «Sí, coño, lo soy». Y sin embargo dice que se ve como un muchacho.

Claro, está esa contradicción porque llevo una vida muy activa, me levanto pronto, trabajo un par de horas hasta las ocho y media.

¿A las 8:30 ya ha trabajado dos horas?

Entre seis y ocho de la mañana hago aquello más personal, si tengo una novela entre manos... luego desayuno y me voy a caminar. Cuando llevo un rato y voy a buen paso, la impresión que tengo de mí mismo es la de un muchacho, pero claro sé que no lo soy porque los demás, entre otras cosas, no me ven así.

Una amiga dice que a todo el mundo de su edad lo ve mayor que ella.

Sï, bueno, esa es otra cosa. Muchas veces cuando veo a alguien de mi edad que hace tiempo que no veo, pienso: «qué viejo está». Y luego me pregunto, ¿me verá igual a mí?

Ha escrito que «las mejores leyes son las que sin existir, actúan». ¿En España tenemos una ley que nos obliga a repetir la historia cada, digamos, cuarenta años?

Espero que no... España tiene una historia terrible.

Si no a repetirla, ¿sí a tontear con hacerlo?

España es un país muy cainita y, sí, creo que la palabra adecuada es la de tontear porque efectivamente tú observas ahora la campaña y ves que es una campaña muy guerracivilista. Esa agresividad que hay no está en la sociedad.

Pero acabará estando.

Hombre, si se empeñan a lo mejor sí. Espero que la sociedad española sea tan sensata que sigan sin hacerles caso. Yo asisto a comidas con gente de muchas tendencias y hablan con tranquilidad, no se tiran las copas de vino a la cara.

Se debe mover en ambientes muy tranquilos...

Quizá rehuyo la agresividad porque no hay cosa que peor cuerpo me ponga, no la soporto, me recuerda que este ha sido un país de trincheras. Pero de verdad no percibo que la gente esté tan sobreexcitada como los políticos. De hecho, creo que si el primero en las encuestas es (Pedro) Sánchez es porque es el menos agresivo, creo que no tiene ninguna otra virtud que la de aparecer poco y ser el menos agresivo. Porque no hay explicación de las encuestas más que esa.

Puede pensar en cómo son los que van detrás de él.

Ya. Es curioso porque es una campaña que en lugar de hablar de las virtudes propias se está hablando todo el rato de los defectos del contrario. El otro día yo le decía a un periodista que la autoestima es una peste: la gente está muy preocupada por eso y enseguida va al psicólogo. ¿Se imagina una sociedad en la que no tuviéramos autoestima?

En su caso, ¿el psicoanalista es real o imaginado?

No, es real, este es un diario de tres años de mi vida.

¿Lo que le dé vergüenza es lo imaginario?

(Risas) No, porque no me da vergüenza nada, perdí el pudor para escribir hace mucho tiempo porque creo que es un lastre para un escritor.

A mí me encantaría que todo lo que cuenta fuera real.

Todo es real. Yo digo que es un diario entre lo que me ocurre y lo que se me ocurre, pero he borrado las fronteras de una cosa y otra.

¿La risa justifica los medios?

(Risas) Seguramente sí, aunque yo suelo decir –y hay un poco de pose en esto– que cuando era joven y la gente me decía que se había reído mucho con lo que había escrito, me disgustaba. El humor en mis libros es un efecto colateral. He pensado mucho por qué será, porque no pretendo ser gracioso, al contrario, pretendo ser grave, pero creo que tiene que ver con el modo de acercarme a los temas. Utilizo mucho la ironía y el pensamiento paradójico y la paradoja produce risa porque da una idea de lo patético que es el ser humano. El ser humano es tan contradictorio que da risa.

¿Las excentricidades es mejor mantenerlas lejos de los seres queridos?

Creo que la excentricidad a la vida familiar le da mucha alegría. A mí mis nietos me adoran por excéntrico. Las excentricidades, en un mundo donde está todo tan regulado, están muy bien siempre que no hagan daño a nadie.

¿Qué ocurre cuando, como critica, ni los que los hacen leen los periódicos?

Es una cosa increíble. Vas a cualquier redacción y nadie ha leído el periódico. Hay una sensación, que es falsa, de que estamos informados sin necesidad de leer el periódico. Somos depósitos inagotables de datos, estamos las 24 horas del día acumulando datos.

¿En qué se traduce eso?

Nos genera la ilusión de estar informados, pero no lo estamos porque los datos no son información hasta que no se interpretan. Hoy tendría un gran éxito un periódico que solo fuera interpretativo, que diera por hecho que los datos los tienes. Yo necesitaría un periódico así.

¿La vida a ratos es la única manera de sobrellevarla?

Es que de hecho la vida la llevamos a ratos porque cada rato hacemos una cosa. Yo titulé así porque me parecía que de un día puedes seleccionar tres o cuatro ratos buenos y es lo que he hecho.