La absorción de IU por Podemos sólo sirve para arañar un diputado

Cañamero logra el escaño en el Congreso por Jaén, el ex Jemad no consigue revalidar el de Almería y suman otro en Sevilla

Teresa Rodríguez, en la imagen junto a José María González, votó en Cádiz
Teresa Rodríguez, en la imagen junto a José María González, votó en Cádiz

Cañamero logra el escaño en el Congreso por Jaén, el ex Jemad no consigue revalidar el de Almería y suman otro en Sevilla.

Con la respiración contenida en una peña flamenca de Cádiz. Conjurados al aje. Así siguieron los equipos de dirección andaluces de Podemos e Izquierda Unida (IU), con Teresa Rodríguez y Antonio Maíllo a la cabeza, los resultados electorales con la esperanza de que su alianza sirviera para contrarrestar la lógica distributiva de la Ley D’Hont y contribuir al cambio del tablero político nacional. Pero no sucedió.

La formación morada concurrió el 20D por primera vez a unas elecciones generales y logró catapultar desde la comunidad a 10 diputados con el 16,90 por ciento de los votos, unos datos que supusieron, con todo, un tajo a sus expectativas. IU, por su parte, se quedó sin representación en las Cortes, a pesar de haber recibido el 5,7 de los sufragios. En conjunto, recabaron en torno a un millón de votos por separado, que confiaban en amplificar de la mano de la confluencia Podemos-IU, para contribuir desde Andalucía al anhelado «sorpasso» al bipartidismo en la cuarta cita con las urnas en 15 meses. Y lo hicieron un poco más, aunque su aporte volvió a ser insuficiente, como las adhesiones en el mapa nacional en general, sobre todo teniendo en cuenta la adición, por práctica absorción, de IU. Arañaron un diputado para la lista: consiguieron 11, gracias a más de 786.290 sufragios, el 18,56%. Pero Podemos sigue ocupando la tercera posición en la correlación de fuerzas políticas en la comunidad, lejos del PSOE.

El propio líder de la formación morada, Pablo Iglesias, reconoció durante la campaña que en la región tenían un «problema», ya que no evolucionaban al ritmo positivo que lo hacían en otros territorios, cuando el peso del cuerpo electoral autonómico es considerable. En concreto, 6,5 millones de andaluces estaban llamados ayer a las urnas, 40.800 por primera vez, para enviar a 61 delegados al Congreso y a 32 al Senado.

Hartazgos y miedos espesos se mueven a menudo detrás de los votos. La confluencia lo sabía y quiso convertir esos impulsos en ilusión en una campaña de corte blanco en la que, una vez superadas las primeras tiranteces que provocó la imposición por parte de Podemos de algún «cabeza de lista» como el de Almería, el ex Jemad Julio Rodríguez, ha servido para dejar patente la buena sintonía entre Rodríguez y Maíllo. Otro de los fichajes «podemitas», el del ex portavoz nacional del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) Diego Cañamero como «número uno» por Jaén, en sustitución del encarcelado Andrés Bódalo, causó también momentos de tensión al afirmar que el PSOE había usado «los tiros para matar a gente», en alusión a los GAL. Podemos pretendía que la figura del dirigente jornalero sirviera para disputar el voto en el que sigue residiendo en buena medida la fuerza del PSOE andaluz: el del ámbito rural. Y, de hecho, el escaño de Jaén que obtuvo Cañamero es uno de los que marcó la diferencia, aunque en Jódar, el pueblo de Bódalo, la victoria fue para los socialistas. Podemos repitió resultados en relación al 20D en Cádiz (2 diputados), Córdoba (1), Granada (1), Huelva (1), Málaga (2); perdió el congresista por Almería (el ex Jemad) y se anotó 3 en Sevilla, uno más que en 2015.

El análisis del reparto de preferencias de los andaluces permitirá sacar conclusiones reposadas, pero ya anoche una pareció clara: en política, no siempre dos más dos suman cuatro. Rodríguez, quien había mantenido que el día se estudiaría «en los libros de Historia», admitió que los números no eran los que aguardaban. Lamentó, con Maíllo, la «obsesión» de Susana Díaz con la confluencia que «permitió» el triunfo del PP.