Leila Nachawati Rego: «Intento con mi novela contribuir a crear empatía con el pueblo sirio»

Con su obra «Cuando la revolución termine» acerca la realidad cotidiana de la vida en Siria que originó el levantamiento popular de 2011

Leila Nachawati Rego es hija de padre sirio y madre gallega, creció entre Damasco y Santiago de Compostela. «Con ocho años –explica– había interiorizado el miedo». Desde niña ha tenido un interés natural por las diferencias y similitudes culturales, sociales y políticas entre el Norte y el Sur del Mediterráneo. Profesora de periodismo en la Universidad Carlos III de Madrid y responsable de comunicación de la red internacional de derechos humanos Asociación por el Progreso de las Comunicaciones, llega hoy a Sevilla para presentar su libro «Cuando la revolución termine» (Turpial), muy agradecida al Centro Andaluz de la Letras y a la Fundación Tres Culturas por el «compromiso» adquirido para dar «voz» a temas que «no son fáciles» y animando a todo aquel que quiera conocer algo de la realidad de Siria.

Fundadora en 2013, junto con un grupo de periodistas, desarrolladores y diseñadores sirios, del portal SyriaUntold, que busca mostrar la resistencia cotidiana de la población siria y su producción artística y cultural, presentará esta tarde, en la Biblioteca Infanta Elena, a partir de las 19:30 horas, una obra que no deja indiferente a nadie. «Andalucía, además de Sur del Mediterráneo, ha sido cuna de varias culturas y de su convivencia, quizá por ahí mi novela contribuye a crear empatía con el pueblo sirio, conocer cómo es su día a día, su cotidaneidad y qué les motivó a salir a la calle de forma pacífica para desafiar a una dictadura de décadas y por qué hay el actual nivel de violencia. Para ello resulta importante entender cómo empezó todo».

Leila narra en su novela el movimiento popular originado en 2011, una revolución surgida del «caos mediático», en la que las redes sociales –vídeos de Youtube– sirvieron para publicitar un conflicto no conocido, pero que también distorsionó la realidad al albur de intereses de terceros (EE UU, Rusia...). «En su origen era una declaración de intenciones, ahora es un proceso que se ha boicoteado por las estructuras del poder, en el que los derechos humanos han sido aplastados y, por desgracia, esta impunidad avanza al resto del mundo», explica. Profundamente sensibilizada, Leila admite que «Siria hoy es un pueblo ocupado, en guerra por intermediación, sus víctimas son sirias y su tierra es el campo de batalla, pero los intereses trascienden. Hoy Siria no es de los sirios y su futuro está en planes siniestros».

Con millones de refugiados repartidos por toda Europa, «se ha conseguido deshumanizar a todo un pueblo», y lo que realmente duele a Leila es que desde nuestra atalaya «sentimos incluso que ellos se lo han buscado». Ese «ruido» que no deja entrever la realidad es su gran preocupación. «Hay gente deseando volver a un país maravilloso, pero no puede. E igual de preocupante es la situación de miles de presos, cárceles que se han convertido en los campos de concentración del siglo XXI». Cientos de ejecuciones, miles de muertos, bombardeos y un régimen que sigue siendo el interlocutor válido para el resto del mundo provoca que sus líderes se vean «más fuertes e impunes».

Su novela permite romper las dicotomías que parecen regir en Oriente Medio, «radicales o moderados», «moros buenos o malos», «árabes malos o marionetas del imperio», y entender que el levantamiento de todo un pueblo tiene que ver con factores internos. «Para entender a los sirios hay que escucharlos, mostrar la vida cotidiana» allí, porque en realidad «son iguales que nosotros, quieren justicia y vivir libres». La aportación de Leila sirve para reivindicar la memoria de esa población que sigue «resistiendo».