Los empachos de las fechas

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Sujetos a los dictados del calendario, inmersos en un tránsito que va desde la celebración de la Constitución al de la Inmaculada, hay quienes han planteado en Andalucía una dictadura de fiestas que llegaría al 8 de diciembre desde el día 4, anhelado festivo para los reprogramadores de la autonomía. Ahí es nada, un salto de oca en que se solaza porque le toca. De la rememoración de la Carta Magna a la del milagro de Empel, donde la Virgen intercedió en 1585 para que el tercio español resurgiera triunfante de las heladas de Flandes, reside una metáfora que señorea también en estos días de frío invernal. La política y la fe, el poder y el sahumerio, ambos se confunden para alguien que leyera estos días el artículo 155 y se llevara a la boca, a la vez, un polvorón de convento. Entre los feriados 6 y 8, la independencia catalana, pertinaz como la sequía, se arrojó a las calles de Bruselas para pedir los mismos derechos, la misma democracia, que los rebeldes han negado a la mitad de sus conciudadanos. Frío, helado, poder, votos, velas y religión, cualquier cosa con tal de eclipsar hitos desde la capital europea, con el DNI español y en medio de una campaña electoral, la de los comicios en Cataluña que romperá en menos de dos semanas en un nuevo Parlament. La propaganda electoral marcha a toda máquina. Al presidente del PP andaluz, Juan Manuel Moreno, sí se lo ha visto acompañando a su homónimo en Cataluña, Javier García Albiol, pero hay algunos maliciosos que apuestan por que Miguel Iceta no curse invitación a la presidenta de la Junta. Avisan las malas lenguas de la indigestión que provoca en esas latitudes la figura de Susana Díaz, referente del PSOE más jacobino, un empacho similar al que propicia el 155 y la manteca del polvorón. Que aproveche.