Los marcianos del ministerio

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Mientras Susana Díaz hacía los exámenes de Selectividad, José Guirao, el sustituto de Màxim Huerta en el Ministerio de Cultura y Deporte, terminaba la reforma del palacio de San Telmo en su cargo de director general de la consejería del ramo. Era el año 1991. El antiguo seminario se preparaba para albergar la sede de la Presidencia de la Junta. En 1992, el año de la fastuosa Expo de Curro y el mangazo, Manolo Chaves estrenó el mismo cojín del trono andaluz donde hoy, casi diez trienios después, asienta sus posaderas la presidenta andaluza, para quien Guirao sencillamente representa un marciano. Evidentemente, la presidenta y el ministro están en las antípodas. Si fueran polos magnéticos, ocuparían periferias contrarias del universo. El ministro es un técnico; Susana, una política. La presidenta es del Poniente nuclear; Guirao, del irreductible Levante, territorio que hiede a «pedrista» desde la costa al desierto. Precisamente es Almería una de las dos provincias en las que la infantería «susanista» y la «pedrista» se disputan este fin de semana las candidaturas municipales en unas elecciones primarias. Al revés que Susana Díaz, al nuevo inquilino ministerial le interesa más el videoarte que el arte de la puñalada partidaria. Lo dicho, un marciano. Bien haría Guirao, el cuarto ministro andaluz junto a Montero, Planas (ojito) y Calvo, su mentora, en haberse cuidado de un desliz pasado. No hizo así su predecesor, que ha durado en el ministerio apenas unos telediarios (de a un tiempo a esta parte se han convertido en un eterno plano secuencia de cadalsos): de Rajoy a Huerta, pasando por Urdangarín y Lopetegi. Pero ha sido llegar Guirao al ministerio y ya hay quien anticipa el milagro de los panes y los peces. Con saber ralentizar la actualidad ya habrá obrado la marcianada.