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«Memorial de los libros naufragados»: la otra locura de un Colón que cambió el mundo

El historiador Wilson-Lee recrea el relato de cómo se gestó la «biblioteca universal» de Hernando Colón

El historiador Wilson-Lee recrea el relato de cómo se gestó la «biblioteca universal» de Hernando Colón

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«Una locura que salió bien». Así resume el historiador Edward Wilson-Lee la llegada de Cristóbal Colón a América y una misma cepa de aquella locura, en su opinión, es la que condujo a su hijo Hernando a emprender la colosal tarea de crear una «biblioteca universal». Empresas ambas que probarían «el carácter visionario» que ambos poseían. Wilson-Lee considera que el principal empuje para el pequeño de los Colón fue «demostrar»que era hijo de su padre y heredero de su espíritu, aunque no lo fuera de sus títulos al ser hijo natural –como se designaba a los nacidos fuera del matrimonio–, no considerado entonces legítimo.

Estudioso de los libros medievales y renacentistas, el autor reparó en que la historia de Hernando Colón permanecía en al oscuridad mientras investigaba con un colega de la Universidad de Granada, José María Pérez Fernández. «Es asombroso que no fuera conocida en todo el mundo –reflexiona–. Es una historia que hemos dejado a un lado hasta que hemos visto la importancia que tenía». El tiempo actual, con la irrupción de la tecnología y especialmente internet en nuestras vidas, ha permitido dotar de significado aquel proyecto. «Es una historia perfecta para nuestros días. Hace treinta años, si voy a una editorial a decirle que voy a escribir un libro sobre los catálogos de biblioteca del siglo XVI dirían que estoy loco. Ahora podemos entender la importancia de la historia de Hernando. Elaborar un mapa del saber puede ser un arma de gran poder para quien lo construye. Esa es una de las causas de por qué ha estado oculto hasta ahora», opina. «Él vio que una biblioteca universal sería un monstruo si no tienes forma de ‘‘navegarla’’», explica Wilson-Lee, y para eso elaboró nueve formas diferentes que permitían situarse en ella estableciendo una clasificación por diferentes criterios. Durante ocho años, Wilson-Lee buceó en el pasado para armar el relato de cómo el segundo de los Colón logró reunir los 15.000 volúmenes que calculan tenía su colección privada. No solo libros, cualquier documento que recogiera la vida de la época tenía cabida en sus estanterías: folletos, pósters, estampas, o partituras. Una curiosidad es que gestó la idea de situar los libros de canto en estanterías que permitían abarcarlos de un vistazo. En el lomo anotaba detalles relativos al precio, cuándo y dónde los había comprado o quién se lo había regalado. La biblioteca quedó reducida a cuatro mil volúmenes, que se conservan en la Catedral de Sevilla: en la Biblioteca Colombina residen 1.194 incunables.

La fecha de la primera inscripción señala a 1.509 como el año en que comenzó su afán recopilatorio, partiendo de libros heredados de su padre. Aquella encomienda se mantuvo durante treinta años, hasta su muerte en 1.539. Como suele ocurrir con las herencias, su partición propició que prácticamente dos partes de aquella inmensa biblioteca privada se perdieran, bien porque se destruyeron –por el paso del tiempo o intencionadamente dado su contenido– o se dispersaron. Hace solo un año, Wilson-Lee y su colega de la Universidad de Granada confirmaron que el «Libro de los Epítomes» se encuentra en la Universidad de Copenhague –un catálogo de casi dos mil páginas con referencias a los títulos que poseía–. Otros de sus libros se han localizado en la Fundación Giorgio Cini en Venecia o en la biblioteca estadounidense John Carter.

Su capacidad no se limitaba a los libros. Según Wilson-Lee, Hernando Colón elaboró un plan para completar la primera circunnavegación diez años antes de que Magallanes y Elcano emprendieran su proeza. Ese «cierre del mundo»físico que pretendía Colón padre, también lo intentó de manera metafórica Hernando. «Quiso dominar el mundo a través del saber», asegura el autor, que destaca la «idolatración» que sentía por su progenitor, cuya biografía escribió «para contribuir a crear un mito». «Los primeros treinta años de vida de su padre no son la vida de un héroe» y esa premisa hizo que el hijo los obviara en su obra. «Hernando quiso construir una leyenda», asegura el profesor. Esta circunstancia no resta trascendencia a la vida de ambos. Wilson-Lee considera que este libro le ha dado la «oportunidad de hablar de todas las cosas importantes que ocurrieron en esa época, en el Renacimiento, la Reforma y los descubrimientos unidas en un solo hombre». Porque Hernando acompañó en su cuarto viaje a América a su padre, viajó con su hermano Diego, también Almirante, y su posición económica le permitió acceder a multitud de personas y lugares destacadas.