«Mi especialidad siempre ha sido buscar en los silencios de la literatura»

Eva Díaz Pérez trabajará desde la dirección del CAL para que las letras andaluzas pasadas y presentes ocupen su lugar

Eva Díaz Pérez trabajará desde la dirección del CAL para que las letras andaluzas pasadas y presentes ocupen su lugar

El Centro Andaluz de las Letras (CAL) arranca nueva etapa. Su directora, Eva Díaz Pérez, llega con la consigna autoimpuesta de que las letras andaluzas, las pasadas y las presentes, ocupen su lugar.

¿El CAL es el Instituto Cervantes andaluz?

Me gusta esa idea del Cervantes porque lleva la cultura por todo el mundo. De alguna forma el espíritu es semejante porque se trata de difundir nuestro patrimonio literario, tanto de los creadores andaluces como del resto de España. El CAL tiene una mirada muy abierta, no es un centro que se mira a a sí mismo, está abierto a gente de fuera y una de las intenciones que tengo es proyectar más la obra de los creadores andaluces fuera. Como ahora se lleva tanto el mirarse el ombligo las patrias... pues esto es lo contrario: venid todos y vamos a integrarnos.

Si atendemos a la historia, Andalucía está siempre en la primera línea.

Siempre...

¿Debemos mirarnos un poco más el ombligo en las letras? Solo nos falta solo que Cervantes fuera andaluz.

Pero realmente creo que aprendió la condición humana, con sus sombras y sus luces, en Andalucía. Lo pasó tan mal que en buena parte Cervantes se hizo aquí, aparte de que supuestamente empezó aquí El Quijote. No sé si mirarnos el ombligo, pero sí creernos a nosotros mismos un poco más, eso sí hace falta. Hay cierto complejo y si miras la historia de la cultura española está protagonizada en buena parte por creadores andaluces en todos los ámbitos.

Da la sensación de que hablamos siempre de los mismos autores, ¿nos pesa tanto el pasado que lo de ahora no se ve?

Me gustaría que pesara más el pasado en el sentido de que se subrayara más todo ese riquísimo patrimonio literario y me interesa mucho rescatar olvidados. Y creo que el CAL también está muy pendiente de lo que se hace ahora mismo, tanto de los jóvenes como de los veteranos, de autores vivos.

¿Cuáles son esos autores para recuperar que tiene en la cabeza?

Mi especialidad en los periódicos, incluso en los libros, siempre ha sido ir más allá, en los silencios de la literatura buscar quién merece rescatarse, intentar evitar anomalías extraliterarias porque todavía se colocan etiquetas y clichés, fruto de haber leído poco.

Es difícil muchas veces separar de la lectura el prejuicio de cómo es o piensa un autor.

Es muy difícil porque la vida y la obra están muy relacionadas siempre, pero con distancia y contextualizando a cada uno en su época, pues ya está. Ocurre en muchos lugares, no solo en España. En Francia ha pasado con Céline. Se cuestionó mucho al personaje, como es lógico, porque era antisemita. Puede hacerse contextualizando, entendiendo cómo es ese personaje, con las sombras por supuesto, no se trata de hacer hagiografías.

Ahora está de actualidad el caso de Unamuno.

La Guerra Civil coloca a la gente muchas veces en situaciones extremas. ¿Cómo nos habríamos comportado cada uno?

Es lo que decía Andrés Trapiello, que quienes ganaron la guerra perdieron los manuales de literatura.

Exactamente. Eso es a lo que me gustaría atender. El día de la lectura lo vamos a dedicar al exilio intelectual porque hace falta todavía reflexionar sobre la obra de muchos andaluces allí. Los de primera línea están incorporados con naturalidad, pero hay cantidad que no se conocen. Su obra se publicó en Méjico o Argentina y hay un silencio extraliterario que es importante sanar. Y por otro lado, aquí ocurre con los exilios interiores: cuando llega la democracia, todos los que habían ganado la guerra son silenciados también. Hay autores muy interesantes que también pesa sobre ellos cierto silencio. Este país merece un conocimiento maduro de la realidad histórica y literaria, con distancia.

¿Cuándo llegará a instalarse esa tercera España?

Nuestro querido Chaves Nogales, ¿cuánto tiempo ha estado silenciado? Primero en la dictadura franquista y luego porque era un hombre que no interesaba. En medio del horror, fue capaz de tener esa lucidez que no tenemos ahora.

¿La cultura hay que pagarla, como va a ocurrir ahora con los museos?

Algo hay que pagar. Desgraciadamente, vivimos en una sociedad donde el dinero muchas veces sirve para determinar lo que vale o no vale. Algo gratuito se desprecia y no se valora el esfuerzo que hay detrás. Además, aquí no cuesta tanto y parece muy cara, pero nadie cuestiona una entrada de fútbol.