Famosos

No todo son bodas

Paloma Sánchez-Garnica, en la presentación de su novela, se refería a que el amor hay que alimentarlo a diario.

A Angelina Jolie y Brad Pitt se les acabó el amor tras los focos
A Angelina Jolie y Brad Pitt se les acabó el amor tras los focoslarazon

Paloma Sánchez-Garnica, en la presentación de su novela, se refería a que el amor hay que alimentarlo a diario.

Llevamos un mes de septiembre, que al igual que con la temperatura, ha superado con creces las habituales en la época. Ha ocurrido con las bodas, que, además de recorrer todas las clases sociales, han tenido algunas, aparte de suculentas exclusivas, festejos dignos de las mil y una noche. Todavía nos queda alguna de trono y tronío, que marcará definitivamente la vuelta a la normalidad: la de la reina de la copla y de todo asunto mediático que se precie, Isabel Pantoja.

Comentaba el otro día con unos amigos que, para obtener a partir de ahora una exclusiva de boda de más 300.000 euros, habrá que ofrecer todas las fotos de la intimidad absoluta de la noche de boda y sus juegos eróticos.

Pero al igual que las flores no duran, por bellas que sean, dos primaveras, hay amores que se da por hecho que son eterno y que también se rompen, incluso se destrozan. Susana Valdés, la directora de programas de Onda Cero Andalucía, que conduce el programa del mediodía, en el que colaboro, me preguntó en directo sobre la separación de Brad Pitt y Angelina Jolie. En clave de humor, le contesté que Angelina se había precipitado, que le había dicho que esperara un tiempo, que no estaba aún preparado para dar la cara al mundo y aceptar que soy la causa de este suceso, que yo no me voy a ir a vivir ni a Los Ángeles ni a Francia ni a Inglaterra ni a Italia, ni tan siquiera a las Maldivas o cualquiera de las casas que tiene la pareja casi perfecta por el mundo y que ahora tendrán que repartir, como tantos otros bienes. A mí, de Sevilla ya no me mueve nadie. Así que vete acostumbrando a que te llamen Angelita, a que te gusten los polvorones de La Estepeña, los boquerones al limón, el cazón en adobo, casita en Matalascañas, traje negro y mantilla el Jueves Santo y trajes de gitana de Rocío Peralta para la Feria. Pero después de la broma, esta separación, que se ha convertido en noticia planetaria, vuelve a plantear que las imágenes a veces dan por seguro la perfección de ciertas parejas, pero no existe cuando se apaga el foco. Ese mismo día, Paloma Sánchez-Garnica, en la presentación de su última novela, se refería a que el amor hay que alimentarlo a diario, para que no termine muriendo; que además es en la intimidad del hogar donde hay que conseguir las buenas maneras, las bellas miradas, tan importantes en una relación; lo de puertas afuera, no es más que buena educación. Si a estas sabias palabras de Paloma añadimos la exposición al público constante de la que seguramente ha sido la pareja más conocida del mundo, la profesión en la que eran máximas estrellas, es fácil que te suceda que, al llegar a casa, te suceda como cuando te bajas de un escenario, que después de la intensa representación te has quedado vacío y no queda nada más que hacer o decir. Son todavía jóvenes, bellos, riquísimos y muy solidarios. Esperemos que un divorcio que no sólo van a vivir ellos, les va a acompañar el resto de la humanidad, se convierta en un tramite corto y amistoso. Lo contrario los podría dejar al borde del abismo.

Raquel Mosquera vuelve a las portadas. En este caso en «Diez minutos». No aparece, como en sus años de matrimonio con Pedro Carrasco, con aquellos bañadores imposibles que a duras penas lograban contener las exuberantes carnes de la conocida peluquera. «Raquel carga contra Rocío Carrasco», reza el titular. Al igual que Rocío, en su derecho, vende a precio de oro y brillantes la exclusiva de su boda. Su madrastra –parentesco muy en desuso, pero que tanto juego ha dado en la vida y sus consecuencias, literatura, cine y ese espacio nunca suficientemente valorado que son los culebrones– también tiene derecho a dar sus opiniones y cobrarlas. Es coprotagonista de esa historia. Tampoco hace demasiada sangre, no sé si por generosidad o porque se guarde algunos ases para próximas entregas. En esto conviene acogerse al «siéntate en tu puerta y verás el cadáver de tu enemigo pasar». En estos casos lo que puedes ver pasar es una revista con gran exclusiva en portada.

Marta Ortega, que en los momentos que vivimos tendría que ostentar el titulo de princesa heredera del reino de Zara –reino más poderoso y saneado que muchos estados–, posa por primera vez con el que presuntamente es su nueva pareja, Carlos Torretta, que es un apuesto joven con carrera importante en el mundo de la moda internacional. Siempre habrá la envidiosa, que lanzará la insidia de que don dinero hace poderosa y atractiva a cualquier mujer. Pura maldad, la chica ligaría igual si fuese dependienta de una de sus tiendas. Pero si a la buena carne le añades una buena salsa de oro de 24 quilates, el plato gana mucho.