Pájaros, fieras y vestigios musulmanes a las afueras

La programación cultural, más allá de las cofradías, está casi congelada. Queda entregarse a la naturaleza en sus muy diversas formas

Las aves de la Cañada son una buena compañía como plan alternativo
Las aves de la Cañada son una buena compañía como plan alternativo

Sevilla no es la ciudad si se quiere escapar de la tradición semanasantera. Porque mañana, tarde, noche –e incluso «Madrugá»– el riesgo de toparse con una cofradía ronda el 95 por ciento –el cinco restante no es más que un margen de cortesía–. La Catedral, la Giralda, el parque de María Luisa, las novedosas «setas» de la plaza de la Encarnación o el Museo de Bellas Artes seguirán en el mismo sitio cuando culmine la Pasión. Pero si están, o pasan inevitablemente por la capital, hay más Sevilla a pocos kilómetros.

Si la Historia le remueve el interior, las ruinas de Itálica, en el municipio de Santiponce, están abiertas a diario –excepto los lunes–; la ruta de los castillos, que parte de la muralla macarena y los Reales Alcázares, requiere vehículo propio pero a cambio promete acercarse a joyas musulmanas como la fortificación de Alcalá de Guadaíra o los Alcázarares de arriba y de abajo de la cercana Carmona, donde el estómago siempre agradece llegar a la hora del almuerzo.

Otro Castillo, éste como nombre de pila de la localidad que lo alberga (de las Guardas es el apellido), acallará las llamadas de la naturaleza más sonoras. Un poco de pan duro bastará para dominar a los salvajes inquilinos y saciar los particulares espíritus de «George de la jungla» por varios meses. La visita incluye «lavado» de cristales gratis cortesía de unas cebras menos amigables de lo que hacen creer sus divertidas rayas.

Otra opción con animales es la Cañada de los Pájaros, dispuesta desde las diez de la mañana –y que no entiende de festivos ni cierres– a ofrecer la compañía de las más diversas aves. En La Puebla del Río, en plena naturaleza y con la voluntad como tarifa. Risas garantizadas por la «confianza» extrema de sus habitantes no humanos.

En el extremo opuesto en cuanto al coste económico se encuentran los viajes en globo: una hora sobrevolando la provincia con unas vistas inigualables o, como dice la empresa en su publicidad, «una forma diferente de pasear». Nada barato pero desde luego un modo muy especial de recibir a la esperada primavera. Las opciones culturales en la Semana Grande sevillana están prácticamente «congeladas», más allá de los desfiles procesionales y los actos programados a su alrededor –con minúsculas excepciones detalladas a los márgenes–. Se posponen conciertos, teatros y demás propuestas similares. Queda pues entregarse a la naturaleza, a la viva y a la muerta, que de ella saben mucho en los negocios que más proliferan por metro cuadrado en esta tierra.

Epílogo: ¿de verdad van a elegir Sevilla en Semana Santa y a perderse los andares de un Cristo en busca de la redención?