Política

Prometer lo imposible

Oriol Junqueras declara en el Tribunal Supremo durante el jucio del «procés» / Foto: Efe
Oriol Junqueras declara en el Tribunal Supremo durante el jucio del «procés» / Foto: Efe

Ya tenemos día para entonar aquello de los primeros acercamientos de los españoles a la urnas democráticas: «Habla, pueblo habla». 28 de abril, fecha atinada. Cierto es que a algunos partidos, que llevan pidiendo elecciones desde hace meses, ahora no les viene bien fecha tan cercana. Me comentaba un importante personaje del ala conservadora que no eran pocos los líderes del eje del mal, o del bien, según simpatías personales, que estaban seguros de que Sánchez y los independentistas catalanes tenían un acuerdo cerrado que dramatizarían hasta el último minuto para venderlo mejor a sus afiliados. Esto daría pie para sacar fácilmente a muchos españoles a la calle, desgastando a Sánchez de por vida y provocando una ruptura en el PSOE, que garantizaría una mayoría absoluta de las fuerzas conservadoras. No hace falta ser un lince del mismísimo coto de Doñana para saber que en campañas, de cara a elecciones, todos los candidatos y sus coros, ballets y orquesta tienden a realizar promesa imposibles de cumplir si llegan al poder. Por eso los partidos que tienen escasas posibilidades de llegar al gobernar suelen llegar mucho más lejos a la hora de prometer el cielo en la tierra, el gordo de la lotería –porque todos tenemos derecho a ganarlo–, incluso una semana con todos los gastos pagados en la islas privadísimas donde descansan los famosos con fortunas deslumbrantes, y además los dos huevos fritos. Hasta ahí todo es parte del ceremonial de la democracia. Pero lo de los candidatos independentistas llega a límites que rozan, cuando no caen, directamente en el delito. Junqueras, en el juicio del Supremo, hizo una interpretación que bien merecía un Goya. Le faltó cantar «Suspiros de España». Mientras en Barcelona, otros dirigentes que se han librado de la cárcel cuentan en plan dramón de antiguas telenovelas todas las vejaciones a las que fueron sometidos los que están siendo juzgados al ingresar en prisión. A punto del llanto, cuentan que incluso fueron despojados de sus alianzas, después de enumerar todos los agravios recibidos, como una gran trágica, enfatiza la voz, un breve silencio, una larga mirada intensa a la platea, al tiempo que declama como Marco Antonio leyendo el testamento de César a la plebe romana: «¡Lo único que no pudieron arrebatarles fue la dignidad!». Es el momento en que el público se pone en pie y los vítores por la república catalana arrecian. Lo cierto y verdad, que no hay que dejar dudas, es que todos los que afirmaron ante los jueces que aceptaban el artículo 155 y por tanto dejaban de un lado la dui –qué parecido el nombre a ese artilugio ginecológico que se usaba para evitar embarazos; a ver si la dui cambia su significado y se convierte en un detente para la independencia–, por lo que han «mitineado», uno saca en conclusión que siguen inasequibles al desaliento republicano, que la aceptación constitucional fue un medio de tener la llave que abría la muralla y que, una vez fuera de la misma, leña al mono español. Esto por la parte catalana. Pero en la campaña nacional seguro que se batirán récords de acritud y malas maneras. La incertidumbre de los resultados hará que las promesas se disparen. Aunque esto viene de lejos. Recuerdo la campaña que llevó al que ha sido el presidente del Gobierno más votado y que más tiempo ha estado en el poder, Felipe González. La promesa estrella de la campaña fue la creación de 800.000 puestos de trabajo, que no se cumplieron en el plazo prometido. Aquí en Andalucía las dos grandes promesas de la campaña del actual presidente de la Junta fueron la creación de 600.000 puestos de trabajo y bajada de impuestos generalizados. Hace unos días un consejero ha admitido que no es probable que se puedan cumplir las citadas promesas. A los andaluces nos viene bien las fechas, las generales entre Semana Santa y Feria –esto último a los sevillanos– y las de Mayo camino del Rocío.