Andalucía

Rubi no tiene defensa

La Real Sociedad arrolla al Betis (3-1) y deja en tenguerengue a su entrenador. Los verdes se adelantaron con un, otro, golazo de Loren pero cayeron con estrépito debido a su espantoso entramado defensivo

La Real Sociedad arrolla al Betis y deja en tenguerengue a su entrenador. Los verdes se adelantaron con un, otro, golazo de Loren pero cayeron con estrépito debido a su espantoso entramado defensivo

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Huele mal el Betis que ha caído a puesto de descenso, es cierto, pero huele mucho peor su entrenador, ese Joan Francesc Ferrer que pone mucho empeño en que algunos miembros del cuerpo técnico no se enteren de lo que dice, mucho más que talento para impedir la sangría defensiva de su equipo. Si es que a ese grupo de futbolistas que ayer salieron a Anoeta vestidos de verde se los puede calificar como equipo sin caer en la injuria. A pesar de adelantarse antes del cuarto de hora, siempre pareció lo que terminó ocurriendo: que la derrota era inevitable.

Se refería Rubi, puede que en su última previa o puede que no, a la importancia del «talento» que un técnico colocaba en el campo y cumplía con su palabra porque alineaba el barcelonés a un quinteto de atacantes que era pura clase: Joaquín, Fekir, Canales, Loren y Borja Iglesias, a quien el precio y el recuerdo reciente de la pasada campaña aún mantienen en este apartado (por ahora). En una incorporación de Barragán, magistralmente habilitado por el portuense, puso el pase de la muerte para que el «pichichi» provisional remachase en el primer poste. El marcador pintaba bien, el fútbol insinuaba otra cosa.

Antes del séptimo gol liguero de Loren, sin embargo, los síntomas era exactamente los que anunciaban el once bético, que carecía de futbolistas mínimamente capacitados para entorpecer el juego del rival. Cada vez que la Real Sociedad se desplegó en esos primeros compases, una bandada de buitres caía sobre el área de Joel Robles en busca del remate, ya que el centro del campo visitante no sujetaba nada. Una decena de saques de esquina botó el cuadro donostiarra en la primera parte, casi todos generadores de peligro por la falta de vigor de los defensores, y en otra estrategia llegó el empate.

Fekir, obligado a apagar fuegos en zonas que jamás debería hollar, atropelló a Oyarzabal en un balón aéreo dividido. Tuvo Soto Grado demasiadas ganas de pitar la falta, cierto, y el jugador vasco también puso de su parte con una lamentable interpretación. Pero detenerse en el exceso de rigor del lance es dar munición a la artillería de excusas que siempre ensordece cada tropiezo bético. La realidad es que, después de tres toques en el área, Monreal metió un centro fuerte que Javi García, contra su voluntad, convirtió en el gol del empate. El pelotón de debeladores de Quique Setién, por cierto, reprochaba cada ausencia del murciano como si de Uli Stielike se tratase. Y el buen hombre, se vio después con una agresión horripilante sobre Odegaard, no está ya ní física ni mentalmente preparado para la élite.

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La única esperanza de lograr algo positivo, que era macerar a la Real Sociedad en la ansiedad de la desventaja, quedó así conjurada. Volvía a plantearse el intercambio de golpes y volvían, por tanto, a multiplicarse las posibilidades de que la mandíbula de cristal bética se quebrase. Antes del descanso, Willian José le ganó la espalda a Barragán y asestó el primer golpe; al regreso del vestuario, Portu resolvió una melé propiciada por los malos despejes de Canales y Mandi. Nueva derrota por «knock-out» y peligro, otra vez, de goleada humillante.

La última media hora fue una larga agonía para los hinchas béticos, que querían ilusionarse con un gol que los metiese en el partido pero temían al mismo tiempo que el desgarro se convirtiese en un «siete», como ocurrió en Villarreal y Barcelona. Estrellaron Joaquín y Tello sendos balones en el travesaño, cierto, y también sacó Fekir su orgullo de campeón del mundo en un par de conducciones vertiginosas... lo que no significa que el encuentro estuviese siquiera lejos de equilibrarse. Al contrario, fue una victoria plácida de la Real Sociedad, que si no hizo más sangre fue porque no halló la necesidad y buscó el encaje de bolillos en varias jugadas.

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