Andalucía

«Se necesita un cambio de modelo en Doñana»

WWF y la Plataforma Salvemos Doñana apuestan por recuperar las marismas, poner en marcha medidas nuevas de ahorro de agua y hacer que se cumplan normas como los planes de ordenación territorial que afectan al parque

«El mejor regalo que se le puede hacer en el 50 aniversario es apostar por la restauración hídrica del estuario del Guadalquivir»

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La tierra no se estira y el agua no siempre sale de las piedras. «Antes, en esta época, la marisma nunca estaba tan seca. Aunque ya hace varios años que el tiempo que se ve con agua es más corto. Tiene que llover bien para que se recupere» afirma Miguel, un almonteño que lleva toda una vida contemplando los paisajes que rodean la aldea de El Rocío y que bisbisea: «El agua da vida».

La marisma es lugar de paso, cría e invernada para miles de aves europeas y africanas y forma parte de los ecosistemas de uno de los espacios protegidos más singulares del territorio andaluz y la mayor reserva ecológica de Europa: Doñana. Su núcleo, algo más de 54.250 hectáreas que comparten las provincias de Huelva y Sevilla, fue reconocido parque nacional hace ahora medio siglo.

«Siempre decimos que Doñana es la Alhambra en el ámbito de los monumentos naturales, un santuario de la biodiversidad, pero está pasando que llegan aves acuáticas invernantes y se encuentran con que está completamente seca y se van fuera de sus límites, a fincas privadas donde pueden acabar muertas». Habla Juan Romero, portavoz de la Plataforma Salvemos Doñana, quien defiende que el «mejor regalo que se le puede hacer al parque en este 50 aniversario es apostar por la restauración hídrica del estuario del Guadalquivir». «A partir de 1900», cose, «comenzaron a amputarle sus extremidades: los antiguos Brazos de la Torre y Brazo del Este, el río Guadiamar... y se quedó sólo el canal del Guadalquivir. Ahora Doñana depende de las aguas pluviales y no tiene influencia ninguna de los flujos mareales». Una lluvia que escasea.

Romero echa la vista atrás y recuerda que hace catorce años, «a raíz de la rotura de la presa de Aznalcóllar, el Gobierno de aquella época declaró de interés social la restauración hídrica e hizo un proyecto denominado Doñana 2005 que ha dado muy buenos resultados, pero que no se completó, le quedaron fichas o partidas por ejecutar como la permeabilización del Guadalquivir y las marismas. Hoy nos encontramos con éstas completamente secas», insiste. A esto hay que sumar que «cuando el nivel freático de las aguas subterráneas estaba muy en superficie, el arroyo de la Rocina se derramaba de manera natural y los meses más secos como agosto iba alcanzando a todo lo que es la madre del Rocío, pero ya casi no existen esas inundaciones por el abuso que ha habido en las extracciones de agua», lamenta.

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El portavoz de la mencionada plataforma aporta más datos: «Originariamente, las marismas del Guadalquivir ocupaban unas 130.000 mil hectáreas. En la actualidad apenas quedan unas 30.000, de las cuales son inundables aproximadamente unas 17.000, el resto son secas o transformadas». E incluso sobre algunas de las últimas «como las de Trebujena o Sanlúcar», pesa «una amenaza grave con proyectos de urbanización», denuncia. Romero aboga por «recuperarlas» porque «los científicos han demostrado ya que las marismas, las zonas húmedas, son las mejores barreras naturales que puedan existir para amortiguar los efectos del cambio climático en el mar, su subida».

Apuesta por que se llegue a acuerdos con propietarios de la zona para que «marismas que no tienen uso de ningún tipo se devuelvan a la vocación hídrica». «En Caño Travieso, que era una finca agrícola para cultivar cereales, se ha hecho una actuación estupenda. La compró el Estado, le cerraron los canales, la han restaurado y hoy es uno de los humedales más importantes que tiene Doñana», anota.

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«El mejor proyecto de futuro es llevar a cabo un plan que en vez de llamarse Doñana 2005, sea Doñana 2025, por ejemplo, pero hay que actuar», resume Romero.

O dicho en bruto por el portavoz de WWF en Andalucía, Juanjo Carmona: «Es hora de que admitamos que se necesita un cambio de modelo en Doñana, si no la Unión Europea (UE) no nos hubiera dado un tirón de orejas. Entre todos tenemos que ver cómo reconvertirlo». Recalca y se explica: «El modelo en los últimos 25 años no ha funcionado correctamente. Si tienes un acuífero con unos niveles en los años 90, viene la sequía, terminada ésta se recupera y desde entonces lo único que hace es bajar y bajar, no puedes decir que lo hace. No sin mentirte a ti mismo». Para apoyar sus afirmaciones trae a la actualidad un par de hechos: de un lado, «el Estado ha tomado la medida más extrema que hay en materia de acuíferos dentro de la legislación española como es declarar tres de las cinco masas de agua subterránea en las que se ha dividido el principal de Doñana en riesgo de no alcanzar el buen estado cuantitativo, lo que antes se llamaba sobreexplotación». De otro, «el Reino de España está en el tribunal de Justicia de Luxemburgo por, entre otras cuestiones, no tomar las medidas suficientes para frenar esa circunstancia».

Pozos y fincas en la ilegalidad

Y es que para Carmona, el tema del agua en el coto va más allá de las marismas y «afecta a ecosistemas en general en el parque». Entiende que después de declarar los acuíferos en riesgo hay que trabajar «en medidas nuevas de ahorro» del cada vez más preciado líquido. En ese punto, el portavoz de WWF señala que hay «fincas que se están regando ilegalmente y pozos que riegan ilegalmente». El cierre de los segundos, cuyo número total se desconoce, «es competencia de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) –ente estatal–», indica. Pero las primeras «lo son de la Junta, que tiene atribuciones que no puede obviar en medio ambiente, agricultura y ordenación del territorio». Pide al Gobierno autonómico que haga que «se cumplan normas como el POTAD –Plan de Ordenación del Territorio del Ámbito de Doñana– o el conocido como Plan de la Fresa –Plan Especial de Ordenación de las Zonas de Regadío Ubicadas al Norte de la Corona Forestal del parque–».

A juicio de Carmona, uno de los motivos por los que habría que modificar el sistema de gestión del espacio natural es la agricultura, «necesaria e imprescindible, pero que no se puede beber toda el agua que caiga. No se debe cerrar los ojos ante eso», avisa.

Como Romero, pone la lupa en una actuación que ya se ha hecho y ha dado resultado: «Hay agricultores que se quieren retirar, se les pueden comprar las tierras como el Estado hizo con la finca Los Mimbrales que acumula tres años seguidos de recuperación en las aguas de la zona».

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Fuentes de distintos grupos ecologistas se muestran «gratamente sorprendidas» por los mensajes que el Ejecutivo regional ha lanzado sobre el parque. El propio presidente andaluz, Juanma Moreno, ha proclamado el compromiso de su equipo con la protección y la conservación de ese espacio. Esperan que las palabras se conviertan en hechos, entre otras cosas porque «la UE y la Unesco volverán a hacer una evaluación en 2020».

**Otras amenazas como el gas acechan al espacio natural

Están dispuestos a romper algunos círculos que creen más que viciosos. La Plataforma Salvemos Doñana ha detallado a la Comisión y al Parlamento europeos las amenazas que, a su entender, se ciernen sobre Doñana. Incluyen entre ellas el que «una multinacional, Naturgy, pretenda convertir el subsuelo debajo del acuífero del parque nacional en una infraestructura empresarial innecesaria en términos energéticos» y que supondría riesgos de diversos tipos: «De inundación, de contaminación del acuífero y de sismicidad inducida». Abogan por que se cancele definitivamente ese proyecto de almacén de gas y se apueste por las «energías limpias y renovables». Han pedido también que se frene «el ‘boom’ minero sin garantías» que podría afectar al agua del coto.