Sevilla y sólo Sevilla en 2014

Zoido aguarda impaciente a su relevo al frente del PP-A en un año preelectoral clave para conservar la Alcaldía de la capital, con el lógico desgaste pero con «la misma ilusión»

José Luis Sanz sigue siendo el gran candidato a sustituirlo
José Luis Sanz sigue siendo el gran candidato a sustituirlo

Tres fechas marcan la trayectoria política de Juan Ignacio Zoido. El 22 de mayo de 2011, después de cinco años haciendo oposición a Alfredo Sánchez Monteseirín y unas elecciones ganadas sin mayoría con sólo un año como candidato, logra acceder a la Alcaldía de Sevilla. La micropolítica surte efecto. El juez se olvida de la toga, también de los privilegios y comodidades de la Delegación del Gobierno e inicia otros cuatro años en permanente campaña. Recorriendo cada rincón de la ciudad, los sevillanos le otorgaron el respaldo deseado para lograr un triunfo tan simbólico en la cuna del socialismo como esperado por los ciudadanos, tras la ruina a la que condujo el ex alcalde socialista, con la «colaboración» de Torrijos y compañía. Zoido: destino Sevilla. Sin más.

Zoido arrasa con más de 166.000 votos, el 49,31%. Mayoría absoluta, 20 concejales. Se está escribiendo, por tanto, la historia del voto prestado, aunque por ahora no esté resultando la deseada. Del subidón que supuso nada más llegar acoger la final de la Copa Davis 2011 y la urgente toma de decisiones para «organizar» de forma austera una difícil herencia económica se pasa a un «stand by» preocupante, consecuencia del fiasco que generan las elecciones andaluzas. Un conflicto de intereses que arranca el 12 de julio de 2012, cuando asume por lealtad a su partido la dirección del PP-A. Zoido releva a Javier Arenas. Su perfil político no termina de encajar en el Parlamento, donde se requieren otras virtudes. Salir ileso del enfrentamiento diario no es fácil. Él se mueve mucho más cómodo en el cara a cara con el ciudadano. Distancias cortas. Así, como secretario general no ha granjeado simpatías. Málaga, Granada o Cádiz miran con recelo cada uno de sus pasos. Mucho más cuando manifiesta abiertamente que su preferencia, su «obsesión», ha sido y siempre será Sevilla. «No le he restado dedicación a Sevilla, se lo he robado a mi familia», repite.

Pero eso no se ha traducido en hechos palpables desde su teórica posición de privilegio. Han sido diecisiete meses de querer y no poder, con alguna medalla colgada como la solución al conflicto de la Torre Pelli en San Petersburgo con la Unesco. La permanente confrontación con la Junta ha sido un lastre para la capital, prácticamente ignorada por el Gobierno andaluz de Griñán y ahora castigada por la nueva presidenta Susana Díaz. Una vez superados los cien días de gobierno, la trianera no ha tenido un hueco siquiera en su apretada agenda para tratar con «su» alcalde lo que la capital de Andalucía demanda. Los proyectos se enquistan uno tras otro cuando llegan a San Telmo hasta el punto de hacer dudar sobre a quién interesa más esta disputa. El Metro, la Ciudad de la Justicia, las Atarazanas, la Gavidia, la SE-35... La «mano tendida» de Zoido no ha sido suficiente.

La tercera fecha está por fijar. Los plazos marcados desde la calle Génova para anunciar el nuevo candidato a la Junta se van prorrogando un mes tras otro, pero no se dilatará mucho más. José Luis Sanz, José Antonio Nieto, Carmen Crespo y Esperanza Oña, en las quinielas de todos, se mantienen a la expectativa de Rajoy. Sea como fuere, 2014 será el año de Sevilla para Zoido. Centrarse en la Alcaldía en un año preelectoral se antoja clave. «Me voy a dejar la piel por los sevillanos y puedo decir con rotundidad que estamos en el camino de conseguir la Sevilla que todos queremos», dice.

El desgaste entre la ciudadanía, tras dos años, es evidente, más allá del balance de las cuentas del Ayuntamiento. Haber rebajado la deuda viva a 491 millones, recuperado los números azules o equilibrado los balances de las empresas municipales, siendo capaz de aguantar el pulso de una huelga de basuras, no tienen reflejo en intención de voto. Al contrario, la reducción de las áreas municipales, adelgazando la grasa de la administración –más allá del ahorro en personal de confianza y la eliminación de gastos superfluos– ha generado un clima de incertidumbre en la plantilla municipal. Privatización de servicios (Mercasevilla e IMD), cierre de empresas municipales (Sevilla Global o Giralda TV) y ajustes siguiendo la prioridad económica transmiten una imagen alejada del alcalde del empleo que prometió ser, aunque hayan sido decisiones marcadas por leyes del Gobierno central o derivadas del plan de pago a proveedores.

Sevilla ha superado los 90.000 parados y su mandato se va completando sin ningún proyecto propio perceptible. Zoido, nada megalómano, apuesta por la sencillez y la táctica de conservar y potenciar lo actual. Aun así, ambiciona hacer realidad la Zona Franca en el Puerto, contando con una iniciativa privada cuya contribución permanece en el aire (los presupuestos de la Junta son un ejemplo del problema de la falta de inversiones).

La primera gran medida «popular» ha sido rebajar los impuestos a los sevillanos, que pagarán casi 34 millones menos en 2014. «El mayor descenso de la democracia», repite. La devolución de los avales de los aparcamientos no construidos por el anterior Gobierno a los vecinos también le permitirá ganarse simpatías. Todo ello aderezado por una constante presencia en la calle, donde a pesar de todo Zoido mantiene su carisma merced a la cercanía en el trato y la «pasión» que demuestra por Sevilla. Han sido muchos los proyectos desbloqueados y las reivindicaciones históricas abordadas, pero se le exige en base a sus promesas. Y fueron muchas.