Un consejero llama «matones» a los miembros del PP y evita rectificar

Un debate anodino sobre el caso de los ERE fraudulentos a pesar de las graves revelaciones conocidas tras el levantamiento del secreto de sumario. Pero el clima se disparó cuando el consejero de Economía, Empleo e Innovación, Antonio Ávila, subió a la tribuna para ejercer el turno de réplica. Dirigiéndose al parlamentario del PP Rafael Carmona, que anteriormente le había dicho que si quería entrar en cuestiones personales, podían entrar, citando a José Caballos, Ávila señaló que amenanzas, «ninguna». Seguidamente cargó la descalificación de la polémica: «Para matones, ya estamos acostumbrados en la derecha y nos sobra».

Inmediatamente el portavoz parlamentario del PP, Carlos Rojas, se puso de pie en su escaño para solicitar la palabra por alusiones. El presidente, Manuel Gracia, dejó continuar a Ávila, pero al final de su intervención le dio la oportunidad de rectificar, eliminando la descalificación del diario de sesiones. Evitó hacerlo: «Si hubiera dicho unas palabras que afectaran a la honorabilidad del grupo parlamentario popular las retiraría».

No es la primera vez que este mismo insulto es proferido por dirigentes del Partido Socialista, teniendo además amparo por parte de los tribunales de Justicia. El ex vicesecretario general del PSOE, Luis Pizarro, llamó al ex presidente del PP-A, Javier Arenas, «matón de discoteca». El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) rechazó en 2010 una demanda contra la protección al honor presentada por Arenas. El Alto Tribunal avaló el insulto señalando que la expresión formaba parte de la «contienda política», donde «la libertad de expresión goza de mayor blindaje frente a reclamaciones judiciales».

La expresión gusta entre las filas socialistas. En otra ocasión, fue el diputado Javier Barrero, en plena polémica por una agitada moción de censura que desalojó al PP de Gibraleón, el que acusó, también a Arenas, de ir a Huelva como un «matón de barrio» para crear desorden.

El resto del debate transcurrió con otra temperatura. Ávila volvió a levantar la estrategia de defensa habitual. Defendió la colaboración y rápida actuación de la Junta, minimizó el escándalo –existían «ciertas debilidades» en el procedimiento que fueron aprovechadas por algunos– y aludió a escándalos que sacuden al PP. El caso Gürtel fue el más repetido por Ávila, pero también citó el Palma Arena y hasta el Prestige.

El diputado popular Rafael Carmona insistió en que después de dos años de instrucción judicial no se ha producido ninguna dimisión –se la pidió directamente a Griñán, que estaba ausente del debate– ni nadie ha asumido responsabilidades. «¿Qué tiene que suceder para que dimita alguien?», preguntó.