«Vale»

“Se va Maíllo al monte, a la soledad sagrada de los pueblos, a la sabiduría de la sombra y la cal en las paredes”

Se va Antonio Maíllo al monte, a la soledad sagrada de los pueblos, a la sabiduría de la sombra y la cal en las paredes, a dar clase de latín en Aracena. La noticía rasgó la tarde de domingo pasado cuando el «teletipo» –perdonen la nostalgia–, apareció tibio en las redacciones. Detrás del parlamentario queda un profesor que no puede más con la salsa en la que flota la política andaluza, ese Mar de los Sargazos en donde hasta estar callados cuesta un mundo. «¡Silencio, señorías!». Cuántas veces lo habrá escuchado Maíllo en su escaño, como el escolar brillante ante la reprimenda del maestro a su compañeros ruidosos. «¡Silencio!». Mucha inmadurez y maneras de matón de recreo para esa «rara avis» del comunismo a la andaluza. Volver a las aulas, a las traducciones, a la juventud por estrenar, al miedo a los exámenes; la clase y la pizarra reavivan la sangre, tonifica la moral, reparan la biología. Podría haberse quedado como la sombra de Teresa Rodríguez en ese «mix» donde se perdió la buena Izquierda Unida que se comió Podemos, pero viendo el panorama, mucho mejor diccionario, carretera y manta. Poner tierra de por medio para buscar el silencio y tranquilizar el cuerpo. Podrá exclamar frente a los pupitres aquello del «decíamos ayer...» en el reencontrarse con su mundo de clásicas, mientras sigue la senda de los pocos sabios que en el mundo son. Volverse a casa, a su casa, es un lujo del que no todos los «políticos profesionales» pueden presumir, y menos con la unanimidad en el cariño durante la despedida de todo el arco parlamentario. ¡Milagro! No ha habido fisuras con él. «Se va Maíllo», repetida la frase como el eco, multiplicada por el vacio existencial en el que se encuentra la izquierda andaluza: la esposa de «Kichi» de baja y con la mente concentrada en derribar los cimientos del caserón de Galapagar. Susana Díaz, harina de otro costal, dirige una formación alejada de la realidad del «proletariado», sus esfuerzos se concentran en la reconquista del sistema clientelar perdido mientras le sacan los colores en cada Consejo de Gobierno. «Horror vacui» frente a la reacción conservadora. Se va Maíllo, ¡«beatus ille»!