Valencia

Vidas que importan

La Razón
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Un encargo de la superioridad sacó el jueves a este servidor de ustedes de su rutina entre el Mundial y el periodismo de salón, al que impera regresar con urgencia. Querían los jefes una nota colorida sobre los desembarcos de inmigrantes en la costa gaditana y hasta Tarifa nos llevaron los amables consejos de la Cruz Roja, valga el plural para consignar que venía Manolo Olmedo con su hábil máquina de retratar, que captó la imagen terrible que ilustraba la portada del domingo. En efecto, un hombre murió a nuestros pies (y otros dos al día siguiente y un sinnúmero cada mes en travesías casi suicidas) sin que el cable de agencia que consignaba el suceso hallase hueco ni en el más modesto de los digitales, mientras sonaba una atronadora trompetería mediática para saludar el gesto propagandístico del Aquarius. Ayuntamientos, diputaciones, comunidades autónomas, sin distinción del color de su mandarín, e incluso el gobierno francés se dan empujones para aparecer en la foto de esta subasta de subsaharianos: 629 tengo, oiga, que me los quitan de las manos... Asquerosa pornografía sensiblera. Un operativo de más de 2.300 personas, ¿quién paga la convidá?, esperaba el domingo al buque en el puerto de Valencia, mientras el puñado de funcionarios (policías, guardias civiles, personal sanitario o de Salvamento Marítimo, entre otros) y voluntarios de las oenegés repartidos por las playas andaluzas son desbordados por obra y desgracia de la racanería de quienes deben proveerlos de medios. «Black lives matter», gritan los negros estadounidenses ante cada episodio de violencia policial contra los de su raza. A este lado del Atlántico, nos importan algunas, según haya o no opciones de exhibir la bondad en el próximo telediario. Cuando la cámara se apaga, querida progrez narcisista, siguen llegando.