Visiones de la «capital del mundo»

Enriqueta Vila analiza en su nuevo libro la génesis y el funcionamiento del Consulado de Sevilla y la ciudad que creció al calor del comercio con las Indias

La americanista Enriqueta Vila, ayer en la presentación de su nuevo libro
La americanista Enriqueta Vila, ayer en la presentación de su nuevo libro

Enriqueta Vila analiza en su nuevo libro la génesis y el funcionamiento del Consulado de Sevilla y la ciudad que creció al calor del comercio con las Indias.

El comercio con las Indias era tan intenso en la Sevilla del siglo XVI que la Casa de la Contratación se había quedado pequeña y los mercaderes hacían sus tratos en las gradas de la Catedral, provocando el enfado de los canónigos. Por este motivo, se creó en 1543, a través de una real disposición, el Consulado o Caja Lonja de Mercaderes, una institución mercantil que empezó siendo un tribunal y luego se convirtió en el lugar donde se concentraba el poder. La americanista Enriqueta Vila recoge en su nuevo libro, «El Consulado de Sevilla de mercaderes a Indias: un órgano de poder», editado por el Instituto de la Cultura y las Artes de Sevilla (ICAS), la génesis de este organismo, su evolución y la Sevilla de la época, que entonces «era la capital del mundo».

Vila recuerda que, años más tarde, Felipe II visitó la ciudad y la institución se hizo con una parcela que pertenecía al Real Alcázar. Es en ese lugar donde Juan de Herrera –el arquitecto del Escorial– proyectó el majestuoso edificio que hoy alberga el Archivo de Indias. «El Consulado empezó a funcionar como un órgano judicial para dirimir los pleitos entre los comerciantes», sostiene Vila, aunque luego se convirtió en una sede administrativa, financiera y gremial. Su órgano rector estaba integrado por un cónsul, dos priores y seis consiliarios.

Todo ello en una ciudad que «se abría al mundo» y en la que empiezan a instalarse colonias de extranjeros. «A finales del siglo XVI tenía más de 100.000 habitantes. Se movía mucho dinero, que no quiere decir que tuviera mucho dinero», puntualiza Vila, además de recordar que los primitivos comerciantes «seguían comerciando, pero sus hijos se ennoblecieron y compraron casas y se hicieron rentistas». La americanista no ha querido hacer un libro de investigación al uso, sino una obra enfocada al gran público. «Los historiadores tenemos ese hándicap. También tenemos que hacer libros que se lean fácilmente».